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Una publicación de la asociación SER

El futuro puede ser peor que el Covid-19 (si no hacemos algo)

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Pablo Najarro Carnero

Lo que han visto los ojos del mundo, lo que hemos visto los peruanos desde febrero de este año, a causa del Covid-19 nos debería provocar miedo para el futuro, mirándolo de aquí a unos 30 o 50 años.

Una pandemia desequilibró tanto a los países poderosos así como a los países pobres o en vías de desarrollo, como el nuestro.Un descalabro total. Desesperación. Estado de negación a la realidad. Frustración. Estrés. Estado de control militar policial para contener a los desesperados. Ruina de las empresas. Distancias sabidas u otras que existían pero se negaban.

Un Estado – como todos los del mundo – que no se abastece para controlar el azote viral. Los que tenían ciertas reservas van aprovechando la oportunidad. Ley de oferta y demanda. Cosas que no encuentras para vivir con lo mínimo. El miedo y la incertidumbre reflejados en cada rostro. Buscando culpables en otros. Gente que muere y de las cuales no puedes despedirte. Pero el que sí puede despedirte es tu jefe “sin dudas ni murmuraciones”.

De la pandemia estamos a un paso del pandemónium. Entramos a un estado de descontrol total del Estado. Estamos en un estado democrático pero el gobierno decide sobre la vida y la muerte. Ni para reclamar.

Paradoja: La economía y un virus deciden quien vive. Es la ley de la jungla. Vivimos la ley perfecta de la oferta y la demanda. El que tiene recursos económicos, el que tiene un sueldo seguro, el que tiene cierto poder tendrá más oportunidades de salir vivo de ésta. Volvimos a la ley de Darwin. Sobrevive el más fuerte. El que más se adapta. Nadie pidió esta selección natural de la especie, pero se dio y aquí estamos.

Me recuerda a la película Mad Max alucinada para el 2021 ¿Cómo será cuando no haya agua? ¿Cómo será pagar por el aire que respiramos? ¿Cómo será cuándo no haya comida? Cómo será cuando las enfermedades sean más, y peores?

Tomás Moro (1516) imaginó un estado utópico, pero esto es al revés. Es la distopía del futuro. ¿Hay qué decirlo? ¿O estamos siendo negativos en este momento en que se necesita ser optimistas? ¿A mal tiempo, buena cara?

Si vamos a seguir con un orden mundial que privilegia el “cada uno baile con su pañuelo”, el futuro es sombrío. Lo que estamos viviendo hoy es un terrible futurible filosófico. Si así respondimos hoy a esta pandemia, con todo lo que tenemos y sabemos. ¿Cómo responderán nuestros hijos de aquí a treinta años? Porque lo más seguro es que muchos no estaremos para verlo.

De lo dicho, es urgente promover con nuestros mayores esfuerzos a un nuevo orden social que tenga como objetivo único el bien de cada ser humano, esté donde esté.

El sistema económico neo liberal nos ha mostrado su verdadero rostro. Todo lo dicho es poco, pues habría más que decir. No creo que nadie quiera de nuevo lo mismo.  Tenemos que buscar un organismo que vea por el bien de todos. La ONU ya nos mostró que no sirve para nada.

Necesitamos un estado que cuide a su gente. Un estado que vea por la educación y la salud, por el trabajo solidario y que pague lo justo. Una economía social de mercado en donde la riqueza de la naturaleza llegue a todos por igual. Donde se negocie con justicia para el que vende y para el que compra. Un lugar que no sea la Pangea, sino la Utopía de Moro o La República de Platón.

Necesitamos un nuevo arbiter mundi que asegure el bien común. Un nuevo orden. Una persona o institución que vaya buscando eliminar las asimetrías sociales excluyentes y criminales, que sólo valora al que más tiene. Es ahora o nunca.