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Una publicación de la asociación SER
Licenciado en Filosofía por la PUCP. Especialista en conflictos sociales con interés en temas de reconocimiento, filosofía política e interculturalidad. Melómano.

El miedo en el conflicto

¿Cuántas veces nos ha costado reconocer el sentimiento de miedo en nosotros? Quizás esta emoción no sea la más simpática en la naturaleza humana. Pero por las razones que expondré, sí es un factor importante a tener en cuenta para el análisis de la conflictividad social.

En los conflictos socioambientales que registra la Defensoría del Pueblo, una de las causas que los genera es el temor [o miedo] a la contaminación. Y esta usualmente se le atribuye a las empresas que explotan los recursos naturales. Por consiguiente, la percepción de los ciudadanos sobre estas actividades suele expresarse en el miedo y determina casi siempre las formas de relación con este tipo de inversiones. Y en estos casos lo usual es la desconfianza y el rechazo.

Como lo señalamos en un artículo anterior «la percepción es uno de los primeros pasos para conocer el mundo». Pero si este conocimiento es originado por el miedo, existe la posibilidad de que, al expresarse en la conflictividad social, su gestión enfrente un enorme reto. La intensidad del miedo en los conflictos sociales es un indicador de cuánto se ha hecho por explicar -por ejemplo, qué es real o no respecto a determinadas inversiones mineras- la supervisión y atención que hace el Estado ante hechos de contaminación, etc. Pero vayamos por partes.

La filósofa Martha Nussbaum en su libro La nueva intolerancia religiosa, plantea un análisis muy interesante sobre el fenómeno del miedo en la realidad humana. Así como el miedo puede ser una fuente de comportamientos «inestables o erráticos», la ausencia del mismo puede producir «desastres sociales». Imaginemos a un Estado enteramente “miedoso” de sus ciudadanos. Las decisiones que se tomen en torno a ellos procurarán mantener a raya cualquier expresión de supuesta amenaza que afecte, por ejemplo, el normal desempeño de la gobernabilidad. Por esa razón, se justificará el empleo de recursos legales como los estados de emergencia, detenciones, censuras, etc.

No obstante, si ese mismo Estado careciese de miedo, expresado en una excesiva confianza en la naturaleza humana probablemente, como señala Nussbaum, se cometería «ceguera ante los verdaderos peligros e incapacidad de protegerse a sí mismo y a los demás». Porque, seamos francos, sin las sanciones que imponen el Estado usando los recursos de la ley, como por ejemplo el ejercicio del monopolio de la violencia, ¿todos los ciudadanos se comportarían civilizadamente? Me permito dudarlo.

Esta duda nace cuando descubrimos que los justificados miedos de las poblaciones son usados perversamente por políticos, dirigentes sociales, empresarios y por algunos agentes del Estado quienes esperan alcanzar el éxito de sus intereses particulares. Pensemos en los discursos homófobos de algunos políticos. O cuando se azuza a poblaciones en contra de algunas empresas, como una forma de chantaje para lograr fines egoístas. O también al ahondar el miedo de los inversionistas en contra de las comunidades andinas o amazónicas, acusándolas de revoltosas o “antimineros”.

Ahora bien, ¿por qué es tan fácil generar miedo y usarlo en contra de los intereses del bien común? O, en todo caso, ¿por qué es tan difícil lograr superar los miedos en las personas?

La autora citada afirma, basándose en investigaciones biológicas, que el miedo es un factor muy difícil de desaparecer una vez establecido en el comportamiento humano. Principalmente porque no requiere reflexión o un pensamiento elaborado. Esto que ella llama la «percepción apresurada». Es reactivo e instintivo, principalmente cuando debe responder ante aquello que «amenace el bienestar y la supervivencia humana».

No es difícil, pues, comprender que las reacciones de las personas, de forma individual o en comunidad, sean exageradas y prime lo irracional porque justamente responden a situaciones irreflexivas. Y en consecuencia, como afirma Nussbaum, el engaño supera los obstáculos y logra así asentarse como una verdad en nuestras relaciones humanas. Anticiparse a la desinformación que promueve el miedo con datos claros y oportunos le resta ventaja a quienes usan los miedos como verdades que justifican la intransigencia y luego la violencia.

Por esto, teniendo en cuenta la experiencia de los últimos años de conflictividad social en el país, es indispensable ejercer la prevención como metodología transversal en las relaciones entre los ciudadanos, Estado y empresas que permita despejar cualquier miedo que alimente la distorsión de la realidad y luego la desconfianza.

En conclusión, es aconsejable no subestimar el factor miedo en el fenómeno del conflicto social. Hacerlo puede que no logremos cohmprender y explicar sus verdaderas causas, alejándonos de las decisiones que permitan superar sosteniblemente los desencuentros y dudas entre las empresas, ciudadanos y el Estado.