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Una publicación de la asociación SER
Historiador

El “Perú chicha” de Dorian Espezúa

Rubén Dorian Espezúa Salmón (Puno, 1967), es un conocido crítico literario y profesor universitario (en San Marcos y la Villarreal).  Ha publicado en marzo de este año un excelente libro que he tenido la suerte de leer en estos días.  Con el título de ‘Perú chicha: La mezcla de los mestizajes’ (Lima: Planeta, 2018), y en poco más de 190 páginas, disfrutamos de una fascinante serie de “relatos que tienen de autobiografía, testimonio, ensayo, entrevista, crónica o cuento… todos los relatos son transcripciones metaforizadas de la realidad” (p. 7).

Lo que el autor llama la cultura “chicha” es producto de la experiencia de los migrantes rurales y provincianos en la Lima de la segunda mitad del siglo XX, especialmente de sus descendientes urbanos de primera y segunda generación.  Es un desarrollo cultural abierto a adoptar, adaptar y apropiarse de todo aquello que satisfaga las necesidades de una creciente y variada población neo-urbana, ansiosa de alcanzar una modernidad en sus propios términos, a través de lo que Espezúa califica de un “mestizaje de mestizajes”.  Es un modo de vida urbano-marginal --o “emergente”, según algunos-- que se ha desarrollado también y en paralelo en el resto de las ciudades del país.  En palabras de Espezúa:

“Se trata de una cultura viva que algunos se niegan a aceptar como su cultura, puesto que la denominación no les gusta o porque ven sus propias prácticas culturales como degradantes.  Lo mismo pasó con los términos ‘cholo’, ‘mestizo’ o ‘indio’ con los que nuestra “sociedad” nunca se identificó o tardó mucho en identificarse.  ¿Qué nombre le ponemos a una cultura que rompe con la oposición andino-costeño e integra lo selvático?  ¿Cómo llamamos a la cultura que integra y se vale de todo para sobrevivir en medio de fuerzas que luchan por desaparecerla?  Hay evidentemente una cultura nueva de ancestrales raíces que se desarrolla en un espacio nuevo que rompe las clásicas oposiciones binarias con las que hemos reflexionado nuestra peculiar formación cultural y social.  Esta cultura popular nueva a la que llamamos chicha es urbana-marginal o rural-urbana; surge como consecuencia de las migraciones internas y externas de los diversos grupos culturales que conviven en nuestro país” (p. 47).

¿Cómo surgió esta nueva cultura urbana en la capital y en las demás ciudades de nuestro país? ¿Y por qué insistir en bautizarla con el nombre de “cultura chicha”, nombre que hace referencia a una tradicional bebida de maíz fermentado y a un género musical particular, pero que también tiene usos y connotaciones peyorativas?  Espezúa argumenta:

“No se puede explicar la cultura chicha sin la modernización del país.  Es más, una de las características de la cultura chicha es su apropiación de la tecnología… articula muy bien la tradición y la modernidad, el pasado y el presente con proyección al futuro, las lenguas nativas con las lenguas metropolitanas” (p. 73).  “Lo chicha en el Perú es el resultado de las migraciones internas y del choque frontal entre las vertientes occidentales [o europeas] de la cultura y las vertientes andina, amazónica, asiática y negra.  El término ‘chicha’ designa en el Perú al nuevo rostro sociocultural emergente y mayoritario producido por esas migraciones internas.  Nació en los llamados pueblos jóvenes o en los asentamientos humanos donde se instalaron los migrantes provenientes del interior del país, pero luego se extendió a casi todos los rincones del Perú.  Los pueblos jóvenes y los asentamientos humanos produjeron (tomando como base tradiciones milenarias propias de las culturas andinas y selváticas como el ‘ayni’ y la ‘minka’) una cultura nueva, joven, vital y más solidaria denominada cultura chicha.  No puede ser designada de otro modo porque las otras denominaciones como la cumbia ahuainada, el huaino moderno, la música tropical andina, la tecnocumbia, la música costandinamazónica se refieren a las manifestaciones musicales que constituyen una faceta de lo chicha.  Lo mismo sucede con los términos: cultura de los sectores C y D o de nivel socioeconómico bajo, la cultura informal o cultura combi [que] son diversas denominaciones de orden socioeconómico, y lo mismo pasa con lo huachafo, que hace alusión a lo estético” (p. 76).

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El libro de Dorian Espezúa es producto de más de una década de reflexiones por parte del autor.  Un primer ensayo, con el título en forma de pregunta, “¿Cultura chicha?”, fue publicado en el año 2008.  La línea argumental central de ‘Perú chicha’ ya se encuentra esbozada en este primer trabajo.

El libro se divide en diez secciones.  Las dos primeras ubican al autor en Puno en 1970 y en Ciudad de Dios, en el “Cono Sur” de Lima, en 1971, y reflexionan sobre la propia experiencia migrante de Espezúa.  Las otras ocho secciones, no llamadas “capítulos” sino “paraderos”, discuten al “sujeto chicha”, la “arquitectura chicha”, la “economía chicha”, la “comida chicha”, la “vestimenta chicha”, la “música chicha”, la “gráfica chicha”, y, finalmente, la “literatura chicha” (cabe resaltar que ésta última, según el autor, aún no existe, aunque se sugiere que quizás ya tengamos algunos poetas que habrían empezado a expresar en una novísima línea de creación literaria la vivencia de los hijos y nietos de los migrantes iniciales).

Cada una de estas diez secciones incorpora, en un lenguaje trabajadamente ágil y pulidamente accesible, breves pero fascinantes historias de vida de personajes migrantes llegados a Lima desde las décadas de 1950 y 1960, así como de sus descendientes nacidos en la capital, fruto de la reunión de estirpes originarias de diversos pueblos y provincias de todo el Perú.  El balance entre análisis y generalizaciones, por un lado, y de entrevistas y concisas narraciones personales, por el otro, es uno de los logros a destacarse del libro.

No se incluye, sin embargo, una sección de conclusiones, o de “proyecciones” de las riquísimas ideas y ejemplos que se nos presentan, ni tampoco una guía bibliográfica mínima, que ayude al curioso lector o lectora a seguir avanzando en el intento de comprender el complejo y fascinante país del que formamos parte.  Algunas ilustraciones o fotos hubieran reforzado los argumentos y alucinantes ejemplos que el autor comparte con sus lectores en base a entrevistas a diversos migrantes e hijos y nietos de migrantes en Lima.  Si llegara a haber una segunda edición de este libro que lo merece, ojalá pudieran añadirse estos detalles no menores que aquí reclamamos.

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¿Cuáles son las repercusiones de este proceso de migración masiva y de creación de una nueva cultura urbana, no sólo en Lima sino en todo el Perú urbano de la segunda mitad del siglo XX?  Espezúa explica: “Las fiestas chicha no son fenómenos aislados que se dan solo en las ciudades costeras; también se dan en ciudades de la sierra y selva del Perú; tampoco se manifiestan solo en los ámbitos urbanos donde se asentaron los migrantes porque los espacios rurales también reciben influencia de los que regresan trayendo elementos culturales que se integran a lo local.  El crecimiento vertiginoso de Chimbote o de Lima en la costa tiene su correlato en el crecimiento vertiginoso de Juliaca o Huancayo en la sierra y el crecimiento rápido de Pucallpa o Tarapoto en la selva.  La cultura chicha ha transformado el rostro sociodemográfico del Perú y la música chicha está imponiendo su ritmo en todos los lugares del vasto y rico mundo andino.  Chicha es el nuevo rostro social y cultural de nuestra nación en formación” (p. 145).

¿Y sobre la literatura chicha?  Dice el autor: “Lamentablemente, la literatura chicha todavía no se ha manifestado plenamente porque ningún escritor se reconoce como chicha, porque nadie quiere o puede aún escribir un texto con sensibilidad chicha y porque pocos quieren leer un texto chicha.  En buena cuenta, nuestra creación literaria y nuestra crítica tienen que ser chichas si es que quieren ser originales y representativas… haciendo un ejercicio de futurología, creo que el día en que se publique un texto chicha…, que sea leído por la mayoría de los peruanos que reconozcan en él su mundo y su vida materializada con palabras escritas por un escritor con mentalidad y sensibilidad chicha, estaremos frente a la aparición de un clásico de la literatura peruana contemporánea” (p. 180).

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Solía haber un curso universitario llamado “Realidad Social Peruana”, en el que los estudiantes debían leer dos o tres libros clásicos para entender el Perú del siglo XX: ‘Apogeo y crisis de la República Aristocrática: Oligarquía, aprismo y comunismo en el Perú, 1895-1932’ (1979), de Manuel Burga y Alberto Flores Galindo; ‘Clases, Estado y nación en el Perú’ (1978), de Julio Cotler; y ‘El ocaso del poder oligárquico: Lucha política en la escena oficial, 1968-1975’ (1977), de Henry Pease.

Creo que sería muy bueno que en las universidades peruanas, si todavía se dictan cursos de ese tipo --pensados para proporcionar a los jóvenes estudiantes algunas herramientas conceptuales que les ayuden a entender el país “hirviente de estos días”--, ‘Perú chicha’ de Dorian Espezúa Salmón formara parte de esas lecturas y discusiones.

 

Dorian

 

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Referencias:

Dorian Espezúa Salmón, "¿Cultura Chicha?", Casa de Citas (Lima), año 3, no. 5, 2008, pp. 34-42.  Versión del blog Migraciones: <http://migraciones-migraciones.blogspot.com/2008/06/cultura-chicha-dorian-espeza-salmn.html>

Reseña: "Perú chicha" de Dorian Espezúa, por Paulo Piaggi, en REDLITPERU, 9 de mayo, 2018. <https://redliterariaperuana.com/2018/05/09/peru-chicha/>

 

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