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Una publicación de la asociación SER

El problema de fondo es la corrupción empresarial

Sí, mi postura es que todo este quilombo internacional que le pega fuerte al Perú, no es más que un tema de “corrupción empresarial”, adoptada de manera progresiva por las grandes corporaciones como un método válido, en el mundo liberal empresarial, para colocar sus inversiones.  La técnica institucionalizada de corrupción de Estados que tenía Odebrecht, con funcionarios especializados, y sistemas administrativos, financieros y contables estructurados,  no es una innovación de esta empresa, sino una lógica bastante conocida e incluso tiene correlación con otros mecanismos, algunos legales, como los lobbies empresariales directos con los Estados, no solo para viabilizar y colocar inversiones, sino para determinar el contenido de las leyes . 

Sí, así funciona el mundo empresarial y muchos gobiernos han aceptado entrar en su lógica, incluso algunos sin reproche moral, tras las pulcras justificaciones que el empresariado y sus emisarios exponen para persuadir de la conveniencia de adoptar un mecanismo como éste.  Es decir, la corrupción entra a estos espacios con la elegancia y el decoro que caracteriza a un personaje de cuello y corbata que representa a prestigiosas firmas, y los gobernantes la aceptan tras autoimponerse el conveniente convencimiento de que todos ganamos con ello, incluso el país que se ve beneficiado de grandes obras, y porqué ellos mismos no.

Sí, el gran problema lo han generado los poderosos actores del gremio empresarial, gremio que hoy juega al “muertito” o mira desde el balcón la ejecución, bien merecida por cierto, de quienes creyeron y se beneficiaron de sus tentadoras propuestas.  Marcelo Odebrecht ya está en su mansión instalado cómodamente, obligado solo a abrir la boca para que los más débiles lleguen a la cárcel. Interesante ¿no?

Mientras tanto, en nuestro país, el máximo representante de los grandes empresarios,  el cuestionado Roque Benavides, aparece por momentos tratando de defender la teoría del debido proceso para sus amigos y homólogos, minimizando el involucramiento de los gobernantes como errores de comunicación. Por lo demás la consigna parece ser perfil bajo por el momento, para evitar no solo la honda expansiva, sino que alguien ponga el ojo a su gremio.

Aparentemente al interior del empresariado todo parece transcurrir con normalidad, aunque debe cundir algo de pánico, que no es conveniente  mostrar.  Hoy por ejemplo licitan en medio del terremoto por corrupción,  un mega proyecto minero como Michiquillay, sobre el cual ya pesan denuncias de corrupción promovida en el seno de las comunidades con el uso de su nueva metodología llamada “fondo social adelantado” que se ensaya en este proyecto. 

A pesar del ello se han visto obligados a suspender hasta el próximo año, 20 de febreo del 2018, el mega proyecto minero como Michiquillay, sobre el cual ya pesan denuncias de corrupción promovida en el seno de las comunidades con el uso de su nueva metodología llamada “fondo social adelantado” que se ensaya en este proyecto.

Y eso ocurre porque a las practicas empresariales y sus mecanismos promotores de corrupción, nadie le ha puesto los focos de manera concreta y directa aún. Y ese es el problema de fondo.