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Una publicación de la asociación SER

El referéndum, la desigualdad de género y el financiamiento político

Por: Alejandra Fuentes y Ana Lucía Nuñez

En medio de una crisis política y la campaña navideña, como ciudadanía debemos acudir a votar el 9 de diciembre para aprobar o desaprobar cuatro reformas constitucionales: (1) la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura, (2) la bicameralidad, (3) la no reelección de congresistas y (4) la regulación de aportes a partidos políticos. Tomar una decisión en un contexto así es difícil y confuso, sobre todo porque sus implicancias están alejadas de nuestro día a día. Sin embargo, estas reformas contienen más que solo una excusa del Ejecutivo para obligarnos a madrugar el domingo 9 a las 8 de la mañana.

Dada la coyuntura de desigualdad y violencia de género que se vive en el Perú (aunque haya dejado de estar en el centro de atención debido al tema Fujimori), nos parece importante reflexionar sobre estas reformas en el marco de dicha lucha, particularmente por la implicancia de la regulación de aportes a organizaciones políticas en la participación política de las mujeres. Según Flavia Freidenberg, es crucial observar en este tema si las poblaciones vulnerables se ven beneficiadas de este tipo de reformas (2018). De esta manera, se debería repensar el impacto que tendría esta reforma en las mujeres que participan en política.

Si bien el Estado Peruano ha suscrito a un conjunto de acuerdos y normas internacionales que promueven la participación y representación política de las mujeres, estos espacios de participación se ven obstaculizados por distintos factores que pasan por estereotipos de género y acoso político. El acceso al dinero en una campaña política no es impermeable a los factores estructurales que afectan a las mujeres día a día, los cuales podrían dificultar el acceso al dinero de las mujeres en la participación política.

Sobre la propuesta del Ejecutivo, esta tiene como objetivo asegurar que “las organizaciones políticas estén obligadas a rendir cuentas sobre sus ingresos y gastos (...) Los aportes deben recibirse a través del sistema financiero, conforme a ley. Los aportes no declarados por las organizaciones políticas se presumen de fuente prohibida”[1]. En concreto, se busca evitar que las organizaciones políticas reciban dinero ilícito, que puede ser escondido en aportes no recibidos a través del sistema financiero o que no son reportados. Si bien esta postura frente al financiamiento es válida, dados los antecedentes nacionales, es necesario pensar cómo se posicionan las mujeres frente a esta reforma, como hacen otros países en América Latina[2].

En general, la propuesta no aborda el tema de género en absoluto, por lo que ignora factores que afectan la participación política de la mujer. Existen, particularmente, dos temas que la propuesta ignora y valdría la pena tomar en cuenta. En primer lugar, la erradicación o disminución del acoso político. En un estudio realizado recientemente (Cueva, Pinedo y Rivas, 2016), se demostró que 26.4% de las candidatas encuestadas (533 mujeres) manifestaron haber sido afectadas por actos de acoso político[3]. ¿Cómo puede ayudar el financiamiento en ese sentido? Según Freidenberg (2018), en algunos países que otorgan financiamiento público contemplan una perspectiva de género, obligando a los partidos a distribuir los ingresos, de tal manera que se otorga una cantidad al fortalecimiento del liderazgo de las mujeres, dentro y fuera de sus campañas. Por lo tanto, se podría destinar también una parte a este tema.

En segundo lugar, tradicionalmente, la administración del dinero ha sido un deber del varón, y por lo general en el espacio de las organizaciones políticas esto no ha sido una excepción. Según la encuesta Roles y Violencia de Género del IOP (Instituto de Opinión Pública)[4], realizada en Perú, al 2015, más del 30% de la población considera que el hombre es quien debe traer el dinero a la casa, mientras que la mujer debe quedarse cuidando de su hogar. Asimismo, la administración del patrimonio familiar es gestionada por hombres en un 64% (al 2012). ¿Qué nos asegura que esta “tradición” no se replique en el espacio de la participación política? Precisamente, un estudio de IDEA y Transparencia revela que los partidos les dan más espacio a los candidatos. Esto se observa en el caso de Perú Posible, en donde “(...) pese a llevar en sus listas al Congreso a un número importante de candidatas este partido solo dio acceso en la franja electoral a sus candidatos” (Dador y Llanos, 2007)[5]. Así, observamos que los mecanismos estatales fallan cuando se quiere dar representación a todos los candidatos y candidatas. De esta manera, otorgar un “piso” a las candidatas previene estas situaciones, porque “iguala la cancha”.

En suma, las distintas barreras para las mujeres, como el acoso político y la distribución de los roles de género al interior de las organizaciones políticas,  o la falta de oportunidad brindada a las mujeres al momento de distribuir el dinero generan una brecha abismal que impiden la equidad. La regulación del financiamiento político se presenta como una ventana de oportunidad para lograr erradicar las diferencias entre hombres y mujeres al participar en política. Por ejemplo, en Portugal[6], se establece una penalidad de acuerdo a la cantidad de candidatos. De esta manera, si más del 67% de candidatos son varones, pierden el 25% del financiamiento, que puede disminuir de acuerdo a cuántas candidatas más tengan. De esta manera, su desempeño en las elecciones previas (en cuanto a la cuota de género) determina cuánto se le asigna. Esta es una gran alternativa para incentivar una mayor equidad en la participación de la mujer.

Es así como los distintos problemas que se generan a raíz de la desigualdad en el acceso a dinero de las mujeres en la política genera consecuencias que no son ninguna novedad. Sin dinero, no se ganan las elecciones, y si las mujeres no son autoridades electas, la foto de los resultados de las elecciones regionales y municipales 2018 (ocho mujeres a nivel provincial y 81 a nivel distrital) se seguirá repitiendo. Es necesario que se aborde el tema de manera urgente en la propuesta del Ejecutivo. Existen muchas preguntas sin resolver aún: ¿qué mecanismos podemos utilizar para fiscalizar la equidad en el uso del financiamiento público? ¿quiénes toman las decisiones la distribuir el dinero? Atenderlas es una de las claves para el éxito del financiamiento público a partidos políticos. Por ahora, queda esperar a que esta reforma se ponga en práctica y estar atentos y atentas a cualquier desvirtuación de su sentido.

 

Alejandra Fuentes y Ana Lucía Núñez forman parte del programa Comadre Jr. de la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.

 

[1]             Proyecto de Ley N° 3186/2018-PE (Propuesta original del Ejecutivo): http://www.leyes.congreso.gob.pe/Documentos/2016_2021/Proyectos_de_Ley_y_de_Resoluciones_Legislativas/PL0318620180809.pdf

[2]             ¿Cómo consiguen dinero las candidatas para sus campañas? Repensando la interacción entre política, dinero y género en América Latina: https://reformaspoliticas.org/wp-content/uploads/2018/06/Freidenberg-y-Mu%C3%B1oz-2018-Mujeres-Politica-y-Dinero-Reformas-Pol%C3%ADticas.pdf

[3]             Para más información sobre esta investigación, ver: http://www.noticiasser.pe/opinion/mujeres-y-politica-una-aproximacion-la-figura-del-acoso-politico

[4]             Roles y Violencia de Género. Informe comparativo 2012 y 2016: http://iop.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/2016/11/PPT-Reporte-Genero-IOP-PUCP.pdf

[5]             Jennie Dador y Beatriz Llanos. La equidad esquiva. IDEA Internacional y Asociación Civil Transparencia 2007. https://www.idea.int/sites/default/files/publications/la-igualdad-esquiva-una-mirada-de-genero-a-las-elecciones-generales-2006.pdf

[6]             Magnus Ohman. (2018). Gender-targeted Public Funding for Political Parties. IDEA Internacional. https://www.idea.int/sites/default/files/publications/gender-targeted-public-funding-for-political-parties.pdf