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Una publicación de la asociación SER
Periodista y escritor. Con interés en la política y la cultura

El viaje de Javier Heraud: memoria política

Mejor nombre no le pudo poner Javier Corcuera a su documental sobre Javier Heraud. Este trabajo cinematográfico no solo lleva casi el mismo título del libro con el que el artista ganó el premio El Poeta Joven del Perú, en 1961. También hace honor al recorrido de las diferentes facetas que expresó en apenas veintiún años de vida.

El viaje de Javier Heraud recorre la corta e intensa vida del joven poeta. Ariarca Otero, sobrina nieta de Heraud, se interna en su existencia a través de diálogos y viajes. Conversa con familiares y conoce a amigos, compañeros de estudios, poesía y militancia política; a gente que lo admiró. Visita los lugares en los que estuvo. Observa fotografías, lee cartas y tiene acceso a objetos celosamente custodiados por quienes ahora los poseen. Desde lo más profundo hasta lo más insignificante, desde lo material hasta los sentimientos, todo ello expresa el compromiso inmenso que Heraud tenía con el pueblo del Perú. Y que sobrepasaba cualquier aspiración personal.

En el inicio de este documental se conoce a un Javier juguetón, alegre y romántico. Esa faceta contrasta con el rostro serio que muestra en sus fotografías. También se explora al Javier observador, virtud revelada en sus cartas y poemas, sumamente descriptivo. Se conocen los amores y las amistades del precoz poeta, quienes lo recuerdan con nostalgia.

Pero también se conoce el lado político de Javier Heraud. Contrario a la edulcoración que suele hacerse con los artistas comprometidos, Corcuera profundiza en este aspecto. Y lo pone en relieve en los diálogos de Ariarca con Arturo Corcuera, Leoncio Bueno y Héctor Béjar, personajes de diferentes generaciones y distintas vocaciones. Ambos no solo conocieron la calidad humana de Heraud, sino que vieron de cerca su entrañable amor por el país, que lo llevó a emprender una gesta revolucionaria, dejando atrás comodidades a las que tenía acceso un joven de su clase social, tradicionalmente conservadora en política y guardiana del statu quo.

En esa aventura en la selva peruana, Heraud no solo militó y convivió con sus compañeros combatientes. También fue admirado por algunos habitantes de Puerto Maldonado. Anónimos y desconocidos, estos conocieron al joven intrépido en su accionar y cuando tuvieron que auxiliar al héroe caído. La desproporcionada balacera que sufrió no solo dejo diecinueve marcas en su cuerpo, sino que impactó a toda una ciudad. Uno de los testigos entrevistados en el documental afirma que la muerte de Heraud no fue en vano. “Desde entonces muchas cosas cambiaron socialmente aquí. Javier no fue un héroe: fue un símbolo”, refiere el testimonio.

Como ocurrió con Retablo, el documental de Corcuera viene siendo espectado masivamente en las pocas salas que las multinacionales de esta industria ceden mezquinamente. En las redes sociales se ha revelado que en varias oportunidades no han podido obtener entradas, al haberse agotado estas. Esto demuestra que no se trata solamente de un mero apoyo al cine peruano, sino que hay un interés genuino por producciones que exploran la realidad nacional. Esa realidad que no fue indiferente para la generación de Heraud, así como para las anteriores a él y las que llegaron después. Y que trataron de cambiar el Perú en épocas de una terrible represión hacia todo lo que sea contrario al statu quo. Antes era con balas, muerte y destierro; hoy es con cárcel para los que protestan.

El trabajo de Corcuera también demuestra que un género como el documental puede tener un buen marco de público y significar una alternativa de trabajo para futuros realizadores. Es una respuesta al cine hegemónico de buenos contra malos, de superhéroes poderosos y de Avengers.

El viaje de Heraud revela también que, en el gran amigo, amoroso hijo, hombre romántico, aplicado estudiante del Markham, joven profesor de inglés del Guadalupe, precoz poeta y valiente guerrillero, se expresa esta definición de José Carlos Mariátegui: “La revolución que será para los pobres no solo es la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del espíritu”.