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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

Elecciones: Vencedores y derrotados

Foto: RPP

Nota de cierre: al momento de entregar el presente artículo, nos enteramos de la detención preliminar de Keiko Fujimori y 17 miembros de su partido Fuerza Popular. Aunque justicia y elecciones no tienen ni debieran que ir juntos, tal parece que ahora confluyen para desencadenar el fin de una época política. Pero como en la política peruana nada muere, sólo se transforma, esperemos a ver el resultado de este desenlace (esta prisión preventiva tiene, por lo pronto, ya un efecto moral).

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En estas elecciones regionales y municipales, tres partidos resultaron perdedores: Fuerza Popular y Peruanos por el Kambio (PPK), además del APRA que tuvo una muy baja participación. Es decir, ni el partido de gobierno, ni el principal grupo de oposición, que controla la mayoría parlamentaria, además del partido histórico (APRA) lograron triunfo alguno. No ganaron ninguno de los gobiernos regionales; ninguna de las alcaldías provinciales o distritales. Esto marca una elección muy particular.

Si bien es cierto que, en principio, podría sonar más extraño en el caso de un partido en el gobierno,  Peruanos por el Kambio fue construido en torno a la imagen del ex presidente Pedro Pablo Kuczynski. Con su renuncia, el actual gobierno no parece dedicado a fortalecer lo que terminará siendo una “marca” política devaluada ( que quizás sea ofrecida luego a un mejor postor).

En cambio, el fujimorismo aparecía hasta el 2017 como la fuerza más consistente en el tiempo. En efecto, a pesar del conflicto entre hermanos que ya marcaba el centro de la tensión política, según Ipsos (El Comercio, 15/10/2017), en octubre del año pasado, Keiko mantenía su relativamente sólido apoyo, más de un tercio del electorado (37%). Su hermano, por su parte, alcanzaba un 33%. De no haberse ahondado las diferencias entre ellos, además de haber seguido la línea destructiva del último año, el fujimorismo pudo haber alcanzado una fuerza probablemente difícil de superar al 2021. Pero las propias decisiones de su lideresa, incluyendo su victoria pírrica sobre Kuczynski, la han llevado a un despeñadero electoral.  Una situación que parece muy difícil de revertir. Nade hubiera previsto este nivel de debacle hace un año. Ni siquiera hace unos pocos meses.

Obviamente, además del comportamiento del propio fujimorismo y su lideresa (exhibición de autoritarismo para una mayoría ciudadana), ha habido otras circunstancias. Sin duda, el destape de las escuchas de los “Cuellos Blancos del Callao” puso al descubierto las entrañas de la relación mafiosa entre integrantes del poder judicial, el ministerio público y políticos –particularmente, actores claves de la cúpula fujimorista-. Ya no se trataba sólo de personajes “pintorescos”, no merecedores del cargo de congresistas (como Yesenia Ponce), sino de las venas abiertas de una red mafiosa. Verla y olerla destapó la supuesta indiferencia ciudadana.

El APRA, acaso previendo la debacle, tuvo una participación mínima en la contienda electoral. Sin embargo, esa participación mínima no hace menos su derrota.

Estos resultados en rojo de los partidos que dominan la política formal se da a pesar de las últimas reformas que, nuevamente, cerraban y han hecho aún más restringida la competencia (siempre con el argumento manoseado de “fortalecer partidos”).

Esto pone en cuestión varias cosas. Obviamente, ya sabemos de la fragilidad de nuestro sistema de partidos. Pero, además, comprobamos nuevamente que esas leyes restrictivas no van a ayudar a asegurar electorado a los partidos que controlan la política formal. Siempre habrá “partidos marca” o “vientres de alquiler”. No es lo ideal, pero a eso se ve forzado a elegir el electorado. 

Ciertamente, partidos que están en la política formal, pero no han sido tan salpicados de la intensa guerra entre los Poderes del Estado –léase, Acción Popular y Alianza para el Progreso, incluso el municipalista Somos Perú- se han visto beneficiados. No necesariamente por victorias netamente partidarias, sino gracias a invitados o “nuevos militantes” que se han visto forzados a usar esa “marca” para competir.

En el caso de Acción Popular hay victorias de ambos tipos. Por un lado, de candidatos claramente orgánicos, como Mesías Guevara en Cajamarca. Pero también de los otros, invitados. El nuevo alcalde de Lima, Jorge Muñoz, es un militante de apenas 1 año. Y que a lo largo de la campaña se cuidó de usar la “marca” de Acción Popular (la lampa), pero sin mucha participación de sus líderes más conocidos. El gesto de recibir los resultados en su hogar, con su familia, para luego acercarse al local partidario da un indicio del orden de referencias. De todos modos, no deja de ser un mérito del partido de Paseo Colón. Tendrá que saber administrar bien estos resultados.

Pero también hay los otros partidos “etiqueta”, ganadores en diferentes ámbitos, en especial en los distritos y algunos gobiernos regionales. “Etiquetas” o “marcas” que, sabemos, son sólo un bien a ofrecer al mejor postor. Porque tenemos un sistema electoral que, con sus restricciones, le han puesto ese valor. “Marcas” que el electorado debe aprender a contrarreloj y que en muchos ha generado desconcierto, y no pocos errores a la hora de votar.

En todo caso, estos resultados electorales muestran como grandes perdedores a los partidos que dominan el escenario electoral. Y nos señalan que tratar de cerrar el margen de competencia a otros no los va a seguir ayudando. Sólo hace más precario el juego.