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Una publicación de la asociación SER

Entre sentimientos y razones

El hombre que vende diarios y revistas en el kiosko de la esquina es un cincuentón avanzado, con el cabello enteramente cano. Es una persona que lee lo que vende, de tal manera que muestra las páginas de los diarios que a él le interesan. Conversa todo el día con los otros vendedores y con sus clientes, la mayor parte de ellos, empleados públicos. A veces, lo he visto argumentar y discutir sobre la noticia política del día. Se puede decir que pertenece a esa franja minoritaria de los electores informados e interesados en la política. A él no le pasan gato por liebre. El lunes, al paso lo provoqué diciéndole: “Ahora, no habrá más remedio que votar por PPK en la segunda vuelta” y él me contestó firme, sosteniéndome la mirada: “De ninguna manera, yo no votaré por alguien que es lo mismo que Keiko Fujimori, prefiero no ir a votar”. Y dio una larga argumentación enumerando la actuación histórica de PPK y lo que él califica “el daño que ha hecho al Perú” desde los dólares que le devolvió a la IPC hasta el contrato del gas de Camisea que él mandó redactar, para terminar con la actuación de su vicepresidenta en la tragedia de Bagua.

El caso del vendedor de diarios, votante de la izquierda, no es el único y se repite en el resto de capas sociales. Hay sentimientos encontrados de alegría por lo logrado y de frustración por las derrotas y traiciones acumuladas y por lo que pueda suceder el 5 de junio. Hay la expectativa de mantener pura a la criatura que están viendo nacer. Están hartos de votar por el mal menor. Están dispuestos a esperar el futuro cercano  y no contaminar esa criatura con pactos o alianzas que mañana más tarde, antes de fortalecerla, la destruya. Hay también un sentimiento de legítimo orgullo: “Ahora que digan que no existimos”.

Semejantes deben ser los sentimientos de los 'ppkausas': Una alegría inmensa por haber pasado a la segunda vuelta y la confianza de que se cumplirá la profecía de las encuestadoras y se conviertan en gobierno, un gobierno que los salve de los indecentes y corruptos y frene a una izquierda creciente. Pero pasado el momento de la euforia, en estos momentos deben estar haciendo cálculos y ven que las cifras no cuadran, que necesitarán los votos de las izquierdas si quieren ser gobierno. Algo de eso ya ha anunciado PPK al manifestar su deseo de visitar a Goyo Santos en el penal de Piedras Gordas y recibir su desaire. Y vienen entonces los sentimientos de frustración y de rabia, la sensación de que empiezan a oír las crepitaciones de un pan que en la puerta del horno se les quema.

Otro es el clima en las tiendas fujimoristas. El sabor de la victoria se está tornando en rictus de soberbia, al conocer que no necesitarán de ningún pacto en el Congreso gracias a la mayoría absoluta que han ganado. Han cosechado el trabajo de diez años y el apego de su candidata al guión de moderación que le presentaron sus estrategas. Bien podría mantener el número de votos válidos que obtuvo y ganar en la segunda vuelta, si aumentaran el número de ausentes y de votos blancos y nulos.[2]

¿Puede ganar PPK? Las cifras no cuadran. Al 94.33% de las actas contabilizadas (las demás observadas están siendo procesadas por el JNE), Keiko Fujimori acumula 5’880,589 votos válidos y PPK 3’099,378, mientras las izquierdas suman 3’375,436. Si, como pedía desesperadamente el spot de la víspera, votaran por PPK todos los pepecistas, barnechéveres, toledistas, apristas, oliveras, guzmanistas, acuñistas y solidarios, no podría recoger los 3 millones de votos que necesita para ganar, si no consigue los de las izquierdas. La izquierda ha dejado de ser una fuerza marginal a la que se puede ningunear. Esa debe ser su primera lección del 10 de abril.

Algo de eso debe haber evaluado rápidamente PPK, acostumbrado a negociar acuerdos con competidores ágiles y ambiciosos. Pero los negocios son distintos de la política. Si va a visitar Cajamarca deberá cumplir primero con los rituales de la cortesía y el respeto que se acostumbra en toda sociedad civilizada. Rituales del respeto y la acogida que Barnechea no supo cumplir. Pero, sólo si va a ofrecer compromisos concretos a favor del pueblo cajamarquino y sus distritos campesinos (esos programas de electrificación y de agua potable y saneamiento rural de los que ha hablado, aparte de cancelar el proyecto Conga), podría obtener alguna respuesta. Pero ahí están los ayacuchanos, huancavelicanos, cusqueños, huanuqueños, apurimeños, tacneños y puneños a los que se puede acercar con ofrecimientos concretos que sus técnicos podrán procesar, partiendo todos del reconocimiento y respeto que merecen y no el ninguneo clasista y centralista que padecen. Ahí en el trapecio andino están las comunidades golpeadas por la violencia y que reclaman las reparaciones ofrecidas. Están las familias de los desaparecidos, está la miseria no atendida. Aunque no todo se reduce al dinero, sí se necesita inversión pública que complemente la inversión minera, pero a la vez se necesita una autoridad enérgica frente a la gran empresa que desprecia a las autoridades locales y regionales. Eso haría disminuir los conflictos sociales y tal vez le haría cosechar votos en estas semanas cruciales.

PPK tiene la tarea de demostrar no sólo que tienen experiencia de gobierno, sino que los liberales son diferentes de los fujimoristas, que su concepción de la democracia se basa en el equilibrio de poderes y en la igualdad ante la ley y que no apoyaron la guerra sucia contra el senderismo. Y para los que creen que PPK es lo mismo que Keiko Fujimori, sepan que el asesor espiritual de la candidata, el cardenal Cipriani, fue recibido en medio de una fría indiferencia a la hora que fue a votar en un colegio ppkausa de San Isidro. Tuvo que hacer su cola en pie de igualdad, como cualquier ciudadano. Algo estamos avanzando como sociedad democrática.

¿Cómo mantener la perspectiva estratégica y ser eficaces en el corto plazo, se preguntarán los dirigentes izquierdistas, si esos acercamientos y ofrecimientos se produjeran? ¿Cómo consolidar ese sentimiento izquierdista sabiendo que sus votos no les pertenecen? ¿Cómo mantener la unidad frente a fuerzas centrífugas como la que representa Martina Portocarrero? ¿Cómo combinar independencia de clase con el realismo que permita avanzar y conquistar logros, como el que logró Andrés Alcántara para todos los fonavistas del Perú, la organización que sostiene a Goyo, junto con el MAS de Cajamarca? Las izquierdas necesitan acumular para el 2021, pero pueda que antes se apruebe nuevamente la reelección. Deben meditar en que el pueblo necesita victorias en el próximo quinquenio y no sólo luchas infructuosas para seguir creyendo en los dirigentes de las izquierdas.


[1]Y aunque sea poco elegante autocitarse, debo recordar que en octubre del 2014 escribí, refiriéndome a Fuerza Popular: “Un partido sin un núcleo duro, sin una minoría fanática y audaz no llega muy lejos, aunque tenga mucho dinero y mucha publicidad… Gracias a Shakespeare, sabemos que, desde los tiempos de JulioCésar, el poder sólo es conquistado por minorías audaces. Minorías que usan la violencia o las urnas electorales, ayudadas por encuestas y la televisión,  el azar o la inmovilidad de otros, como bien hemos aprendido los peruanos en las últimas décadas. Las que mejor logran conectar con la racionalidad popular, mezcla de pensamiento mítico, necesidades inmediatas y esperanzas, opresión, ingenuidad y fugaz rebeldía, parecen ser las que alcanzan los favores de los electores”. (¿Vitamina K forte? Noticiasser.pe del 22/10/2014)

[2]El promedio del ausentismo de los electores ha subido del 15.1% de las tres elecciones anteriores, al 17.77% del domingo, seguramente descontentos con los vaivenes del JNE y las sanciones a Guzmán y Acuña. La tendencia histórica es que en la segunda vuelta crece el ausentismo en 1%, en promedio y podría aumentar con la indiferencia de los votantes izquierdistas. En cambio, los votos nulos y blancos han sumado 3’004,844 (16.91%) el pasado domingo. En la segunda vuelta del 2001 se mantuvieron casi iguales y bajó a la mitad en las elecciones del 2006 y 2011.