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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Antropología con Mención en Estudios Andinos. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

¿Es pertinente un aeropuerto en Chinchero?

La eventual construcción de un nuevo aeropuerto internacional en Cusco ha estado por mucho tiempo en la agenda de la población local y del gobierno nacional, debido principalmente a la importancia estratégica de esta ciudad en relación al turismo, y a la saturación de su actual aeropuerto. Sin embargo, el proyecto del aeropuerto de Chinchero se hizo conocido para la opinión pública nacional por el hallazgo de irregularidades en la licitación, otorgada a una empresa con sospecha de vínculos con el renunciante presidente PPK, e indicios de corrupción en proceso de investigación judicial.

De modo similar al caso de la construcción de la carretera interoceánica, la polémica por el aeropuerto de Chinchero se ha centrado en los posibles actos de corrupción y no en la trascendencia o pertinencia de la obra. En el caso de la Interoceánica, el tiempo puso en evidencia su escaso impacto en el desarrollo sostenible del sureste peruano andino y amazónico, y más bien hoy se constata el gran riesgo que ha generado en los prístinos ecosistemas tropicales, al facilitar el tráfico ilegal de coca, madera, fauna, flora y oro. En el caso del aeropuerto de Chinchero igualmente poco se ha dicho sobre su conveniencia, sus posibles efectos sobre la población, y los impactos en el patrimonio cultural y natural de Cusco.

Si solo atendemos el respaldo popular al proyecto del aeropuerto podríamos concluir que es acertada la decisión de construirlo, dado que responde a un largo anhelo de la ciudadanía cusqueña y del sur peruano, en su permanente lucha contra el centralismo limeño. Sin embargo, esas aspiraciones no deberían ser el sustento para darle luz verde a una iniciativa que puede tener grandes repercusiones negativas para un verdadero desarrollo territorial en Cusco.

Diversas observaciones se han planteado respecto a la inviabilidad de un aeropuerto en Chinchero. Entre los puntos de preocupación se encuentran las condicionantes de su emplazamiento entre grandes montañas (nevado Pumahuanca y cordillera nevada del Chicón, ambos a más de 5,300 msnm), que obliga a una ruta única de despegue y de aterrizaje, y al sobrevuelo sobre territorios vulnerables. Para algunos especialistas ello puede ocasionar daños irreparables al patrimonio cultural y natural de la zona: Parque Arqueológico de Ollantaytambo, el Santuario de Machu Picchu y el Parque Arqueológico de Choquequirao. Además, el trazo de la pista de aterrizaje del aeropuerto cruza nada menos que las rutas del Qhapap Ñan o camino Inca.

De acuerdo al antropólogo Pablo del Valle, el EIA no es fiable respecto a la calidad y competencia profesional de sus autores. El estudio hace una insuficiente valoración de la biodiversidad del paisaje natural de Chinchero en fauna, flora, cuerpos de agua, entre otros. Se subestima la existencia de importantes humedales protegidos por la Convención RAMSAR, que forman parte de los sistemas cíclicos de aves migratorias, y de lagunas como Piuray con sus canales subterráneos, que son fundamentales para el abastecimiento de agua potable en la ciudad de Cusco. La afectación de estos recursos hídricos significaría un impacto irreparable para la población urbana cusqueña. Tampoco se considera factores sustanciales para garantizar la seguridad de los pasajeros en los vuelos, como los efectos posibles de algunos tipos de viento, y la actualización de estudios meteorológicos obsoletos. Tampoco se ha tomado en cuenta las eventuales implicancias del cambio climático en un aeropuerto de altura.  

Otro aspecto preocupante es la proyección de más de 6 millones de personas dispuestas a visitar sitios ya vulnerables como Machu Picchu, que según UNESCO ya sobrepasó su capacidad de carga, poniendo en riesgo su denominación de Patrimonio de la Humanidad. Similares efectos de saturación tendrían otros atractivos turísticos y culturales (Choquequirao, Ollantaytambo, Valle Sagrado). La visión rentista convencional que caracteriza las actividades turísticas en el Perú ya está bastante reñida con la conservación, gestión sostenible y puesta en uso social del patrimonio cultural y natural. El proyecto del Aeropuerto de Chinchero podría acentuar esa realidad.

A todo ello habría que añadir la preocupación por la inserción de Chinchero en la infraestructura aeroportuaria regional. Según información de las propias autoridades y del mismo exministro cusqueño Rogers Valencia, el proyecto en este emplazamiento mantendría la relación subordinada al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima para los grandes vuelos internacionales; se mantendría el cuadro de vuelos del actual aeropuerto Velasco Astete, con una mayoría de vuelos desde la capital y algunos vuelos directos a capitales sudamericánas. Es decir, las mismas limitaciones, pero con la desventaja de una mayor altura (400 metros más elevado: 3,780 msnm).

Finalmente, sin un proceso de planificación regional que ponga el marco adecuado para la inversión aeroportuaria, cabe considerar el riesgo de acentuar las desigualdades territoriales, entre las provincias cercanas al Valle Sagrado (y aquellas otras beneficiadas con la actividad gasífera y minera), y algunas -siempre postergadas- provincias de zonas altas.

No se trata de negarle a Cusco y al sur peruano el derecho de contar con un aeropuerto internacional de calidad. Se trata de exigir algunos fundamentos básicos, como que el aeropuerto forme parte de un proceso de desarrollo territorial sostenible para el Cusco, con una gestión ordenada, planificada y descentralista a todo nivel;  que contribuya a construir contrapesos de crecimiento equitativo, empezando por la construcción de un terminal aéreo transoceánico que verdaderamente supere la dependencia respecto a Lima.

Un nuevo aeropuerto en Cusco debiera ser la oportunidad para lograr un intercambio cultural, turístico y comercial directo entre el sur y el mundo; cuyos beneficios se extiendan hacia otras zonas surandinas que también poseen una enorme riqueza cultural. Esta infraestructura debiera erigirse sobre un territorio donde los impactos ambientales, sociales y culturales sean mínimos y donde se cuente con medios de mitigación o adecuación sustentados, que no provoquen pasivos irreparables para los paisajes andinos, los monumentos arqueológicos y las poblaciones locales.

Aún hay tiempo para la rectificación. Las inversiones realizadas y los compromisos asumidos responden a un manejo nada transparente de las autoridades nacionales y se encuentran en investigación. La población cusqueña no debe ver cancelada sus aspiraciones. Pero, si ya se esperó buen tiempo y el actual proyecto aún no se inicia, es momento de concertar una nueva propuesta realmente descentralista de terminal aéreo para Cusco y el sur peruano.