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Una publicación de la asociación SER

Ese no es mi Decenio

El 1 enero del 2015, comenzó un nuevo año gregoriano, y con él un gregoriano ‘Decenio internacional de los afrodescendientes’, que busca “promover el respeto, la protección y la realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de los afrodescendientes, como se reconoce en la Declaración Universal de Derechos Humanos; promover un mayor conocimiento y respeto de la diversidad de la herencia y la cultura de los afrodescendientes y de su contribución al desarrollo de las sociedades; aprobar y fortalecer marcos jurídicos nacionales, regionales e internacionales de conformidad con la Declaración y el Programa de Acción de Durban y la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, y asegurar su aplicación plena y efectiva”[1].  Un decenio que no es mi decenio.  Un respeto que calla e invisibiliza a posiblemente, más de la mitad de las poblaciones afrodescendientes, no es mi decenio.

Tuve la oportunidad de encontrarme y sumarme a la experiencia y surgimiento de la red ‘Mujeres afrodescendientes, presencia y palabra’; la cual partió desde la indignación que generó la ausencia de representantes afronegras de América Latina en las actividades oficiales del XIII EFLAC, realizado en noviembre del 2014, en Lima. Lo que fuera la iniciativa de algunas de las afronegras presentes se convirtió, rápidamente, en la apropiación de un espacio de encuentros, reconocimientos y reivindicaciones; desde los diferentes cuerpos, voces y miradas, los diálogos surgieron entre las diferencias y las semejanzas, desde nuestros propios territorios y experiencias, con la emotividad de quien conecta en la palabra de la de otra, quienes representan a mujeres nuevas, de las que poco ha versado la Historia.

(...) La negra, mujer nueva,
Avanza en su ligera bata de serpiente.
(…) Ella trae la palabra inédita,
El anca fuerte,
La voz, el diente, la mañana y el salto.[2]

Desde estas voces surgió el Manifiesto de mujeres afrodescendientes, presencia y palabra en donde, más allá de la acción y reacción que generó en el XIII EFLAC, nos planteamos un reto y compromiso que relacione nuestras prácticas con los discursos y viceversa. La reivindicación de nuestros cuerpos, nuestras historias y memorias, para enfrentar todas las naturalizaciones de la “violencia contra nuestros cuerpos, nuestra piel, cabello, deseos, memorias y sueños, señalándonos como extrañas en los territorios en los que vivimos y aportamos a su desarrollo.”[3]. Y es este reto y compromiso el que plantea el repensar, resignificar y apropiarnos de un Decenio que violenta en su silencio la presencia y aportes de las mujeres afrodescendientes. Un Decenio que olvida a las mujeres, niñas afronegras que aún se niegan a mirarse y descubrirse afros, negras; en las que empezaron a mirarse y descubrirse, en las que maquillan sus reflejos, en las que se les violenta su afrodescendiencia por no ser ni sentirse “negras, como ellos querían”[4]. Y ese no es mi Decenio.

Pero el camino se traza y se abre para quienes quieran recorrerlo, recorriendo en otro decenio, desde el cual asumir el reto y trazar nuestros caminos rompiendo con los tutelajes. Diez años para versar desde nuestros cuerpos, nuestras memorias, desde nuestras diversidades, nuestros territorios y espiritualidades, desde nuestras palabras y presencias, nuestras libertades y ritmos que van trazando, recorriendo y forjando encuentros, que van trenzando memorias desde nuestras abuelas y se entrelazan en los recuerdos que serán versados,  entre juegos, en el reflejo de la mirada de una niña, que tras diez años, se narre “rotundamente libre, rotundamente negra, rotundamente hermosa[5].


[1]http://www.un.org/es/events/africandescentdecade/programme.shtml

[2]Nicolás Guillén, Mujer nueva.

[3]Manifiesto de mujeres afrodescendientes presencia y palabra – Lima, 24 de noviembre.

[4]Victoria Santa Cruz, Me gritaron negra.

[5]Shirley Campbell, Rotundamente Negra.