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Una publicación de la asociación SER

Fiesta del Sol con una reivindicación real

Foto: Jero González

Luz Abarca

La fiesta del Sol tantas veces esperada por cusqueños, cusqueñas y visitantes de diferentes lugares finalmente llegó a este Cusco mágico, ombligo del mundo, que sabemos por la historia que fue el centro  del Tahuantinsuyo, hoy en confinamiento.

Reinstaurada hace 76 años, como parte de la resistencia y reafirmación de la identidad de nuestra cultura frente a ciertas imposiciones, hemos crecido sintiéndonos únicos/as; sin embargo muchas veces esta idea ha ido trastocando el verdadero sentir y fin de reconocimiento de la cultura, y quizá nos ha alejado del real significado de la fiesta del Sol en nuestros pueblos.

¿Qué es lo que le debemos hoy a nuestros pueblos? Pues una justa reivindicación y reconocimiento a los ocho pueblos originarios andinos y amazónicos de nuestra región, que por más de un siglo y medio han permanecido invisibles a los ojos de los gobiernos republicanos.

A pesar que, de acuerdo al Censo del 2017, el 76,1%  de la población de la región del Cusco se auto identificó como parte de la población indígena, es decir 722 982 personas, y el 55,1% tiene como lengua materna una lengua indígena (632 215 personas), hace falta repensar el concepto que tenemos respecto a nuestra cultura, más allá de ponernos nuestros ponchos y polleras para saludar a nuestra tierra como muestra de amor e identidad con el legado tangible del que nos sentimos orgullosos. Es un deber reafirmar el trabajo con el legado cultural inmaterial y mantener el compromiso y empatía desde los espacios en los que nos encontremos con quienes viven aún en condiciones de pobreza y son mayoritariamente indígenas. Hace falta reconocernos en nuestra diversidad, no como un acto de supremacía sino de construcción ciudadana e inclusión del cholo/a, de lo indígena que se ha venido haciendo presente como agente de cambio. Y un paso para ello es trabajar en el respeto a la cultura e identidad y la autonomía de cada pueblo. Solo un mestizaje que recupere lo indígena permitirá construir una sociedad justa y equilibrada, como señalaba el sociólogo  Gonzalo Portocarrero.

Traigo esto a colación porque actualmente en  algunos espacios de decisión de la capital cusqueña sobre temas de políticas públicas, lastimosamente aún se discute y se decide sobre cómo debería ser el desarrollo de nuestros pueblos sin la participación de los mismos. Se siguen manteniendo ideas sesgadas por parte de personas que creen saberlo todo, y reproducen comportamientos iguales a los que ocurren en la capital de nuestro país, donde opinan y discuten cómodamente desde sus escritorios.

Es en dichos espacios donde se ha empezado a censurar el movimiento campesino y sus luchas pasadas para alcanzar su liberación de las condiciones inhumanas y de esclavitud. Dicho sea de paso, este 24 de junio es el día del campesino, y no menos importante el día del indio, por lo que vale la pena recordar lo que decía Saramago: “sólo quien no es pueblo ignora lo que son necesidades”. En esta tierra cusqueña nos hace falta mirarnos con ojos y actitudes de igualdad, pero siendo conscientes que tener ojos no es suficiente porque no somos nosotros quienes hemos padecido las injusticias y que hace falta pisar tierra firme, hace falta ser pueblo.

Que este año nuevo andino nos permita reflexionar y repensar nuestros horizontes para el desarrollo de nuestra región con esa fuerza mágica, majestuosa, milenaria que caracteriza a este pueblo.