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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

Futbolistas: rebeldía contra viejos demonios

Foto: Facebook - Mesa de Género de la Cooperación Internacional en Perú

Recuerdo una foto en una revista de los años 70: un “Cholo” Sotil exitoso, enmarcado por dos bellas mujeres. Ninguna de ellas tenía pinta de vivir en El Porvenir, el barrio donde se crio, cuando migró con su familia a Lima. Tampoco parecía, por más que sonrieran, que esas chicas vieran en él a un sex symbol. Algo impostado había en esa foto.

Recordándola, me hago una idea, nuevamente, de los insondables abismos de clase de esos años. Ciertamente, algo ha cambiado desde entonces. En las últimas décadas, varios jugadores de fútbol han logrado el éxito en el extranjero. Como recompensa individual, cada vez que llegaban al Perú, quemaban energías en las canchas de las discotecas. Jugadores afrodescendientes, como Farfán, podían satisfacer sus caprichos más lujosos, incluyendo varios autos, relojes y, por supuesto, chicas. Un ansia de lujo que, como no, los periodistas de la farándula aprovecharon muy bien. La sección deportes de los medios se convirtió en un seguimiento nocturno de los jugadores, sedientos de recompensa individual.

Una de las cosas que ha dejado el ciclo de este grupo de jugadores (dirigidos por Gareca pero no es mérito sólo de él) es una actitud distinta. Con esto no quiero idealizar comportamientos individuales. Lo que me interesa destacar son los valores alternativos que han sido reivindicados por ese grupo. Valores relacionados con la confrontación de estigmas, de discriminaciones, de actitudes violentas que varios de ellos sufrieron en su infancia. Así, nos encontramos con un Luis Advíncula cuadrando a la Policía Nacional del Perú, por un aviso racista. Y al “Oreja” Flores, declarando al New York Times que en el Perú hay discriminación de raza y de clase. Y, poco antes del mundial, el mismo Flores, junto con  Renato Tapia y Miguel Araujo participando en la campaña #AsiNoJuegaPerú contra la violencia de género. Soy testigo de la inmediata respuesta de su agente, Carlos González. Un joven empresario que, acaso por haber visto tantos chicos perderse en el Callao, cuando su padre entrenaba al Sport Boys, trabaja mucho con el entorno social de los jóvenes. Y no dudó en colaborar con aquella campaña, al igual que los propios jugadores. 

Esas actitudes son una manera de ir más allá de la salida individual. Es aceptar y encarar nuestros demonios sociales: la violencia contra madres y hermanas, alguna vez, quizás, violentadas de propia mano o por un compadre o amigo; peor aún, y más doloroso, aceptarse víctimas de la violencia contra ellos mismos, por tener ascendencia indígena o afroperuana, y además ser pobre. Esos demonios que, quizás, más de algún jugador que les antecedió quiso espantar en las juergas que, paradójicamente, quemaban sus brillantes futuros. Sacarlos fuera los ayuda tanto a ellos como al conjunto de la sociedad, donde son referentes importantes.

En el caso de la campaña contra la violencia de género, significaba también dejar de lado una falsa solidaridad, la de la manada machista. Ese silencio que en el camerino de jugadores se entendía como regla para la supervivencia de la armonía grupal.

Ahora bien, esos cambios de actitudes requieren, además de empujes sociales, de un Estado distinto. Por ejemplo, un Estado que reforme sustantivamente la tributación, eliminando exoneraciones que impiden una inversión sustantivamente más alta en la educación. Recuerdo un gráfico que el ex ministro Saavedra presentó en un seminario internacional: mostraba la brecha de inversión en educación en Perú respecto de otros países que sí han avanzado en la región. Si no superamos esa brecha, señaló –y no era pequeña- es poco lo que se puede cambiar. Entre esos países de la región, estaban los que pasaron a la siguiente ronda en este mundial de fútbol, Brasil, Colombia, Uruguay, México y Argentina. Países embarcados en un proceso serio en mejora de la educación y, dentro de ella, el deporte. Si no veamos al maestro Tabarez y su reclamo por llegar al 6% de PBI para la educación.  En todos ellos hay más canchas de fútbol, de acceso público. Todos ellos tienen universidades públicas entre las más ranqueadas de la región. Sólo con educación es posible, a largo plazo, alejar esos demonios.  No sólo bastan más fondos, estos tienen que ser expresados en una educación de calidad y con enfoques que ayuden a formar mejores ciudadanos y ciudadanas, en igualdad de género, en respeto y sin discriminación.  Sin ello, por más que alentemos cada vez más fuerte, las barreras permanecerán muy difíciles de superar.

Nos fuimos muy temprano del Mundial, pero algunas buenas lecciones nos ha dejado esta travesía.

Feminicidio