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Una publicación de la asociación SER

La cuestión de las redes sociales en los medios sociales ante la elección municipal en Lima

La falta de interés en los aparentes candidatos preferidos en la Lima del 2018 ha sido constatada en encuestas varias, hasta una semana antes de las elecciones. En las encuestas finales, publicadas una semana antes del acto electoral, aparece un quiebre en las tendencias, con un candidato (Jorge Muñoz, de AP) alcanzando una posición interesante, considerando el error estadístico. Múltiples explicaciones pueden proponerse: rendimiento en un debate, mayor atención de los votantes ante la cercanía de la elección, o simplemente una campaña que finalmente funciona.

El éxito de Muñoz, sin embargo, requiere un movimiento rápido entre los electores que no se conectan ni con la elección ni con candidato alguno: el habitual “No Sabe/No Opina” que esta vez es particularmente alto. La especulación, informada sin duda, es que algún candidato debería captar atención y con ello, adueñarse de un porcentaje suficiente de electores para así, salir elegido.

Lo interesante es el cómo. ¿Una campaña digital sería la ruta?

No es inverosímil que, en una ciudad donde 70% de la población reporta uso habitual de la Internet y donde hay más de 90% de ese porcentaje usando “redes” (es decir, Facebook), sea posible pensar en una campaña digital exitosa. Aún más, es posible pensar en una campaña digital que descanse en el boca a boca, en la difusión de un mensaje positivo sobre el candidato emergente a través de redes. Lograrlo sería un gran éxito, pero aparte de lo difícil que resulta pensar en estimar efectivamente si dicho éxito provendría de las “redes”, la cuestión más interesante que se plantearía sería como se logró saltar de red en red, quebrando el patrón habitual de circulación de mensajes en espacios como Facebook.

Pero la pregunta crítica reside en la naturaleza de las “redes” que Facebook permite. Una distinción que se pierde en el llamar, de forma poco grata, a Facebook una “red social”, cuando en realidad es un medio social. Diferenciemos: un medio social es aquel cuyo contenido es generado de acuerdo a las relaciones / conexiones que cada usuario tiene, y que refleja entonces las distintas redes sociales (el tejido de conexiones y relaciones que uno construye a lo largo de su vida) de cada usuario. Por eso, cada muro de Facebook es distinto; por eso, además, hay un sesgo de confirmación constante en la selección de contactos que uno acumula en FB: gente que piensa como uno, salvo cuando se trata de otras redes como familia o viejos amigos, que muchas veces terminan postergados porque el algoritmo de FB prioriza los contactos con los que tenemos mayor interacción (medida en “likes” y “shares”, sobre todo).

Entonces, la primera cuestión a considerar es que todos los se conectan a FB no se conectan entre sí; más bien, existe un grado de separación importante entre cada persona conectada y el resto de aquellos que viven en una ciudad como Lima. De la misma manera que cuando uno va a un lugar masivo la gran mayoría de los que comparten dicho espacio con uno nos son desconocidos, la gran mayoría de los usuarios de FB están fuera de nuestra red de contactos. No son parte de nuestra “red social”, y el hecho que usen el mismo medio que nosotros no significa realmente que reciban el mismo contenido.

Al mismo tiempo, la segunda cuestión es el problema del mundo pequeño: en base a una serie de investigaciones empíricas desde hace más de cien años, se estima que solo habría entre cuatro y seis grados de separación entre dos personas, separación que implicaría que hay mucho más contacto potencial entre redes aparentemente estancas de lo que se suele asumir. Hay entonces la posibilidad de cierta permeabilidad de las redes sociales a influencias externas, y existen puertas por donde discursos y expresiones de otras redes pueden ingresar, y estas puertas no son necesariamente las que asociamos a los medios masivos, el gran mecanismo cohesivo de la sociedad industrial, hoy en franco deterioro.

Sin entrar a discutir con detalle los elementos más complejos del problema del mundo pequeño, lo que podemos postular es que la existencia de un efecto significativo ˝en redes˝ en favor de una candidatura u otra estaría directamente relacionado con la porosidad de las redes sociales y / o la existencia de super-conectores, personas que tienen la capacidad de romper el aislamiento de dichas redes y actuar como “influencers”: no bajo la lógica comercial del termino actual, sino como influencias para lograr que ciertos discursos penetren las barreras que cada red levanta. En una lógica así, la fragmentación mediática aparente que sufre nuestra sociedad estaría en condiciones de ser derrotada y ciertos mensajes podrían circular mejor de lo que esperamos. Esto indicaría que dos asuntos complejos y preocupantes serían más manejables de lo esperado:  la popularidad de medios que tienden a crear grupos relativamente coherentes pero con poco contacto con la experiencia cotidiana, como pasa en internet en general, no impediría la filtración de mensajes desde fuera de esos grupos coherentes; y por otro lado, el grado de fragmentación socioeconómica de la sociedad peruana no impediría que ciertos mensajes sean vistos como efectivamente, de interés colectivo, y que aunque no se sienta cercanía con ciertos sectores sociales, es posible compartir una visión de interés colectivo que permita un grado de permeabilidad a mensajes persuasivos que provienen desde fuera de nuestras redes sociales.

Nada de esto se puede demostrar, no a estas alturas. Pero una linea de investigación fascinante aparece posible: si un candidato aparentemente tan alejado de la experiencia cotidiana de los limeños, sin mayor presencia mediática tradicional y sin un perfil inmediatamente cercano a más común de los limeños, logra éxito electoral rápido, ¿podrían las “redes” ser un camino para la penetración de discursos de redes distintas, a veces antagónicas? o en sencillo: ¿en realidad, el mundo de los limeños es más pequeño de lo que hemos pensado?

 

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Eduardo Villanueva: Doctor en ciencia política, profesor del departamento de comunicaciones PUCP.