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Una publicación de la asociación SER

La democracia, MOVADEF y el indulto

La agenda política de estos días, está enmarcada en la demanda del Perú a Chile por la delimitación de fronteras marítimas ante la Corte Internacional de Justicia. Sin embargo, hay algunos temas que no debemos dejar de lado, así hayan sido opacados mediáticamente por los alegatos peruanos ante los letrados internacionales. En ese sentido, centraré este breve análisis haciendo referencia a un punto tangencial que toca a dos temas particulares: Indulto a Fujimori y MOVADEF.

Es conocido que el grupo que glorifica al “Pensamiento Gonzalo” está buscando tener presencia a nivel nacional e internacional, para de esa manera ejercer presión sobre el gobierno de turno como agrupación con fines políticos a fin de lograr la tan proclamada amnistía y “defensa de los derechos fundamentales”. Desde el sector gubernamental, hubo algunas desafortunadas opiniones que sugerían que se incluya a MOVADEF en la participación de procesos electorales. ¿Puede una agrupación política que tiene como ídolo a un terrorista participar en una contienda democrática? La respuesta es simple: no. ¿Por qué? Primero porque existe un tema de concepto de “democracia” que muchos de nosotros confundimos con regularidad. Si bien la Constitución Política del Perú especifica que “no hay persecución por razón de ideas o creencias (ni) hay delito de opinión” y que “todo peruano tiene derecho a participar, en forma individual o asociada, en la vida política, económica, social y cultural del país”, la naturaleza de una organización que apoya “principios” en nombre de los cuales se han vulnerado derechos fundamentales de individuos inocentes no va de la mano con un sistema democrático. Para participar en democracia, primero hay que ser demócrata. Y eso no sólo significa elecciones libres, sino también respeto a principios que defienden derechos humanos (sino regresemos a épocas de monarquías y principados donde los individuos no eran ciudadanos sino súbditos). En ese sentido, en un sistema como tal, no se puede permitir la participación de sectores que, en nombre de la libre asociación y la libre expresión de ideologías, pretenden usar canales políticos para llegar al poder.

Segundo, imagínense que hay un grupo de individuos al que no se le ha podido probar aún algún delito relativo a violación de menores. Ellos, un día, deciden juntarse y recolectar firmas para inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones. Su motivo: llegar al poder para modificar el sistema legal y permitir la pedofilia. Su argumento central hace referencia a que en aras de la libertad individual y colectiva de asociarse políticamente y participar de elecciones y de la vida política del país, ellos están en pleno derecho de formar un partido político. ¿Es esto correcto? Pues no. Así como este aberrante caso, pasa lo mismo con el MOVADEF. Si bien a sus integrantes no se les ha probado la comisión de algún delito, la reivindicación de ideologías que hacen una maquiavélica apología directa al terrorismo (que tantas vidas, errores y vergüenzas internacionales le costó al Estado) es completamente incompatible con el orden político y democrático del país.

¿Qué debemos hacer? Como buenos demócratas, estamos impedidos de mandar a cortar cabezas. Sin embargo, podemos utilizar dos herramientas esenciales que el Estado tiene a su disposición: el ordenamiento legal y las campañas mediáticas. El primero de ellos sirve de mucho pues, a través de la ley, podemos limitar el accionar político de este grupo pro senderista. No se estarían vulnerando derechos fundamentales (como libertad de expresión), pues la libertad acaba ahí cuando se vulneran los derechos de un tercero, y su libertad ya cruzó los límites al manifestar abiertamente el apoyo y solidaridad a terroristas. La segunda herramienta sirve también de mucho. A través de diversas campañas mediáticas, el Estado podría generar conciencia nacional a aquellos individuos que aún se muestran dubitativos o no tienen ni idea de quién es MOVADEF y qué busca reivindicar (y son, en consecuencia, presa fácil de cualquier cuenta cuentos). Recordemos que en el Perú existen muchas personas que se consideran apolíticas y ven al Estado como un ente lejano y casi desconocido. En ese sentido, una buena campaña mediática nacional e internacional que refleje los intereses del Estado y de su sociedad (y refresque la memoria) sería más que adecuada para frenar el avance (ahora imperceptible pero existente) de esta asociación que se ha convertido en la piedra que hace cojear al entorno político.

Ahora, ¿qué pasa con el indulto? Siguiendo la línea democrática anteriormente propuesta y, respetando las normas establecidas derivadas de la Constitución, el indulto sólo procede cuando existe una enfermedad terminal del recluso. Esta no ha sido demostrada. Eso está más que claro. Sin embargo, uno de los temores de los que nos consideramos detractores del indulto al ex presidente Fujimori es que éste pueda volver al escenario político y reavivar aquella llama fujimorista que Keiko aún mantiene viva. Este es el punto de coincidencia con el tema MOVADEF: ¿Dejaríamos entrar bajo normas democráticas a quien ha vulnerado derechos fundamentales de individuos inocentes? La respuesta es más que obvia.

La democracia implica apertura del sistema político, pero no de una manera desproporcionada que pueda ser contaminada por individuos o asociaciones que han demostrado no tener el más mínimo respeto por las reglas e instituciones democráticas o por los derechos humanos en el pasado.