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Una publicación de la asociación SER

La derrota estratégica del fujimorismo

Los resultados de las recientes elecciones regionales y municipales confirman que el escenario central de la política nacional es Lima y no le afecta al sistema que un radical como Aduviri arrase en la votación de Puno[1], como años atrás no le afectó el triunfo del MAS en Cajamarca. Los resultados demuestran, también, que no hemos salido de la crisis de representación, pues no se perfila una tendencia política hegemónica que pueda señalar el horizonte hacia el cual deba marchar la nación. Cunde la fragmentación: han ganado partidos[2] y movimientos cascarones, pequeños caudillos, tránsfugas, improvisados que disfrazan a corruptos y pocos buenos y capaces. Seguiremos viviendo en este semifeudalismo político enredado e ineficaz. En la campaña, por ejemplo, nadie propuso reducir el poder de los alcaldes, que sí sería una reforma importante en el sistema político, de cara al combate a la corrupción, y no las que se consultarán en el referendum de diciembre.

En un Estado moderno si bien la línea editorial de los medios es el gran elector, los debates televisados entre los candidatos son decisivos para una competencia electoral, sobre todo si se tiene  electores tan volátiles en sus preferencias como los peruanos. El sorpresivo final de las elecciones municipales limeñas confirma el aserto, si no, que lo diga quien encabezaba las encuestas por largos meses y terminó tercero.

Las elecciones en un Estado capitalista moderno no son la competencia perfecta que los liberales imaginaron, porque el factor dinero de las campañas publicitarias relativizan factores tales como el carisma del candidato, las propuestas programáticas traducidas en discurso que persuada a los votantes o la organización partidaria que lo sustente. Al dinero hay que agregar el apoyo o no de los grandes medios y, aún,  la lectura que se haga de las encuestas para crear tendencias, olas de opinión que arrastren a los desinformados o ingenuos, que son los que más abundan entre los electores.

Sin el respaldo de la gran prensa y su triunfo en el debate, Jorge Muñoz no habría ganado las simpatías de los indecisos y logrado revertir la tendencia que daba a Urresti y Reggiardo como los seguros finalistas de la carrera. Según la encuestadora GFK, el 23 de septiembre, antes del debate, con el 21.2% de indecisos, Muñoz figuraba en octavo lugar con una intención de voto del 2.6% de los encuestados, aunque con el logo de Acción Popular en la cédula subía a 2.9%, pero quedaba en la undécima posición. Su ascenso relámpago sólo puede compararse con el de Fujimori en el verano de 1990, con la diferencia de que no era tan desconocido como él para las grandes masas de votantes. Un estudio de hace dos años descubrió que el 22% de los electores deciden su voto el día de las elecciones y el 17% la semana anterior[3]. Quiere decir que Muñoz ganó a la mayoría de esos indecisos e, inclusive, el voto de simpatizantes de las candidaturas de Beingolea, Velarde, las izquierdas o Salinas, que temieron que se imponga el estilo autoritario del ex ministro de Humala, aunque se presentara con un convincente discurso antifujimorista y antiaprista.

Si bien Urresti mantuvo los votos que las encuestadoras le calcularon, al parecer, la dramática lectura de sentencia que lo liberaba de una grave acusación de autoría intelectual del asesinato del periodista Bustíos, no jugó a su favor como algunos suponían, y ello hay que atribuirlo a la falta de credibilidad que tienen los jueces en el Perú, hoy más que nunca. Los resultados, de paso, tapan la boca a los malhablados que en el afán de bajarle las llantas a Urresti llegaron a sostener que la ONPE favorecería al candidato del partido del señor Luna.

El triunfo de Muñoz prueba que la dictadura del dinero no lo es todo en las competencias políticas en sociedades como las nuestras. Pero no es suficiente para probar, como quisieran otros, que el electorado optó por Acción Popular y “el Perú como doctrina” que era la frase que gustaba repetir a su fundador. Acción Popular si bien se precia de tener experiencia de gobierno atraviesa desde hace varios años una agonía por el enfrentamiento entre la tendencia que comanda Mesías Guevara, que disputará en segunda vuelta la gobernación de Cajamarca, y los herederos de los fundadores limeños que habían recurrido a Barnechea en el 2016 como tabla de salvación. Que gane algunas alcaldías provinciales no asegura su resurgimiento, hasta que no se resuelvan sus contradicciones internas, como lo hizo el PPC.

Siendo un problema importante la seguridad en las calles, la gente ha optado por alguien que no se concentra en sólo aumentar cámaras de vigilancia, comprar patrulleros y contratar serenos, sino en ver el futuro de la ciudad como la expansión de los servicios y el bienestar del que gozan los vecinos de Miraflores. De ahí el lema de convertirla en una Limaflores.

El fujimorismo ha perdido una batalla estratégica y parece que no volverá a tener el poder que tuvo[4]. Su candidato propio, un ex PPC que fungía de analista en los medios, obtuvo una diminuta votación de apenas el 2.7%. Los fujimoristas prefirieron votar por Reggiardo. Sus tres candidaturas al final sumaron el 12% de los votos válidos. En provincias sólo ha ganado las alcaldías de Huamachuco y Cutervo. En verdad, la lucha fratricida los liquidó el año pasado, pero atraviesan una agonía que no se nota porque mantienen puestos de poder. El pedido de muchos para que la votación sobre la propuesta de no reelección de los congresistas fuera tomada como una cuestión de conciencia, revela que los resquebrajamientos continuarán.

Luego de su ruptura del 2016 las izquierdas no han logrado revertir su tendencia hipercrítica y autodestructiva, que se solaza en el autoengaño de tener “la línea correcta”, lo que hipertrofia la doctrina en un mundo pragmático y con una juventud desencantada. Dos de sus facciones, las menos ideologizadas, optaron por transacciones non sanctas con el Hermanón y el aprista Enrique Cornejo. Pero al médico Cerrón le fue bien porque ganó el gobierno regional de Junín y la alcaldía de Huancayo, mientras que a los de Democracia Directa sólo les favoreció la votación en Huancabamba, Urcos y en el puerto de Ilo. A las otras dos, tener candidatos honrados tampoco les sirvió de mucho por la sombra de la cuestionada gestión Villarán pero, sobre todo, por las acusaciones de haber recibido favores de Odebrecht para la campaña contra su revocación.

Enrique Fernández Chacón, un ex obrero trotskista, ex senador de Izquierda Unida, limpio de deudas, decente, sin un mango en el bolsillo, pero leído, hizo el milagro de que hasta los dirigentes stalinistas reciclados votaran por él. En una democracia ideal donde los partidos sólo tuvieran publicidad pagada por el Estado en igualdad de condiciones, el “cochero” habría disputado la medalla de bronce. Pero no creo que sus simpatizantes chavistas y orteguistas hayan aprendido su enseñanza: “mi voto es un arma”, porque a la primera que puedan despotricarán del parlamento burgués y del electorerismo. Descuiden, terminarán como  terminó en el 2016 la ex cantante folklórica a la que le gusta el sabor de la pólvora y la dinamita, haciendo ridículas protestas delante de la ONPE rogando por sus votos.

Si a los israelitas lanzaban a David Chauca, “el Hincha Isaraelita” como candidato, otro hubiera sido su canto y otra su victoria, en este mundo videocrático. Los votos obtenidos por el FREPAP, Restauración Nacional y el giro que dio Gagó para buscar con desesperación los votos de los fundamentalistas agrupados alrededor de la consigna “Con mis hijos no te metas”, prueban que hasta ahora la sociedad limeña sigue siendo laica al momento de tomar decisiones políticas. 

El avance en la participación política de la mujer después del movimiento “Ni Una Menos” ha quedado demostrado en estas elecciones. Y aunque hubo sólo una candidata provincial, en Lima hubo más candidatas a alcaldesas que en toda la historia anterior, llegando a ser la mitad en el distrito clasemediero de Jesús María. No hubo distrito en el que no hubiera al menos una candidata. Los resultados, empero, no han sido proporcionales a esa presencia, pero eso no debe desanimar a nadie. No sólo fue su mal desempeño en el debate lo que desinfló a Ricardo Belmont, sino el activismo de los grupos feministas en las redes sociales para combatir su machismo chauvinista el que le pasó factura al candidato más mediático de todos. Esto demuestra que los medios no son sino dioses mortales, frente al potente y misterioso cerebro del votante promedio que una vez más, dio la sorpresa.

Por último, si bien seguimos siendo una republiqueta gastronómica al borde de ser un narco Estado, aun tenemos  instituciones que funcionan bien. Lástima que algunos, en el afán de bajarle la llanta al sherif, llegaron a echar sombras sobre la neutralidad de la ONPE que, a duras penas busca la estabilidad después de una dura transición, la institución ha respondido. Los chalecos azules la hicieron bien.

¿Tendrá algún efecto estos resultados electorales en las batallas que se libran contra los corruptos y sus amigos?

 

 
[1]                    Veremos si continúa siendo tan radical cuando, luego de ganar también las municipalidades de Puno y Juliaca, empiece a manejar centenas de millones de soles.
[2]                    De los 11 gobiernos regionales ya definidos Alianza para el Progreso ganó en dos: La Libertad y Ucayali; Podemos en Lambayeque; Perú Libertario en Junín y  Restauración Nacional en Loreto. En sólo 15 de las 50 provincias con mayor cantidad de votantes fuera de Lima-Callao, ganaron listas de partidos: Alianza para el Progreso en Trujillo, Pucallpa, Lambayeque, Cañete, Tingo María y Rioja. Acción Popular ganó en Jaén, Tarapoto y Chota y disputa la alcaldía en Huánuco y Paita. Podemos ganó en Chiclayo; Perú Libertario, en Huancayo; Somos Perú en Chulucanas; Fuerza Popular en Huamachuco y Democracia Directa en Huancabamba.
[3]                    “Perfil Electoral Peruano” preparado por IPSOS y el Instituto de Estudios Peruanos, por encargo del Jurado Nacional de Elecciones. Ver en https://larepublica.pe/politica/941418-el-22-de-peruanos-decide-su-voto-el-mismo-dia-de-las-elecciones
[4]                    Estaba ya redactado el artículo cuando ha ocurrido la orden de detención dictada en contra de Keiko Fujimori por el caso que investiga la Fiscalía sobre un presunto financiamiento ilegal de su campaña electoral del 2016. Obviamente el ocaso del fujimorismo se observa en lontananza.