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Una publicación de la asociación SER

La gobernabilidad no pasa por olvidar la memoria

La última exposición artística del Lugar de la Memoria (LUM) denominada “Resistencia Visual 1992. Carpeta colaborativa”, inaugurada en el mes de agosto, constituye un significativo aporte al rescate de la memoria de los hechos que hombres y mujeres del Perú vivimos como parte de una terrible y compleja historia de violencia, que debiera ser claramente visibilizada, comprendida y procesada (social, cultural, económica y políticamente), para evitar que tales situaciones vuelvan a  ocurrir.

Lo particular de la muestra es el esfuerzo de seguir generando memoria a partir de una serie de acontecimientos significativos ocurridos hace 25 años, que son presentados en 36 afiches que corresponden a igual número de artistas invitados que de manera gráfica han compartido una parte de esa historia. Otro aspecto interesante y particular de la exposición bajo responsabilidad de la curadora Karen Bernedo, es que los artistas y colectivos invitados no tuvieran comunicación entre sí para la presentación de sus aportes, mostrando diversos diseños y estilos, para expresar situaciones claves marcadas por el autogolpe fuijimorista, la captura del líder senderista y diversos eventos mediáticos muchos de los cuales son desconocidos por las generaciones más jóvenes, lo que limita la comprensión de esta reciente historia que no debiera ser negada u ocultada como pretenden algunos sectores políticos, particularmente relacionados con el fujimorismo.

Además de estos propósitos, la muestra artística permitió sin proponérselo, que el gobierno actual revele sus limitaciones en cuanto a su firmeza para deslindar con el fujimorismo, particularmente en lo que se refiere al reconocimiento de su comportamiento político y económico que forma parte de la memoria que debemos preservar. En resumen, ocurrieron hechos que señalan al Ministro de Cultura exigiendo al Director del LUM, Guillermo Nugent, que modifique la composición de la muestra, a partir de la presión ejercida por un congresista fujimorista (nada menos aquel vinculado a actividades culturales como tenor lírico), en el supuesto entendido que contribuye al odio hacia el fujimorismo. Y luego al mismo ministro pidiendo la renuncia del señor Nugent, la cual se hizo efectiva. La presión mediática de las redes sociales no se hizo esperar y la exposición se mantuvo como originalmente estaba diseñada. Finalmente, apareció un somero comunicado oficial del Ministerio de Cultura que intentó justificar su actuación, señalando que el retiro o la renuncia (como se quiera leer), del Director del LUM “obedece a un entendimiento en un clima de diálogo y consenso, de que podría haberse mellado la crucial credibilidad y legitimidad del LUM ante la ciudadanía”.

¿Qué se podría señalar al respecto? En primer lugar y comenzando con la justificación pública, pareciera que las autoridades del sector lideradas por su Ministro, se  disparasen al pie, al señalar que el respeto que se merece el LUM ante la ciudadanía estaba en riesgo y que la salida de su Director (quizás como responsable de la exposición artística) recuperaba la confianza. ¿A quién o a quienes satisfizo esa decisión política? Es bastante evidente que al Fujimorismo, cuyo constante accionar ha sido negar el valor que posee la existencia del LUM –y si pudieran, lo desaparecerían- y el rol que cumple este espacio para hacer que parte de nuestra historia no se pierda y sea mejor comprendida como componente ciudadano.

En segundo lugar, es preocupante que sean las mismas autoridades del sector quienes cedan a la presión fujimorista, suponiendo que así garantizan la gobernabilidad del país, entendida como la alianza política que necesita el gobierno actual para una administración pública menos tensa y sin las trabas que ejerce el Congreso, con mayoría absoluta fujimorista. Surge entonces la pregunta ¿es posible garantizar gobernabilidad democrática intentando negar verdades históricas? Estudiantes y campesinos torturados, desaparecidos o asesinados, violaciones, esterilizaciones forzadas, deterioro de la educación y la salud, prensa mediocre y sucia, corrupción generalizada, atentados terroristas, son situaciones mostradas en la exposición, y todas ellas se dieron, y en todas hay responsabilidades, muchas de las cuales recaen en los años de gobierno fujimorista.

Si el actual poder ejecutivo pretende construir gobernabilidad basándose en alianzas con sectores políticos que defienden un pasado que en el presente debemos superar, no podrá garantizar un buen gobierno. Y uno componente para ello, es construir y mantener nuestra memoria histórica como parte del desarrollo aun esperado por la mayoría de la población. En este aspecto no habrá necesariamente diálogos consensuados con todos y todas, dado que nos estamos refiriendo a fuertes intereses en pugna. Un buen gobierno debiera en estos momentos, y en el Perú en particular, orientarse a construir alianzas con la sociedad, a generar bases sólidas de ciudadanía, a fortalecer y recrear institucionalidad, de por sí muy frágiles, incluyendo los partidos políticos, legítimamente casi inexistentes.