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Una publicación de la asociación SER
Socióloga, analista política y de género.

La nueva gobernabilidad

PPK ha sido salvado, una vez más, por una ciudadanía que ha visto, detrás de su defensa, la defensa de las instituciones democráticas.  Una ciudadanía que en estos días ha exigido a los políticos desmarcarse de lo que era el ánimo mayoritario en el Congreso hasta hace una semana. Y es que muchos daban por hecho la vacancia. El cambio se debe a actores, como Pedro Cateriano, político que empujó para revertir la hasta entonces pasiva o poco feliz reacción del entorno del presidente, incluyendo algunos ministros que insistían en su renuncia.  O líderes y lideresas de opinión como Rosa María Palacios, pero también expertos, especialmente en materia del derecho, como Samuel Abad, revirtiendo una lectura pegada a la letra de la Constitución. Resaltando, entre otras cosas, que el derecho a la defensa y el debido proceso no son una formalidad que se puede o no otorgar, sino principios constitucionales esenciales.  Y una ciudadanía en general que, a través de las redes sociales, denunció lo que configuraba una amenaza a la institucionalidad democrática.

Tal como lo hizo en la segunda vuelta, Kuczynski, luego de una primera presentación que lo llevó al filo de la derrota, logró sacudirse y cambiar a tiempo, para la definitiva performance. Apoyado por el veterano político y abogado Alberto Borea, hizo, entre otras cosas, algo obligado en estas circunstancias: pedir disculpas a la ciudadanía.

El cambio de decisiones no ha sido fácil. Ha causado muy serias fisuras en las bancadas del Congreso.  Para empezar, la del bloque mayoritario. Un quiebre fundamental, pues ello permitirá un nuevo escenario, sin un “voto de aplanadora”. Un quiebre serio, pues habría sido Alberto Fujimori quien propició el voto disidente. A decir de la congresista Maritza García, él le llamó directamente a su celular. No es entonces, la lucha de la lideresa contra su hermano menor. Es contra su propio padre y figura fundacional del partido. Si eso se debió a una promesa de indulto, habrá que verlo en las próximas semanas. Aunque hay quien señala que también pudo ser el momento de quiebre esperado por una minoría no escuchada y mal tratada.  

Asimismo, ha sido un quiebre a la tan mentada unidad partidaria al interior del APRA. Una herida que puede configurar una disputa por el poder post Lava Jato (AG). Y dentro de Alianza para el Progreso (APP) el voto contra la vacancia de la mayoría, siguiendo a su líder Richard Acuña, le valdrá el retiro del congresista Julio Rosas. Ello les permitirá estar menos presionados por fundamentalismos religiosos. Hay restas que suman.

Y, sin duda, esta vacancia ha mostrado dos izquierdas. Una, la del Frente Amplio de Marco Arana, fiel a sus viejos lentes, que aún no parece comprender plenamente la importancia del respeto a las formas democráticas. Los mismos lentes que no les permite una lectura más crítica del régimen de Maduro. En el caso de Nuevo Perú, al final se impuso la decisión de no avalar lo que configuraba como un golpe de estado. Congresistas pro vacancia como Dammert acataron la consigna y se sumaron al retiro del hemiciclo de dicha bancada.

En suma, el Congreso se configura de manera distinta, después de la derrota de la moción de vacancia. Esto, necesariamente, conllevaría a una redefinición de la relación del Ejecutivo con el Legislativo.

Pero es también el Ejecutivo el que tiene que mirarse hacia adentro. El Presidente, a la luz de esta crisis, debería analizar con más cuidado qué le falta a su equipo, dejando el facilismo de los allegados o lo que digan estos. Si algo ha debido aprender es la importancia de la política. Una habilidad de la que carece, por lo que tiene que apoyarse en otros.

Precisamente, el Presidente podría pensar en una recomposición del gabinete con otras fuerzas políticas. Una llamada que le ayudaría a fortalecer su posición ante una situación de conflicto permanente que parece anunciar las declaraciones después de la derrota.  

En esa recomposición, sería importante que escuche a esa ciudadanía que lo ha apoyado de manera decisiva, ya sin tanta empatía, pero sí con convicción democrática.