Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

La primera generación de mujeres que estudiaron en la UNSCH

David Quichua

La reapertura de la Universidad de San Cristóbal de Huamanga en 1957 y el inicio de sus actividades académicas en 1959 marcaron un hito en la historia de la educación superior femenina de Ayacucho: una universidad de origen virreinal exclusivamente encargada en la educación de los varones pasó a constituirse en una institución inclusiva que permitió la admisión de las mujeres y su incorporación a la vida universitaria.

Desde su fundación en el año 1677 y su cierre en 1886, en medio de la grave crisis económica nacional provocada por la guerra con Chile, la Universidad de San Cristóbal fue una institución para la educación superior de los hijos de la élite regional, quienes al culminar sus estudios en el campo de la teología, arte y derecho ocupaban los principales sectores políticos y administrativos del departamento. Y desgraciadamente, a diferencia de la Universidad de San Antonio de Abad del Cuzco que admitió el ingreso de María Trinidad Enríquez en 1875 y la Universidad de San Marcos que facilitó el ingreso de Laura Esther Rodríguez en 1892, la Universidad de Huamanga tuvo una tardía incorporación de las mujeres a la universidad.   

Ante convocatoria del examen de admisión de 1959, de un total de 219 postulantes, 46 eran mujeres que deseaban continuar con sus estudios. La postulante Tula Ruth Alarcón lo solicitaba con estas palabras: “Que buscando seguir estudios en el Instituto de Educación de esta Universidad solicito a Ud. ser admitida a rendir el examen de ingreso correspondiente”.

Mujeres universidad de Huamanga

 

Las postulantes en su mayoría provenían de los colegios de Huamanga y un pequeño porcentaje de otros departamentos del Perú. Las de Huamanga habían finalizado sus estudios secundarios principalmente en el Colegio Nuestra Señora de Mercedes, es el caso de Austeberta Abarca y de Ángela Altamirano. Por su parte, Nilda Elena Atanacio Abarca de 16 años de edad postulaba al Instituto de Educación en Letras, era natural de Sicuani y había estudiado en el colegio de Nuestra Señora de Rosario de Huancayo.

Aunque en su mayoría de las postulantes eran hijas de familias huamanguinas, otras eran hijas de migrantes. Los padres de las hermanas Alarcón eran de Huamanga y vivían en el jirón 9 de diciembre. Los padres de Austeberta Abarca eran de Huánuco y vivían en la avenida Centenario, mientras los padres de Ángela Altamirano, asentados en el jirón San Martín eran naturales de Andahuaylas.

Los padres de las postulantes constituían familias de una mediana y relativa solvencia económica: eran profesionales en el campo de la educación y el derecho, mientras otros se dedicaban a la administración pública y la actividad comercial. Don Víctor Alarcón, padre de Tula Ruth y Dora Luz Alarcón, era abogado y su esposa la señora Adomilia Alarcón de 43 años de edad era “de su casa”. Don Jacinto Abarca, padre de Austeberta Abarca, de 34 años de edad se desenvolvía en el oficio de peluquero y el padre de la señorita Ángela, el señor José Altamirano Mendivil era telegrafista.

Las carreras elegidas por las postulantes fueron provisionales puesto que una vez admitidas y al cursar el Ciclo Básico que ahondaba en diversos temas de la ciencia, la técnica y las humanidades, que eran complementados con charlas y conferencias orientadas a la motivación, la formación de conciencia ciudadana, responsabilidad social, solidaridad humana y sensibilidad frente al arte en sus múltiples expresiones, todo lo cual motivaban cambios en la elección definitiva de las carreras. La señorita Tula Ruth Alarcón que inicialmente postuló al Instituto de Educación, al ser admitida continuó sus estudios y se graduó en Servicio Social.

Este breve recuento de la primera generación de las mujeres postulantes y admitidas a la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga es un homenaje y un justo reconocimiento a dichas profesionales por enrumbar un nuevo camino y cambiar la vida universitaria en la región de Ayacucho. Asimismo, es una invitación que busca motivar estudios que aborden el papel de las mujeres en las regiones, que en sus diferentes repositorios conservan valiosas e inéditas informaciones para los investigadores.