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Una publicación de la asociación SER

La reelección de Correa

El último domingo se llevaron a cabo elecciones presidenciales y parlamentarias en el vecino país del norte. Para sorpresa de muy pocos, Rafael Correa resultó nuevamente elegido para el siguiente período de gobierno, con una amplia mayoría parlamentaria que le asegura un positivo nivel de estabilidad para gobernar. Sin embargo, ¿qué es lo que le permite a Correa volver a ejercer su mandato?,  ¿por qué lo respalda el electorado?, en el escenario latinoamericano, ¿a quién (quiénes) le conviene su reelección?, ¿cuál es el interés del Perú en todo este asunto?

En primer lugar, no está demás reconocer el hecho que, con aparente limpieza electoral, el presidente Correa logra para el Ecuador -al ser reelegido. una continuidad diacrónica gubernamental que le brinda al sistema político ecuatoriano una gran estabilidad, a diferencia de épocas anteriores en las que los presidentes entraban y salían de Palacio de Carondelet cual supermercado en días festivos. Sin embargo, más allá de esta alegoría, resulta pertinente resaltar esta situación dado el nivel de continuidad de un proyecto político/social que ha alcanzado un nivel de adhesión popular bastante alto. Esta sería una de las principales razones de la reelección de Correa: el nivel de adhesión política que su plan de gobierno ha generado en la población. Y no está demás: las obras de integración dentro del país, la progresiva disminución de la pobreza y la defensa del ambiente y derechos fundamentales frente al “capitalismo salvaje” son algunos de los lineamientos de bandera del presidente. Así, los electores están contentos con aquello que pueden sentir y tocar. Los diversos y elocuentes discursos del mandatario no hacen más que confirmar aquello que la población ya tiene entre sus manos: obras tangibles.

¿Alguien mencionó el tema de libertad de prensa?, ¿el tema de corrupción? No. Esto se explica porque el electorado promedio vive satisfecho cuando existen obras sociales y/o programas que lo beneficien directamente. Tal es así que los temas mencionados no forman parte de las prioridades del ciudadano promedio ecuatoriano, ciertamente no más que una pista reparada para llegar más temprano a casa, una nueva ley de defensa laboral anti-capitalista o el incremento de oportunidades para la escala social. Y esto es lo que ofrece (y cumple) Correa, y de esa manera,  tiene un gran sector de la población que lo respalda. Esto me recuerda a aquella desdichada frase durante el fujimorismo que decía “¡que robe!, pero que haga obras”.

Además de las obras, sabemos que el carisma de un líder es también uno de los principales factores que pueden inclinar la balanza hacia un triunfo. Así como los caudillos de tiempos pasados (y los enganchadores de la república del guano en el Perú), un presidente con esa característica puede enamorar a cualquier elector incauto. Este factor, sumado al anterior, configura un combo bastante difícil de encontrar en otros potenciales candidatos.

¿Cuál es el resto de intereses políticos a nivel latinoamericano?

Brevemente, por un lado, el lineamiento político ideológico del Ecuador permite que este Estado vaya de la mano con sus pares venezolano y boliviano. Estos tres Estados pertenecen al ala socialista latinoamericana y no en vano han sido llamadas “naciones hermanas” por el presidente Hugo Chávez. El apoyo que estos dos países necesiten en espacios y foros internacionales (como UNASUR, por ejemplo) lo podrán tener de un Ecuador al mando de Correa. Así mismo (y por otro lado), Estados como el peruano, colombiano, argentino y brasilero ven en el Ecuador de Correa a una nación estable y con capacidad de negociación positiva para obtener objetivos comunes y acordes con sus políticas exteriores. Así que la cosa está tranquila en este aspecto.

Concretamente, y a nivel bilateral, el Perú trabaja de forma conjunta con el Ecuador para realizar programas de integración binacional relativos a intercambios de flujos de inversiones y personas. La continuidad de Correa en su mandato presidencial le da también continuidad a los objetivos de política exterior que el Perú tiene para con este país, hermano nuestro desde épocas pre coloniales