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Una publicación de la asociación SER

La renuncia del rector y la resistencia al cambio en la UNSCH

El 14 de agosto del presente año, el Doctor Homero Ango Aguilar, renunció al cargo de rector de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Por un lado, el artífice del licenciamiento de la universidad, sostuvo que dejaba el cargo porque los representantes de la Asamblea Universitaria se hallaban en contra de la implementación de la reforma del estatuto universitario. La reforma pretende que los profesores que asuman una cátedra debieran tener estudios de maestría y doctorado en su carrera y no en carreras afines; busca que la categorización de los profesores sea no sólo por el tiempo de trabajo en la universidad sino además por su producción científica ya sea mediante artículos publicados en revistas indexadas, libros o patentes. Asimismo, incluye el control biométrico.[1] Por otra parte, los miembros de la Asamblea Universitaria indicaron que dicha renuncia obedece a una decisión estrictamente personal, por no haber cumplido la ejecución presupuestal anual en más del 50% de lo programado, como también, por establecer mecanismos compulsivos arbitrarios y anti universitarios: el cese de 35 docentes por haber superado los 70 años de edad, pretender la cancelación del semestre académico en la Escuela de Ingeniería Agroforestal, emitir resoluciones sobre terrenos de la universidad a favor de la familia del congresista Joaquín Dípaz sentenciado por tráfico de terrenos, el unilateral incremento frustrado de costos del comedor universitario, la implementación del sistema de control biométrico sin haber cumplido elementales cuidados de protección, y por imponer un estatuto con exigencias que van por encima de la Ley Universitaria.[2]

En las líneas siguientes no debatiremos sobre las razones de los grupos en disputa. En una universidad donde las renuncias y las vacancias son parte de su historia, intentaremos reflexionar sobre la continuidad de este tipo de problemas: ¿Cuál es problema de fondo de la renuncia del rector y cómo se puede entender desde la historia? La Universidad de San Cristóbal de Huamanga, a pesar de sus 342 años de existencia, es el retrato de una institución aún adolescente, carente de madurez y visión de futuro. En nombre de la autonomía universitaria las autoridades no presentan sus informes puntualmente y principalmente, un sector mayoritario de administrativos, profesores y alumnos viven permanentemente con temor al cambio.  Y eso no es ninguna novedad en nuestra historia.

Hace más de doscientos años muchos integrantes de la Real y Pontificia Universidad de San Cristóbal de Huamanga formaron las líneas del bando patriota y sellaron la independencia del Perú. ¿Por qué un sector de los estudiantes, catedráticos y autoridades de la universidad se levantaron contra la corona española? Aunque la verdad sea dura no fue por el sentido patriótico y su voluntad de romper el yugo español, como nos han enseñado equivocadamente. Se levantaron en rechazo a los cambios instaurados por la nueva administración virreinal y para defender sus intereses.

En las últimas décadas del siglo XVIII las autoridades virreinales intensificaron la imposición de las reformas borbónicas. En el sector universitario buscaban centralizar los ingresos de la universidad y reformar la enseñanza dejando de lado la escolástica para implementar la ciencia.

La Universidad de Huamanga, se mantenía en funcionamiento por el alquiler de sus catorce tiendas, pago de los graduados y aporte de los hacendados: La hacienda Colpa brindaba 1,000 pesos, Cochabamba 1,000 pesos, Pacaray 1,000 pesos, Ayahuanco 500 pesos y Acchapa 500 pesos anuales, entre otros. Mediante la autonomía, las máximas autoridades universitarias no rendían cuentas del gasto de las cátedras, ni del destino de las rentas a ninguna institución. Igualmente, en pleno Siglo de las Luces era una universidad donde primaba la enseñanza de la escolástica mediante las cátedras tradicionales de gramática, arte, víspera y prima de teología. Viendo la escasa enseñanza de los cursos de ciencias, los Borbones criticaron la labor de los catedráticos y pretendiendo centralizar los ingresos económicos intentaron establecer cambios. Sin embargo, las reformas chocaron con los intereses de las máximas autoridades universitarias.

Las autoridades de la Universidad de San Cristóbal se negaron a rendir los egresos económicos a los intendentes, como también incorporar las cátedras de medicina y matemática. Decidieron levantarse en contra de las autoridades borbónicas. En 1795, el sector de los afectados liderado por el doctor Pruna Aguilar y apoyado por José Mariano Alvarado y Valentín Munarriz abarrotaron las calles y plazas de Huamanga con pasquines de amenaza de muerte al intendente Demetrio O´Higgins. En 1800 encaminaron los primeros levantamientos y desmanes en Huamanga. En 1814 se sumaron a la rebelión cusqueña. En 1820 proclamaron la independencia en Huamanga y en 1824 lograron derrotar a los realistas en la batalla de Ayacucho. Un sector, reacio al cambio triunfó en la batalla de Ayacucho, brindó homenajes y besamanos a Simón Bolívar en el claustro universitario. Al establecerse la vida republicana la universidad se mantuvo en funcionamiento, José Mariano Alvarado a mediados del siglo XIX asumió el cargo de rector y Valentín Munarriz se desenvolvió en los principales cargos políticos y eclesiásticos de la república. De esa manera, la república no significó un cambio para Huamanga y muchos menos para la universidad. En palabras del prefecto Pardo de Zela, durante los primeros años de la república, Huamanga se hallaba dirigida por personalidades “acostumbradas a que nada se le exigiese”.

Uno de los mayores problemas de la Universidad de San Cristóbal y de la ciudad de Huamanga es el miedo al cambio. A pocos años del bicentenario, la historia se repite y la universidad aún no asume el verdadero sentido de existencia: la investigación en los diferentes campos de la ciencia para el desarrollo de la sociedad. La más perjudicada con esta actitud es nuestra región, que requiere que su universidad fue fundada “para luchar contra la suma pobreza” cumpla con su misión. En definitiva, la renuncia y la proximidad del bicentenario son circunstancias únicas y trascendentales para que las autoridades nacionales, regionales, la sociedad huamanguina y los grupos de interés, dejen de lado sus diferencias y consideren a la Universidad de Huamanga  como la institución eje del desarrollo.

 

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[1] Tomado del “Comunicado del rector de la UNSCH, Dr. Homero Ango Aguilar, 13 de agosto de 2019”.

[2] Pronunciamiento de los miembros docentes de la Asamblea Universitaria de la UNSCH, 15 de agosto de 2019.