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Una publicación de la asociación SER

La tarea del presidente Vizcarra

Al igual que lo ocurrido en el año 2000 con la difusión de los vladivideos, el fujimorismo – en sus versiones keikista y kenjista – ha vuelto a mostrarnos que constituye el principal peligro para nuestra democracia y que cuando logra acceder a ciertos espacios de poder político, su único interés es obtener beneficios ilegales y actuar de forma prepotente y arbitraria. La novedad es que ahora ha contado con la complicidad del gobierno presidido por Pedro Pablo Kuzcynski, alguien que, como lo dijimos en varias oportunidades en Noticias SER, es uno de los principales representantes de ese sector que ve en el Estado únicamente una oportunidad para realizar negocios.

Dada la gravedad de la crisis política a la que nos han llevado los herederos del fujimorismo y sus aliados, se hacía imposible la permanencia de Kuzcynski como Presidente de la República por lo que de no haber presentado su renuncia obligado por el peso de los hechos, únicamente hubiera retrasado su final unas pocas horas, ya que sería indefectiblemente vacado por un Congreso en el que precisamente abundan personajes con el mismo perfil y antecedentes de los fujimoristas de siempre y cuyo voto obedece únicamente a su conveniencia particular y los negociados de turno. Keiko Fujimori no puede ser la guardiana de nuestra democracia

En Noticias SER consideramos que en estas circunstancias corresponde a Martín Vizcarra asumir la Presidencia de la República quien, como en su momento hizo Valentín Paniagua, debe iniciar un proceso de transición que lleve a la realización de un nuevo proceso electoral para que la ciudadanía determine el rumbo político que debe seguir el país. Pretender continuar en el cargo hasta el año 2021 con un Poder Ejecutivo y un Congreso de la República completamente deslegitimados por incurrir en prácticas alejadas de la ética pública y conformados en buena medida por una clase política denunciada casi íntegramente por actos de corrupción, sólo nos llevará a debilitar aún más nuestra ya precaria democracia.