Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

La universidad en estado remoto

Foto: Andina

Luis Alberto Suárez Rojas, Doctor en Ciencias Sociales y Antropología. Docente en la Escuela de Antropología de la UNMSM y Consultor.

Estamos muy cerca de cerrar el primer semestre en varias de las universidades públicas del país. Tanto docentes como alumnos, estamos exhaustos, pero aun mantenemos la esperanza, que es lo último que perderemos. Este tiempo duro y turbulento de pandemia nos ha puesto contra las cuerdas, nos ha quitado la venda de los ojos sobre las condiciones reales y las profundas desigualdades de la educación superior. Y este debería ser el punto de inflexión para pensar en las condiciones mínimas para la educación universitaria en el futuro cercano.

Existen profundas discusiones técnicas, pero de qué vale discutir sobre las competencias, los estándares de calidad, la acreditación, el ISO, etc., si las y los estudiantes tienen limitaciones para producir, revisar y mejorar sus textos, además deben hacer el esfuerzo titánico de leer en una pantalla de cinco pulgadas, lo cual se ve atizado por la caída constante del internet y la falta de espacios para el trabajo intelectual. No podemos pensar que estos problemas desaparecerán cuando regresemos a la vida en el campus, porque esos problemas estuvieron siempre ahí, por lo tanto ¿cómo podemos asumir el desafío de una educación universitaria de calidad, inclusiva y crítica?

Para abordar la educación universitaria en tiempos del covid-19, logré recoger 92 testimonios a través de un cuestionario abierto de estudiantes que ingresaron, en promedio, en el 2017, con una edad media de 22 años, siendo el 68 % son mujeres y el 32 % hombres. Además, pertenecen a áreas como las Ciencias Sociales (22%), Ciencias de la Salud (17%), Humanidades y Letras (10%), Ingeniería (10%), Medicina Veterinaria (9%), Negocios (8%), Comunicaciones (5%), Educación (5%) y otras (14%) como Contabilidad, Derecho, Administración, Arquitectura, Ciencias Forestales, Biología y Psicología.

Según la experiencia de las y los estudiantes universitarios al iniciarse las clases on line se presentaron una serie de dificultades que aún siguen afrontando. El 29 % sugiere limitaciones en el internet. Aquí algunos testimonios: “La red se satura constantemente y es complicado comprender algunas clases. Más allá de eso, es complicado atender una clase de 5 horas frente al computador, luego termino con mareos y dolor de vista”. (Jorge, 21 años, Ciencias Sociales); “La conexión es irritante, la enseñanza no es la misma” (Vanessa, 23 años, Humanidades y letras); “creo que la baja conexión y que algunos profesores por ser de la tercera edad, hacían que las clases les tomara algo más de tiempo acostumbrarse. (Andrea, 20 años, Negocios); “La conexión inestable de mi Internet, los profesores dejan más trabajos aludiendo a que como todo es virtual es más sencillo”. (Viviana, 20 años Ciencias Sociales)

Por un lado, el 22 % de las y los estudiantes universitarios reconocen limitaciones en la adecuación de contenidos y la pedagogía. Aquí algunos testimonios muy reveladores: "casi todos mis cursos son teórico-prácticos, las clases virtuales solo nos permite avanzar teoría y es incierta la recuperación de las prácticas, para mi carrera son muy importantes porque es a través de lo que aprenda ahí que van a juzgarme en el ámbito laboral" (Victoria, 20 años, Humanidades y letras); “Mis clases virtuales no tienen asistencia y puedo entrar a la plataforma en el momento en el que quiero y eso ha sido para mí un arma de doble filo porque si bien puedo hacer las cosas a mi tiempo y a mi manera,  pero cuando me siento mal y no siento que puedo hacer cosas a veces me tiro al abandono y me atraso. El hecho de tener obligaciones me presiona a mí misma a hacer cosas, así este muy mal, pero ahora no tengo eso y no tener eso a veces me complica las cosas”. (María 20 años, Humanidades y letras); “Los docentes no entienden que no es un ciclo normal, que no es lo mismo que estar presencial y que deben adaptar los contenidos” (Camila, 21 años, Educación)

Por otro lado, el 16 % considera que tienen exceso de tareas y una exposición prolongada a la pantalla de la computadora. Los testimonios de Roxana y Silvana son muy elocuentes: “El estar conectado, creo que es la situación más estresante, al menos para mí, porque hay que estar pendientes de cada actualización, el link, el correo, la lectura y eso implica estar pegados a la máquina, en este caso yo tengo un PC que está en mi cuarto, y pasó frente a la computadora más horas de las que quisiera, es cansado para los ojos, la espalda y para la mente también; técnicamente mi cuarto se ha convertido en mi lugar de almuerzo, cena, estudio, además de tan solo dormir. (Roxana, 22 años, Ciencias Sociales); “Los profesores dejan demasiados trabajos al pensar que ‘tenemos más tiempo’, pero ya casi no me puedo parar de mi silla hasta las 11 pm. Me arden los ojos de tantas horas frente a la pantalla. (Silvana, 20 años, Ciencias de la Salud)

Así mismo, el 11 % asegura afrontar limitaciones en sus economías domésticas y pérdida del trabajo, por ejemplo: “No pude matricularme por temas laborales (Deisy, 4 años, Medicina veterinaria). Por otro lado, el 9 % asegura no poder matricularse y abandonar el ciclo, por ejemplo, el caso de Margot: "No pude matricularme. Me sentía (siento) fatal. Pero cuando lo intenté me rebotaron los documentos hasta que pedí la reserva. Mi mayor dificultad hubiera sido que no contaba con un dispositivo propio para realizar mis clases, y que los horarios a pesar de ser virtuales no me permitían ayudar en mi casa." (Margot, 21 años, Ciencias Sociales)

Además, el 7 % destaca haber perdido la interacción con sus pares y la socialización; veamos el caso de Andrés y Valeria: “Pues me genera un poco de ansiedad el volver a hacer "amigos virtuales" y nunca poder conocer sus caras verdaderamente, soy una persona visual e imaginativa, pero el no verlos no me permite eso”. (Andrés, 21 años, Comunicaciones); “No ver a mis amigos, a mis profes, estudiar así es más complicado” (Valeria, 19 años, Comunicaciones).  Finalmente, el 6 % no precisa una limitación específica.

No dudo que hoy la experiencia de la cuarentena provoca impactos en la salud mental y las emociones, pero estoy seguro que a pesar de esto nuestros alumnos están apoyando a sus familias para afrontar la grave crisis económica y sanitaria. Y es altamente probable que su energía creativa esté centrada en ello y las posibilidades del trabajo académico también se ven impactado. Pero, aún tenemos la mitad del año pendiente y necesitamos repensar este pequeño pero sinuoso camino de las clases on line, pero necesitamos no solo el compromiso de las y los docentes sino medidas concretas de la Universidad Pública para superar algunas de las limitaciones.