Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Doctor en Antropología con Mención en Estudios Andinos. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

La urgencia de un Plan Maestro de la Costa Verde

El Circuito de Playas de la Costa Verde, más conocido como Costa Verde es, entre otras cosas, el trayecto vial ubicado entre el litoral de Lima y el Callao, que articula los distritos de La Punta, Callao, La Perla, San Miguel, Magdalena, San Isidro, Miraflores, Barranco y Chorrillos. En la percepción de la población y de muchas de las autoridades, la Costa Verde es básicamente concebida como una ruta de gran velocidad que facilita el tránsito y da acceso a las playas limeñas. Una serie de obras de infraestructura se han realizado en los últimos decenios para garantizar dicho acceso considerando que se trata de un acantilado, en el que se ha ido ganado terreno al mar, con impactos que no han sido aún determinados.

Lo cierto desde una lógica de planificación de desarrollo territorial, de la cual Lima y el Perú carecen, la Costa Verde debería gestionarse como un espacio urbano que contribuye a poner más orden en la capital peruana y su cercano puerto, recordando que Lima y Callao, son una sola unidad metropolitana, y ese debería ser el punto de partida para gestionarla.

Parte del caos urbano, vehicular y presupuestal se basa en la continuidad de una inercia político-administrativa que no permite revisar la categoría de Lima Metropolitana (en la práctica Lima Cercado más 43 distritos, cada uno con sus autonomías territoriales, e incluso con un rango peculiar de gobierno regional imperceptible para la ciudadanía) y la del Callao, como Provincia Constitucional (que posee gobierno regional, municipio de capital provincial y siete distritos). A ello habría que añadir las normas promovidas por el fujimorismo desde los años 90, que fragmentaron la capacidad de gestión y de inversión  de los municipios provinciales al distritalizar la administración municipal, lo que hizo perder a Lima una visión armónica de metrópoli. El resultado: una suma desordenada de competencias que se superponen, y que generan una gestión ineficiente, así como la ausencia de respuestas articuladas que generen las oportunidades de vida digna y segura que reclaman millones de mujeres y hombres que habitan este territorio.

Esta dramática realidad que atenta contra la calidad de vida y limita los espacios de realización ciudadana, podría ser superada si se generara la suficiente visión y voluntad política para crear las condiciones que se orienten a un proyecto de gran ciudad metropolitana entre Lima y Callao, con un estatus especial como ocurre en otras capitales del mundo, como México DF, Washington DC o la Alcaldía Mayor de Bogotá. Todo ello, en el marco de un proyecto nacional que nuevamente se ha puesto en debate como desafío al 2050 por iniciativa del CEPLAN y del Acuerdo Nacional, importantes espacios a los cuales poco concurren los aparatos del Estado, la sociedad civil y empresa privada.

La realidad es harto conocida. En el caso de la Costa Verde, cada distrito maneja su porción de litoral de acuerdo a sus criterios y prioridades, sin mediar reglas claras a las que deberían ceñirse todas las autoridades involucradas. Es la realización de obras de infraestructura física y vial lo que preocupa tanto a los municipios provinciales como a los distritales sin importar mucho la dimensión del tratamiento de la Costa Verde como un paisaje o territorio articulado, que necesita una gestión de conjunto, con reglas claras sobre lo que significa el manejo del ecosistema marino, el control de los acantilados, la protección y cobertura vegetal de las laderas, la recuperación del acuífero a través de la siembra de agua, la construcción armónica de edificaciones habitacionales y de negocios, la circulación de vehículos y el control de sus efectos contaminantes, la promoción de espacios públicos por encima de su uso rentista, así como la conformación de mecanismos de participación para una  buena gobernanza en la gestión del paisaje con la concurrencia de las autoridades nacionales, de los municipios, de las población organizada y de las instituciones privadas, empresariales, académicas y diversas que usufructúan de estos espacios. 

Es desde ese enfoque de intervención articulada y mancomunada de la Costa Verde -en el marco de un plan de desarrollo urbano para Lima y Callao- y de lo que significa este paisaje o territorio para el bienestar de la ciudad y su gente, que tiene sentido retomar la tarea pendiente de dotar a la Costa Verde de un Plan Maestro como instrumento de gestión sostenida y compartida del litoral metropolitano que posee tres ámbitos naturales muy definidos y a su vez interrelacionados: el borde alto del acantilado, la ladera y la zona baja o playa. Dicho Plan debería ser consensuado y de cumplimiento vinculante para los gobiernos municipales involucrados, los mismos que deberían establecer los mecanismos para la designación de una Autoridad Autónoma de la Costa Verde, cuya tarea sería implementar las acciones que resulten de una articulación de la dinámica económica, poblacional y productiva de este territorio, con atribuciones necesarias para una gestión y control administrativo adecuados, incluyendo políticas, estrategias para el uso del suelo, compatible con la protección del litoral marino y su entorno.

Estos cambios no son nada fáciles. Grandes intereses económicos inmobiliarios y de negocios comerciales se opondrán a un ordenamiento de la gestión de la Costa Verde no queriendo perder sus derechos a la propiedad y titularidad de los terrenos (ley 26306), ni respetando la legislación general sobre las playas que establece su uso público irrestricto, imprescriptibilidad e inalienabilidad. A esto se suma la falta de una zonificación del litoral de la provincia que permita aprobar los parámetros de la Costa Verde, y la determinación de los usos públicos compatibles con su protección.

Un primer paso sería construir juntos una visión compartida de lo que se desea establecer como una gestión sostenible del litoral de Lima y Callao, en base a la cual se formule concertadamente un Plan de Manejo. Esta iniciativa, ya antes iniciada y luego suspendida en la nefasta administración anterior, puede ser un importante desafío que la nueva gestión municipal metropolitana debería retomar en aras de contribuir a la construcción de una ciudad capital más planificada, inclusiva, promotora de valores democráticos y ciudadanos.