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Una publicación de la asociación SER

Lecciones ecuatorianas para la gestión de riesgos

De acuerdo con el COEN, los daños del “Niño costero” han sido cuantiosos: 90 muertos, 20 desaparecidos, cerca de 121,000 damnificados, más de 27,500 hás de cultivo afectadas y cerca de 12,500 dadas por perdidas (datos al 24 de marzo). Las cifras son desalentadoras, pero la respuesta del Ejecutivo, y sobre todo de la ciudadanía, nos dan la esperanza de que este desastre natural será el último que nos encuentra desprevenidos. Piura, la ciudad más afectada, sigue pagando la penosa reconstrucción de las lluvias de 1983 y 1998, pero por sobre todo el desinterés de planificar para prevenir y mitigar, a pesar de que el fenómeno es cíclico, aunque de diferente intensidad. Tampoco podemos olvidar la ineptitud del Estado en la reconstrucción de Pisco luego del terremoto del 2007.

Distintos medios han abordado la necesidad de reconstruir el país, pero me preocupa que el único enfoque tomado en cuenta sea el de la infraestructura, fundamental, pero insuficiente sin el fortalecimiento de la institucionalidad del Estado en la gestión de riesgos y la organización social. Incluso cuando se hacen las comparaciones con el gobierno ecuatoriano (del cual hay mucho que aprender) nos enfocamos, únicamente, en las grandes obras que evitaron inundaciones y otros desastres mayores.

El año pasado tuve que desplazarme a algunos municipios en los cantones Guayas, Loja y Tungurahua, en Ecuador, para visitar una iniciativa de gestión de riesgos. Lo que llamó mi atención, de entrada, es la inclusión de los conceptos de prevención, mitigación, vulnerabilidad y riesgos en el lenguaje de las autoridades y líderes comunitarios. Esto implica, básicamente, que existe un trabajo articulado y serio para hacer frente a los desastres y evitar con ello las pérdidas (humanas, materiales y de oportunidades) ocasionadas en épocas pasadas.

Estos aspectos tienen que ser también parte de la agenda para construir una verdadera política de gestión. Sin ánimo de que las mismas sean copiadas (pues deben responder a las particularidades de cada territorio) sino para dar mayores elementos a la necesaria reflexión posterior al desastre, incluyo algunos de los elementos trabajados en Ecuador que han permitido afrontar de mejor manera el desastre:

Desde el punto de vista institucional

- En abril de 2008 la Dirección Nacional de Defensa Civil fue convertida en la Secretaría Técnica de Gestión de Riesgos, adscrita al Ministerio de Coordinación de Seguridad Interna y Externa. En septiembre de 2009 pasó a denominarse Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos ejerciendo sus competencias y funciones de manera independiente, descentralizada y desconcentrada. En octubre de ese mismo año se le dio el rango de Ministerio de Estado, con la finalidad de dotarla de peso político como ente rector de la gestión de riesgos.
- En el 2011 Los comités de operaciones de emergencia (COE) asumieron, además de la respuesta, la función integral de la gestión, conformándose los Comités de Gestión de Riesgos (CGR/COE).
- Los riesgos se gestionan bajo el principio de descentralización subsidiaria, lo que implica la responsabilidad directa de las instituciones dentro de sus territorios. Si sus capacidades son insuficientes, las instancias de mayor ámbito geográfico brindarán el apoyo necesario.
- La totalidad de las instituciones del Estado tienen la obligación de constituir una Unidad de Gestión de Riesgos, con el fin de tranversalizar la temática en la planificación y gestión institucional.
- Los CGR/COE son estructuras interinstitucionales (públicas y privadas) permanentes, basadas en la coordinación y la complementariedad de capacidades y recursos. Se constituyen y operan en todos los niveles de administración del Estado y tienen que reunirse, al menos, de manera trimestral.
- Además de los plenarios, los COE/CGR cuentan con ocho Mesas interinstitucionales de trabajo: (i) Acceso y distribución de agua; (ii) Salud, saneamiento e higiene; (iii) Infraestructura; (iv) Atención integral de la población; (v) Seguridad integral de la población; (vi) Productividad y medios de vida; (vii) Educación, cultura, patrimonio y ambiente; (viii) Sectores estratégicos.
- Se establecieron sistemas de alerta temprana (SAT), elaboración de planes de ordenamiento territorial (POT), planes de gestión de riesgos, inclusión de presupuestos para la ejecución de dichos planes, implementación de simulacros (por ejemplo, el MinEduc ecuatoriano ha instruido para que las escuelas realicen, obligatoriamente, dos simulacros al año), etc.
- Se implementaron seguros agrícolas, ganaderos y pesqueros a fin de minimizar las pérdidas de las poblaciones más vulnerables.
Desde la participación comunitaria

- Se conformaron los Comités Comunitarios de Gestión de Riesgos (CCGR) y dentro de ellos, las Brigadas Comunitarias de Gestión de Riesgos, con el fin de impulsar la elaboración e implementación de sus respectivos planes comunitarios de emergencias (que incluyen mapas de riesgos, planes de contingencia, entre otros) que contemplan acciones de prevención, mitigación, preparación y respuesta, en coordinación con los COE/CGR, gobiernos locales y el propio ente rector.
No pretendo señalar en el artículo toda la normativa y lógica de la gestión de riesgos en Ecuador, pero sí algunos datos que nos permitan identificar variables claves para una buena gestión: planificación, mecanismos de coordinación interinstitucional, actuación permanente, capacitación continua a funcionarios y población, interrelación comunidad y autoridades, transveralización de la gestión de riesgos, y fortalecimiento del ente rector.

La indignación que hoy sentimos debemos transformarla en organización, participación social y política, en veeduría social. No podemos seguir siendo sujetos pasivos de nuestro desarrollo.