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Una publicación de la asociación SER

Lo que se juega el 7 de octubre

Foto: Andina

La crisis política y los escándalos de corrupción de los últimos meses han concentrado la atención de la ciudadanía y la prensa, en particular en la capital de la república, dejando de lado el seguimiento al proceso electoral regional y municipal. Si bien esta postergación se ha atenuado durante estos días, pareciera que para la mayoría de analistas políticos, líderes de opinión y “activistas” de las redes sociales, las elecciones empiezan y acaban en la capital de la República, cuando lo cierto es que a partir del 1 de enero del año 2019, tendremos un mapa político bastante distinto al actual, con miles de autoridades que asumirán un cargo público por primera vez.

Por otro lado, a diferencia de lo ocurrido en anteriores procesos, la mayoría de listas de candidatos corresponden a los partidos políticos, que por primera vez desde el año 2002 han conseguido superar en número a los movimientos regionales. Si bien esto da la apariencia de un fortalecimiento de las organizaciones políticas nacionales, lo que ha ocurrido en realidad es un proceso similar al de la conformación de las listas congresales: los dirigentes partidarios en Lima negocian las candidaturas con políticos locales, lo que permite a los primeros cumplir la formalidad de participar en las elecciones, mientras los segundos obtienen una etiqueta para participar.

La forma en que se configura la oferta política regional y municipal tiene resultados claramente desfavorables en términos de calidad y honestidad de quienes son electos para conducir los gobiernos subnacionales, debido a que quienes conforman las listas de candidatos suelen ser personas con una trayectoria política signada por un transfuguismo permanente o cuentan con los recursos y “financistas” para solventar unos gastos de campaña que seguramente tendrán que ser recuperados de alguna manera.

En Noticias SER llevamos varias semanas informando y alertando a la ciudadanía sobre los riesgos que conlleva una mala elección y la responsabilidad que nos corresponde a todos y todas para evitar que esto ocurra.  Justamente por el enorme desprestigio y pérdida de legitimidad de los gobiernos regionales y locales es imprescindible que los electores y electoras no vuelvan a dar su confianza a quienes han convertido a estas instituciones en el reino de la corrupción, el autoritarismo, el clientelismo y el nepotismo.