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Una publicación de la asociación SER
Historiador

Los 70 años de Tito Flores: Entender a Mariátegui desmitificándolo

Este martes 28 de mayo el recordado historiador marxista peruano Alberto Flores-Galindo (1949-1990) hubiera cumplido 70 años.  Hace 29 años su muerte, ocurrida el 26 de marzo de 1990, a los 40 años de edad, cortó demasiado prematuramente su valiosa actividad historiográfica y su destacado rol de “intelectual público”.  Seguimos con el homenaje a Tito Flores, dando a conocer a las jóvenes generaciones sus ideas, accesibles en los 7 volúmenes de sus ‘Obras completas’, coordinadas por su viuda, la antropóloga Cecilia Rivera.

Una característica del trabajo de Tito Flores, rechazando el dogmatismo y proponiendo interpretaciones renovadas, era su interés en historizar las discusiones políticas en las que participaba.  El mejor ejemplo de esta forma de debatir es su libro ‘La agonía de Mariátegui’ (1980, con re-ediciones ampliadas en 1982 y 1989), sobre los tres últimos años de vida de Mariátegui, entre 1927-1930, en que funda el Partido Socialista (octubre de 1928) y se enfrenta a la ‘Komintern’ (la Internacional Comunista fundada por Lenin en 1919) durante la ‘Conferencia Comunista de América Latina’ (Buenos Aires, 1929).  La ‘agonía’ del título debe entenderse como ‘esfuerzo’ o ‘lucha’, siguiendo al filósofo español Miguel de Unamuno (1864-1936), a quien Mariátegui admiraba.

Maruja Martínez (1947-2000), magnífica editora de las ‘Obras completas’, advertía que el libro: “fue concebido a partir de un Congreso de Sociología realizado en Ayacucho, en 1979, en tiempos de frecuentes polémicas sobre Mariátegui, cuando éste era utilizado para argumentar diversas posiciones políticas.  En este Congreso Alberto Flores Galindo polemizó particularmente con algunos profesores ayacuchanos pertenecientes a lo que luego sería más conocido como «Sendero Luminoso».  Los seis meses siguientes a este Congreso, se dedicó a escribir el libro” (tomo II, n. 1, p. 605).

Además, el contexto peruano (final del gobierno militar, elecciones el 18 de junio de 1980) e internacional (triunfo de la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 1979), imponían urgencia a estas discusiones.  Tito afirmaba: “Si se tratara, al inicio de este ensayo, de resumir con palabras que quisieran ser breves y adecuadas las cuestiones sobre las que debatieron José Carlos Mariátegui y sus contemporáneos, tendríamos que referirnos a ese problema recurrente en las revoluciones contemporáneas que es la articulación entre el marxismo y la nación, lo que en otras palabras significa la confluencia entre un fenómeno generado inicialmente al interior de Occidente y una tradición cultural muchas veces distinta y quizá antagónica con respecto a Europa.  Las revoluciones victoriosas han exigido una adecuada solución a este problema, como de hecho sucedió en China [1949] o Cuba [1959], antes en Rusia [1917] y ahora en Nicaragua [1979].  Mariátegui no pudo desentender el problema.  Pero las revoluciones victoriosas son las excepciones” (tomo II, p. 387).

La ‘Introducción’ de ‘La agonía de Mariátegui’ comienza con estas palabras: “José Carlos Mariátegui no fue sólo un «marxista convicto y confeso» como escuetamente se autodefinió; fue también el marxista más original que ha producido la cultura latinoamericana.  A través de sus escritos el Perú ingresa en la geografía del marxismo con una tonalidad propia.  En pocas ocasiones un escritor latinoamericano ha sabido encarar de manera tan creativa los desafíos de la modernidad.  Estas consideraciones pueden conducir a elaborar una hagiografía --una arquetípica vida de santos-- o, por el sendero opuesto, a buscar algunas explicaciones” (tomo II, p. 375).

Al final del libro, donde evalúa los estudios e interpretaciones sobre Mariátegui, Tito hace esta enérgica crítica: “desde el estudio de Jorge del Prado sobre ‘Mariátegui y su obra’, publicado en 1947, fueron apareciendo el Mariátegui «marxista-leninista», luego simplemente «leninista», sin faltar el «trotskista» o el «maoísta», recientemente el «gramsciano» y en una última versión, el «eurocomunista».  Para adaptar el pensamiento de Mariátegui a cualquiera de esas ortodoxias era menester violar las reglas elementales del método histórico: abandonar la comprensión del pasado y cometer cualquier anacronismo” (tomo II, n. 96, pp. 613-614).

En la introducción había advertido que Mariátegui: “en los ‘7 Ensayos’, al discutir la condición de Lima como capital del Perú observaba que en el futuro ésta dependería si primaban en la transformación social del país «las masas rurales indígenas o el proletariado industrial costeño».   El futuro --como se ve--, no estaba trazado de antemano: no estaba definido ni garantizado.  Mariátegui era un revolucionario pero no un dogmático.  La revolución no se contrapone con la heterodoxia: todo lo contrario” (tomo II, p. 381).

Y cierra su introducción ubicando las ideas y acciones de Mariátegui en su contexto histórico propio: “Un pensamiento como éste no podría autodefinirse como un «pensamiento guía», suerte de verdad revelada e infalible.  Por eso conviene añadir que si bien Mariátegui nunca soslayó la dimensión violenta de cualquier revolución, tampoco resulta un partidario del autoritarismo, de cualquier tipo de mesianismo o del menosprecio a la vida humana.  Fue un hombre de su tiempo: muy consciente del relativismo que esta afirmación implica.  En su tiempo sólo existía un país socialista [la Unión Soviética], con algo más de diez años de historia; no estaba fundada la IV Internacional [por Trotsky en 1938], Mao no había organizado la gran marcha y Ho Chi Minh era un anónimo militante vietnamita.  Cuando muere Mariátegui, Fidel Castro tenía tres años y no habían nacido los principales dirigentes del Frente Sandinista” (tomo II, pp. 382-383).

Sin embargo, el estudio histórico de Mariátegui no tenía que considerarse el estudio de un pasado clausurado, cerrado, muerto.  Respondiendo a las críticas hechas a su libro, en un artículo titulado “El mariateguismo como tarea colectiva”, publicado en la revista ‘Marka’ (16 de enero de 1981), afirma: “La historia se escribe con pasión y sólo los historiadores tradicionales reclaman para sí la objetividad, no es mi caso y no pienso que debamos esperar cincuenta años para estudiar acontecimientos que como la polémica entre Mariátegui y la Komintern, nos interesan porque son precisamente contemporáneos, es decir, porque en ellos están planteadas cuestiones fundamentales del marxismo de ayer y de hoy” (tomo V, pp. 252-253).  Se refería Tito a la disyuntiva entre el marxismo como doctrina que impide el pensamiento abierto, promovido por los partidos comunistas oficiales de mediados del siglo XX, y el marxismo como un método de análisis para entender la cambiante realidad y tratar de influirla mediante la acción política.

El esfuerzo por entender el conflictivo desarrollo del pensamiento y el accionar de Mariátegui en los años finales de su corta vida dependía de la lectura y análisis de la evidencia (escrita y oral) proveniente de esos años.  Al final del libro, cuando discute esas fuentes de información, explica los problemas y limitaciones que tuvo que enfrentar: “a pesar de estas búsquedas de fuentes diversas, este ensayo adolece de varios vacíos.  Dejando de un lado todo lo referente a la interpretación, en cuanto a las fuentes, los estudios sobre Mariátegui parecen llegar a un «callejón sin salida», mientras no se realice una imprescindible edición crítica de las obras de Mariátegui, donde se publiquen todos los textos --incluidos los de su juventud-- en orden cronológico, conforme fueron apareciendo y con algunas anotaciones y concordancias bibliográficas.  Esta tarea debe ser continuada con la edición de la correspondencia completa, de esa manera quedará al acceso democrático de todos los investigadores.  Leídos escritos y correspondencia en su totalidad, relacionando artículos periodísticos, con cartas, seguidos fielmente en orden cronológico, podremos reconstruir con precisión la elaboración del pensamiento de Mariátegui; el desarrollo de sus ideas, la germinación de intuiciones, sus dudas, marchas y contramarchas, es decir, el pensamiento tal como fue vivido” (tomo II, n. 100, p. 614).

Además, este afán de ‘democratizar el conocimiento’ lo reafirma al final del artículo de 1981, ya mencionado.  El tema no puede ni debe quedar aislado de las ciudadanas y ciudadanos a los que la Izquierda en ese momento buscaba representar políticamente.  Por eso, se opone al intento de “convertir a Mariátegui en un tema histórico: una discusión sobre fuentes reservada a los especialistas” (tomo V, p. 253).

En un artículo de inicios del año anterior, “Mariátegui y el PC”, publicado en el semanario ‘Amauta’ (31 de enero de 1980), Tito discute con la ortodoxia del Partido Comunista pro-moscovita (PCP-Unidad), y afirma: “el partido de Mariátegui no aspiraba a ser una aplicación mecánica de los dictados de la Internacional en el Perú; quería, deseaba y debía mantener su independencia por cuanto la razón de ser de la organización radicaba en sus posibilidades de unir ese marxismo gestado en Europa y triunfante en Rusia, con la tradición peruana, para así poder insertarlo en la historia del país.  Es por eso que una tarea necesaria para su construcción era el estudio de la realidad nacional” (tomo V, p. 120).

Y esa historia era de total relevancia para lo que la Izquierda peruana aspiraba a hacer en ese momento.  Dice: “El interés de esta discusión no es un interés «arqueológico»: la obsesión por precisar un nombre o una fecha.  El verdadero por qué de ella radica en contraponer el proyecto de Mariátegui --autónomo de cualquier centro de decisión externa-- a una concepción del marxismo para la cual existe una teoría ya desarrollada que sólo hace falta aplicar al país y de esta manera subordina el porvenir de la clase obrera al supuesto socialismo triunfante en la Unión Soviética” (tomo V, p. 121).

Y, con la contundencia que buscaba provocar la reflexión, terminaba afirmando sobre la compleja y hasta ‘fratricida’ experiencia de la Izquierda peruana entre 1930-1980: “Sería absurdo emplear supuestamente el marxismo para mitificar la historia del comunismo en el Perú, ocultando sus crisis y sus rupturas, porque sería hacer con el materialismo histórico lo mismo que hacen los historiadores burgueses con el pasado: distorsionarlo y manipularlo” (tomo V, p. 121).

 

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Textos tomados de: Alberto Flores Galindo, ‘Obras completas’ (Lima: Casa de Estudios del Socialismo SUR, Fundación Andina, 1993-2011, 6 tomos en 7 volúmenes).

“Maruja Martínez: In Memoriam”, Ciberayllu  <http://www.andes.missouri.edu/andes/Cronicas/EC_MarujaMartinez.html>

<http://www.ciberayllu.org/Autores/MarujaMartinez.html>

Maruja Martínez Castilla <http://martinezcastilla.com/maruja/>

 

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