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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Antropología con Mención en Estudios Andinos. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

Los andenes en el desarrollo con identidad cultural

La riqueza cultural del Perú es inmensurable y no se limita a los monumentos arqueológicos ni las expresiones artísticas, que ya de por sí son enormes. Un componente de ese patrimonio cultural está dado por los andenes, tecnología prehispánica de formación de graderías que fueron construidas como respuesta adaptativa a  la geografía altoandina y a su realidad climática.

La tecnología, como combinación de los aportes técnicos y de la organización social, tiene en las terrazas andinas una expresión magnífica como infraestructura agrícola innovadora, construida por los antiguos habitantes de los Andes para hacer frente a un territorio que mostraba dificultades ambientales, geológicas, hídricas y climáticas. La transformación de montañas altoandinas en laderas productivas que movilizaron miles de personas para su construcción es también una impresionante manifestación cultural cuya revaloración no solo implica un reconocimiento pasivo a nuestro rico pasado, sino principalmente la oportunidad de aprovechar una ancestral tecnología como prácticas sostenibles de conservación de laderas frente a la erosión; de gestión del recurso hídrico tan escaso en esos ecosistemas; de incremento de la capacidad productiva de los suelos para fines agrícolas, en un país en el que solo el 6% del territorio tiene esa aptitud; de adecuación a las efectos del cambio climático, con variaciones drásticas de precipitaciones; de aplicación de un tipo de agricultura más orgánica, por las ventajas mostradas por las terrazas en cuanto a formación de microclimas, y mayor eficiencia en el manejo del suelo y del agua, asociación clave siempre presente en las estrategias agrícolas precolombinas. Finalmente, como contribuyente a las políticas de seguridad alimentaria, preocupación principal de las culturas prehispánicas, en especial del Estado Inca, y que ahora debería estar muy presente como prioridad en las políticas públicas.

¿Qué ha ocurrido con los andenes? Como muchas expresiones del patrimonio cultural, ha sufrido abandono y deterioro, al punto que se calculaba la existencia de más de un millón de hectáreas de estas terrazas, en un 70% abandonadas o destruidas[1]. Sin embargo, en la actualidad y sin esperar soporte estatal, en muchas comunidades andinas, miles de hectáreas de andenes están siendo aprovechadas, tanto para el autoconsumo familiar como para la pequeña producción que abastece de alimentos a un 60% de la población nacional[2].  Iniciativas diversas se han venido dando en los últimos 30 años para la revaloración de las terrazas andinas, así como para aprovechar esta tecnología para la promoción de medidas de conservación de suelos y agua en los Andes[3].

Sin embargo, falta mucho por hacer y, a decir de muchos especialistas, habría que convertir en política de interés y prioridad nacional la puesta en valor de la andenería peruana desde un rol privilegiado, no solo como patrimonio cultural, sino por su múltiple beneficio: Como factor de recuperación de la agricultura familiar y comunal, como componente clave para mejorar la seguridad alimentaria y luchar contra la pobreza, como recurso para nuevas oportunidades de exportación orgánica, y como aporte a las contribuciones del país frente al cambio climático.

En pocas palabras, las terrazas altoandinas constituyen una clara evidencia de cuán posible y necesaria es la relación de un pasado histórico con el presente, para seguir respondiendo a problemas que siempre existieron, así como a los nuevos desafíos de la modernidad; un claro ejemplo de la importancia que posee el patrimonio cultural cuya puesta en valor se incorpore a los procesos de planificación del desarrollo del país. Desarrollo sostenible con identidad cultural es lo que debería estar en la base de las propuestas de los actores políticos, económicos y de la sociedad civil. 


[1]Luis Masson, en 1984. También se calculaba un 10% en uso permanente y un 20% en uso temporal.

[2]Según Antonio Lambruschini, coordinador del programa Andenes de Agrorural, en once departamentos se han registrado 340 mil hectáreas de andenes, de los cuales el 70% está en uso por pequeños productores agrícolas. Se espera inversiones mayores desde este programa para afianzar estos programas de rehabilitación.

[3]Tales como PRONAMACHS, ahora Agro Rural, con su programa Andenes, MARENASS, así como entidades privadas y de la sociedad civil (Cusichaca Trust, DESCO).