Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Los límites de la respuesta estatal al Covid-19 en el sector de la pesca artesanal

Foto: Isabel E. Gonzales

Isabel E. Gonzales. Antropóloga, Investigadora Asistente de GRADE – Proyecto Humboldt Tipping

Como medida de asistencia económica para pescadores artesanales en el marco de la pandemia, el Ministerio de la Producción creó el Programa Especial de Créditos para la Pesca Artesanal a fines del mes de marzo. El Programa está siendo canalizado por FONDEPES y se basa en la oferta de créditos de hasta S/. 2000 soles que contemplan beneficios como una tasa de interés reducida (3%), fraccionamiento de la deuda hasta en 36 meses, y el aplazamiento del pago de la primera cuota hasta el séptimo mes.

En su corto tiempo de vida el Programa ha evidenciado algunas deficiencias que han afectado la celeridad de las transferencias. La Contraloría reportó que hasta el 14 de mayo, un mes y medio después de anunciada la medida, solo se había otorgado el 13.3% de los créditos. Resulta urgente que el crédito se haga efectivo de forma oportuna, a fin de evitar el agotamiento de recursos, la precarización de los hogares dependientes de la pesca artesanal y la exposición a situaciones de contagio en medio de la crisis sanitaria que viene golpeando fuertemente al sector.

La acreditación formal, un requisito excluyente

Superada la inexplicable exclusión de cerca de 35,000 pescadores durante la primera etapa del programa, el requisito de acreditación formal de la condición de pescador para acceder al préstamo sigue dejando fuera a muchos posibles beneficiarios. Los postulantes al crédito deben presentar su carné de pesca, patente de buzo, permiso, autorización o certificación vigente, sin embargo, un importante grupo de pescadores artesanales no cuenta con estos documentos o no los tiene actualizados.

Este requisito no toma en cuenta las dificultades inherentes de la acreditación pesquera. Los trámites demandan una serie de costos al pescador por el pago de derechos, por el uso de servicios informáticos y transporte, además de los costos de oportunidad por el tiempo invertido en capacitaciones y seguimiento del trámite. Esto se complica por lo engorroso del proceso, que no solo se debe al letargo de algunas burócratas sino también a la carencia de insumos básicos en sus oficinas. Estas circunstancias pueden hacer prohibitiva la acreditación para personas en situación de pobreza o que viven en zonas alejadas, precisamente quienes más requieren ayuda en crisis como esta. Tal como señala Tito Juárez, presidente del Gremio de Pescadores Artesanales de Parachique.

“Cuando se está en una situacion normal a veces nos demora un certificado, honestamente, hasta 3 meses. El pescador está decepcionado de las autoridades porque imagínate, para sacar un carné de pescador demanda hasta 8 meses, Capitanía que no tiene tinta (...)En realidad esto que estamos atravesando debe llevar a la reflexion a los funcionarios del Ministerio de la Producción, que el problema no es solamente el pescado. No es que el pescador no quiera, el pescador está dispuesto, pero existen falencias”.

Información desactualizada e imprecisa

Un segundo problema en el Programa ha sido la falta de información actualizada para la elaboración del padrón de beneficiarios. El primero se hizo con información del año 2012 de la Dirección General de Pesca Artesanal del PRODUCE, e incluyó a personas que habían fallecido, que estaban no habidas o que ya no se dedicaban a la actividad. Mientras que muchos de los pescadores en ejercicio, incluso aquellos acreditados, reclamaron haber sido excluidos. Posteriormente el padrón fue actualizado con ayuda de las Direcciones Regionales de la Producción-  DIREPRO y la Dirección General de Capitanías y Guardacostas-DICAPI, pero sin duda se generó un grave retraso, además de confusión y desconfianza entre los beneficiarios.

En el panorama de fragmentación institucional de los asuntos que atañen a la pesca artesanal, se evidencia la necesidad de contar con un sistema integrado de información. También de superar las limitaciones de registros estandarizados como los censos nacionales que han mostrado dificultades para capturar el dinamismo y diversidad de la actividad pesquera artesanal–el último CENPAR ya tiene 8 - y para ser herramientas útiles para la elaboración de política pública.

Organizaciones sociales de pescadores artesanales.

Las organizaciones sociales de pescadores artesanales (OSPA), y las Federaciones que las agrupan, vienen planteando propuestas de asistencia a su sector en el marco de la pandemia, así como para mejorar la eficiencia del Programa Especial de Créditos – advirtiendo de sus problemas incluso antes de que manifiesten. Desde un inicio sus representantes han buscado establecer un diálogo con PRODUCE, pero inexplicablemente hasta el momento no han sido llamados para aportar en el proceso. Como señalaba Hilton Guerrero, Secretario de Defensa de la Federación de Integración y Unificación de los Pescadores Artesanales del Perú:

“Al día de hoy nosotros no somos atendidos por el Ministerio de la Producción (…) nosotros hemos hecho llegar cartas de todas las bases del Perú, pero no tenemos una ministra que se ponga acorde con la realidad del sector. Sí o sí nosotros tenemos que salir a laborar, no vamos a estar esperanzados en que el gobierno nos pueda apoyar, si hasta el día de hoy no lo hace. En San Andrés no tenemos ningún infectado de lo que es pesca, de ser así es porque la obligación de nosotros de mantener nuestros hogares nos lleva a la mar”.

Trabajar con las OSPA presenta una serie de ventajas. Ellas tienen presencia y alcance en el territorio, conocen las actividades y condiciones de sus miembros, y mantienen sus padrones al día. Muchas promueven activamente la capacitación y acreditación de sus representados y son canales de comunicación de las medidas del gobierno a los pescadores de las zonas más alejadas. En esta línea, podrían ser actores clave para construir un registro de pescadores artesanales, no perfecto, pero sí más dinámico y con menos sesgos; apoyar a certificar, de manera temporal y por emergencia, la condición de pescador; e identificar a los grupos más vulnerables de la pesca para garantizar que la asistencia se dirija primero a quienes más la necesitan.

La pandemia viene evidenciando que la organización social es fundamental para establecer estrategias a favor de poblaciones más vulnerables. En la pesca artesanal esa organización social además es fuerte, legítima, con gran capacidad de articulación, y con mecanismos propios de regulación. Estas capacidades, en el contexto del Programa de Créditos o de otras futuras intervenciones, pueden ser puestas al servicio del interés compartido de pescadores y el Estado de salvaguardar el funcionamiento del sector y mejorar las oportunidades de los hogares de bajos recursos para evitar hundirse por los efectos de la crisis.