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Una publicación de la asociación SER

Los rectores de la UNSCH en el siglo XIX

David Quichua Chaico. Historiador y Profesor de la UNSCH 

La historia de la Universidad de San Cristóbal de Huamanga en el siglo XIX está por escribirse. Se desconoce la situación de la institución, la de los estudiantes, los ingresos y egresos económicos, las cátedras que impartían, la labor de sus autoridades y los rectores, principalmente el tiempo de su administración, su labor y trascendencia en general.  

Las Actas de los Exámenes que resguarda el archivo del rectorado nos ha permitido establecer la relación de los rectores entre 1832 y 1866, en la que se desenvolvieron nueve rectores, asumiendo el cargo sin un periodo determinado y en su mayoría tuvieron una administración inestable.

Rectores

La década de 1830 y 1840 destacó por un rectorado estable. Entre los años de 1832 y 1844, el doctor José Agustín Larrea asumió el cargo por un lapso de doce años y en la historia de la Universidad es el rector que más años se mantuvo en dicho puesto. Por otro lado, el rectorado del doctor José María Montaño fue efímero entre fines de 1844 a 1845. El doctor José Rivera se desempeñó por un lapso de cinco años (1845-1849).

Hacia la década de 1850 en adelante, la universidad atravesó por un lapso de inestabilidad y desgobierno. El rectorado del doctor Mariano Gutiérrez en los años de 1849 hasta fines de 1850 se caracterizó por las excesivas sustituciones al ser declarado impedido por los problemas judiciales que enfrentaba. En ese contexto, durante los primeros años de 1851 la Universidad pasó a ser dirigida por el doctor Marcelino Cleto y desde mediados del mismo año se mantuvo bajo la dirección de los rectores delegados: Francisco Alvarado que dirigió la universidad desde julio a la primera semana de agosto de 1851; en agosto y los meses siguientes continuó Pedro Ignacio Ruiz; del 31 de octubre al 18 de noviembre de 1851 el bachiller Blas Auguet; y en diciembre del mismo año don Francisco Hurtado. Al año siguiente, la inestabilidad se mantuvo: en los primeros meses del año de 1852 pasó a ser dirigida por Marcelino Cavero; en marzo por Francisco Alvarado; y Pedro Ignacio Ruiz entre el mes de mayo y junio de 1852. Asimismo, en algunas ocasiones el cargo fue asumido por el vicerrector, el doctor Pedro Ignacio Ruiz, pero lamentablemente no pudo continuar en el mandato por su delicada salud y la universidad pasó a ser encaminada por un rector temporal, el doctor José Celedonio Santillana.  

Desde el último mes del año de 1852 hasta 1855, el rectorado recayó en la administración del doctor Pedro Cristóbal del Pozo, quien también se mantuvo frecuentemente con permiso por su enfermedad y en 1853 fue asumido por don Francisco Alvarado. Para los años de 1856 a 1859 las fuentes no evidencian a los rectores que dirigieron a la universidad.

En los años de 1859 a 1866 hubo rectores que asumieron el cargo por un lapso de un año y algunos meses: el doctor José Luis Rivera administró en 1859 y dejó el cargo al doctor Marcelino Cleto Sáez que asumió en 1860, como también entre 1863 a 1864; el doctor José Mariano Alvarado en los años de 1862 a 1863; hacia 1865 dirigió el doctor Mariano Gutiérrez; y en 1866 el doctor Pedro Nolasco Urquizo.

Sobre los años siguientes, que va desde 1867 a 1874 no se dispone la relación de los rectores que dirigieron los destinos de la universidad y posiblemente la mayoría de los ya mencionados asumieron el cargo. Como se puede observar en la tabla anterior, el doctor Marcelino Cleto Sáez dirigió el rectorado en cuatro ocasiones, el doctor Mariano Gutiérrez en tres oportunidades y el doctor Pedro Nolasco Urquizo en dos periodos, siendo el último en 1877, hasta donde se conserva el Acta de Exámenes y en los años posteriores con el inicio de la guerra con Chile, la San Cristóbal atravesó por una difícil situación administrativa y fundamentalmente económica, siendo uno de las razones para su cierre definitivo en 1886.

El rectorado de la Universidad San Cristóbal de Huamanga históricamente es uno de los cargos más inestables, de batallas prolongadas y la responsabilidad más anhelada por propios y extraños. Entre los años 1833 a 1866, hubo rectores que asumieron el cargo por semanas, meses, algunos años y lustros, característica de una de las institución con problemas que era dirigida por rectores con asuntos judiciales y problemas de salud, que en cierta medida perjudicaron la buena marcha de la universidad en el siglo XIX.