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Una publicación de la asociación SER

Mujeres en campaña

La contienda política no es un escenario amable en tiempos de campaña electoral. No obstante, la situación no es la misma para varones y mujeres. Los ejemplos de machismo se suceden en todas partes. Durante las últimas semanas pude recoger varios ejemplos de este tipo de comportamiento en diferentes regiones que, como se podrá ver, afectan a las mujeres que postulan a un cargo público independientemente de su pertenencia a tal o cual tienda política.

En Arequipa, un analista político me comentaba que para muchas personas, la nominación como candidata de la actual gobernadora regional de Arequipa, Yamila Osorio, por el partido Arequipa Tradición y Futuro que lideraba el ex alcalde y ex presidente regional, Juan Manuel Guillén, obedecía a que éste había sido encandilado por la joven política. En opinión de mucha gente, “el atractivo físico” de Osorio y haber sido reina de belleza, serían el principal factor para explicar su victoria en las elecciones.

Desde esa perspectiva, las aptitudes de Osorio, su desempeño como una estudiante destacada en la universidad, la experiencia obtenida como Consejera Regional por la provincia de Camaná, su proyecto político personal (ha declarado que aspira ser presidenta del país) y la estrategia electoral que finalmente la llevó a la victoria, no son relevantes. “Si no fuera una cara bonita, solo sería una más”, me decía uno de sus rivales políticos.

Algo similar ocurre con Rut Huamán, candidata al Congreso de la República en Cajamarca por la Alianza Popular. Huamán es una joven abogada egresada de la Universidad Garcilaso de la Vega y ha sido aprista desde que tiene memoria. Inclusive escribió un libro sobre la ideología de Víctor Raúl Haya de la Torre. Según me cuenta un militante del APRA que viajó a Cajamarca a organizar la labor de los personeros, Rut fue una partidaria sobresaliente entre la juventud del partido en Lima y por eso se apoyó su nominación como candidata, además de que así podría ganar experiencia.

Sin embargo, en Cajamarca, fueron varias las personas que decían que su inclusión en la lista obedecía a que Huamán tenía una relación con el hijo de Jorge Del Castillo. Al preguntar qué sustento había para afirmar ese vínculo, la respuesta era algo así como “Ya vas a verla. Es simpática. Seguro que por eso está con Del Castillo”. Pero las cosas no quedaron ahí. Unos días después, mientras la candidata hacía campaña en Cajamarca, tuvo una entrevista accidentada con un periodista que empezó a hacerle preguntas básicas sobre la historia del APRA, como si la intención fuera burlarse de una mujer a la que muchos consideran solo una cara bonita. Aunque tal vez la reacción de la candidata no fue la mejor, es poco probable que el periodista haga preguntas similares a los candidatos varones.

Las cosas no son distintas al otro lado del espectro político. Un dirigente del Frente Amplio en Arequipa me contaba la gran resistencia que existía en varios de los grupos más tradicionales de la izquierda para aceptar el mecanismo de la alternancia. Lo mismo pasó en Puno, donde varios militantes del partido que lidera Verónika Mendoza señalaban que un candidato al Congreso no aceptaba que otra candidata tuviera un número anterior al suyo. “Yo conozco a mis compañeros y sé que todavía les resulta complicado aceptar que sea yo quien está en la lista”, me contaba con resignación otra postulante de la misma agrupación en la Ciudad Blanca.

Alejandra Aramayo es una de las candidatas al Congreso por Fuerza Popular en Arequipa. Aramayo es una controversial periodista puneña que ha ido ganándose un lugar entre las caras más conocidas de la ciudad desde que llegó hace casi una década. Intentó postular a la alcaldía provincial por el PPC pero fue desembarcada de las elecciones de forma inconsulta. Luego de ello, se acercó al fujimorismo y obtuvo el número 1 de la lista. Su ubicación le ha valido una serie de cuestionamientos por parte de sus propios compañeros de lista y no es raro encontrar ataques en su contra en los medios de comunicación local. Debe ser la candidata que más denuncias tiene en los panfletos arequipeños de estos días. Cuando hablé con ella me dijo que los ataques la volvían más fuerte y que no la iban a distraer de su objetivo de llegar al Congreso de la República. Palabras más, palabras menos, esa es la misma actitud de todas las mujeres con las que he conversado de estos temas.

El problema no es desconocido para Mabel Cáceres, directora de la revista el Búho, y una de las voces más sensatas del periodismo arequipeño: “Si bien hay algunos cuestionamientos fundados, lo que ocurre con Yamila Osorio, Alejandra Aramayo, Ana María Solórzano y otras mujeres políticas tiene mucho de machismo de quienes nos miran por sobre el hombro”, me explica con una mezcla de indignación y preocupación. Cáceres tiene razón. Las críticas y el comportamiento hacia las mujeres que hacen política tiene una carga machista indisimulable. Lo paradójico es que esto ocurre en un país en el que tal vez sean dos las mujeres que disputen la presidencia en segunda vuelta.