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Una publicación de la asociación SER

Mujeres Indígenas, deudas pendientes

Un gran encuentro de mujeres indígenas denominado “Avances y desafíos frente al futuro que queremos”, en el que participan más de 200 lideresas de África, Asia, América Latina, Norteamérica, el Ártico, Rusia y el Pacífico, se lleva a cabo en Lima en estos días y es organizado por Chirapaq y el Enlace Continental de Mujeres Indígenas, instancia de la que también forma parte la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP). Esta Conferencia Global de Mujeres indígenas tiene como propósito analizar los avances en la implementación de las propuestas de las Conferencias Internacionales de la ONU y de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. Constituye asimismo un evento preparatorio para la Conferencia Mundial de Pueblos Indígenas que se desarrollará en el 2014 en Nueva York y en donde deberán plantearse las demandas y propuestas de los pueblos indígenas y de las mujeres indígenas en particular.

La realización de este encuentro en los momentos actuales nos llama a preguntarnos qué está planteándose para las mujeres indígenas del Perú, cuáles son sus demandas, intereses y cómo las políticas públicas que se implementan están respondiendo a sus necesidades especificas, a las problemáticas que ellas como parte de un colectivo enfrentan, y cómo se atienden sus visiones del mundo desde de las diferentes políticas e instancias del Estado. Estas problemáticas, demandas y visiones quedan claramente plasmadas en un documento elaborado por la ONAMIAP a partir de encuentros de mujeres de diferentes organizaciones, que plantean como temas prioritarios Tierra y territorio, Participación política, Soberanía y seguridad alimentaria, Educación y Salud indígena e intercultural y Lucha contra la violencia hacia las mujeres indígenas, entre otros [1] . Deberían tomarse en cuenta, ya que, como lo señala un reciente documento presentado por la CEPAL acerca de las mujeres indígenas en América Latina, el Perú es uno de los países con mayor proporción de mujeres indígenas, que alcanza la cifra de 3,3 millones, de las cuales el 70,3% se encuentran concentradas en la Sierra del país., sobre todo en Puno y Cusco. [2]

No puede decirse que no se conoce algo de la realidad de los pueblos indígenas, pues existe una mediana claridad sobre su situación en el país y las desventajas que viven, como bien lo recoge el diagnóstico que realizó el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social para elaborar la Estrategia de Pueblos Indígenas, en el que se señala:

“Como en otros países latinoamericanos con similares historias de colonización, la población indígena peruana se encuentra en una situación de desventaja socioeconómica estructural. El nivel de pobreza y pobreza extrema para la población indígena a nivel nacional es de 55% y 26% respectivamente, mientras que para la población cuya lengua materna es el castellano es de 8% y 29% (Benavides, Mena et al. 2010). La brecha étnica se incrementa considerablemente si se compara la población castellano-hablante con aquella que habla una lengua amazónica: la incidencia total de pobreza y pobreza extrema entre indígenas amazónicos es de 81% y 41% respectivamente (Benavides, Mena et al. 2010). Es importante señalar que, aunque la mayoría de la población indígena reside en áreas rurales, la explicación de estas inequidades no se agota en las brechas existentes entre la realidad urbana y rural del país.” [3]

Un ejemplo de las brechas lo tenemos con claridad si revisamos los datos del Censo 2007, relacionando lengua y género, de los que se desprende que han alcanzado el nivel de educación superior (entre universitario y no universitario) sólo un 7.7% de mujeres quechuahablantes, un 8.3% de aymaras, un 3.7% de asháninkas y un 6.4% de hablantes de otras lenguas amazónicas, a diferencia del 34.8% de mujeres que tienen el castellano como lengua materna. [4]   Y por citar otro ejemplo que encontramos en el documento de la CEPAL, si nos referimos a la categoría de trabajadores sin remuneración en el Perú, las mujeres indígenas triplican a las no indígenas (21% frente al 7%). [5]

La indefinición que vivimos debido a que existe poca voluntad política de implementar el derecho a la consulta permea todas las discusiones y reflexiones que se hacen sobre pueblos indígenas y no sólo limita avanzar en la aplicación del derecho a la consulta en áreas que no tienen que ver con proyectos extractivos, sino que invisibiliza las diferentes problemáticas que deberían ser objeto de políticas públicas y que afectan a los hombres y las mujeres indígenas. No aporta tampoco en el análisis de los nuevos impactos que pueden darse, por ejemplo, cuando se inician grandes proyectos en los territorios donde habitan y cómo estos afectan de manera distinta a hombres y mujeres. Así tenemos, por ejemplo, que una problemática que está alcanzando dimensiones cada vez mayores es la de la violencia hacia las mujeres, tanto en las urbes como en las zonas rurales. Según el documento elaborado por CEPAL mencionado antes, en el Perú alrededor de un 37,6% de las mujeres indígenas han sufrido alguna vez violencia física o sexual a manos de la pareja y un 15% en los últimos 12 meses, sin que tengan muchas posibilidades de acceder a justicia, o denunciar su situación. [6]

Esta data está referida esencialmente a la violencia que se da entre hombres y mujeres en la pareja, y no a las otras formas de violencia que se viven cotidianamente y que tienen que ver, por ejemplo, con los impactos de proyectos extractivos o con la presencia de actividades ilegales, en donde el aumento de trata con fines de explotación sexual es una problemática que afecta sobre todo a mujeres jóvenes, adolescentes y de comunidades.

En los Lineamientos de políticas públicas para la “Agenda Nacional de las Mujeres indígenas” [7] , se plantea también que el Estado no tiene los instrumentos ni los mecanismos para ofrecer una atención adecuada y pertinente culturalmente para las personas indígenas, y menos para las mujeres, víctimas de violencia. En relación al Plan de Igualdad de Género, por ejemplo, Gladis Vila, presidenta de la ONAMIAP, dice: “Ahí sí analizamos profundamente, no hay nada que hable sobre mujeres indígenas. Entonces, hay un vacío. Si bien es cierto que se pueda decir que es igualdad de género pero no está el componente cultural que podamos tener.” [8]  algo que es clave para que las respuestas a esta problemática sean pertinentes culturalmente.

En ese sentido, la deuda que se tiene con las mujeres indígenas en cuanto a su ejercicio de derechos no sólo se saldará, como podemos ver, con la Ley de consulta previa, que de paso, debemos señalar, tampoco plantea con claridad cómo ellas van a participar y cómo sus voces y posiciones van a ser incorporadas. También es necesario que existan espacios en donde las mujeres indígenas puedan colocar sus puntos de agenda, es fundamental que participen en el diseño e implementación de las políticas, que se escuche su voz y que se visibilice su presencia. Son éstas condiciones claves para avanzar en el reconocimiento de derechos, sobre todo cuando se sigue hablando tanto de inclusión, lo que debería implicar, como dicen Subirats, Alfama y Obradors (2009) “activar colaboración, generar incentivos, construir consenso y al mismo tiempo aceptar los riesgos” y “para todo ello, las personas y los colectivos han de tener la oportunidad de participar desde el principio en el diseño y puesta en práctica de las medidas de inclusión que les afecten” [9]  y no sólo poner el foco en los programas sociales por muy exitosos que éstos sean.

Hay que visibilizar las propuestas de las mujeres indígenas, sus visiones del mundo, abrirse a la escucha y al conocimiento y reconocimiento, de los otros y de las otras de modo que podamos conocer sus experiencias y compartirlas en todos los espacios También es importante que los espacios que se generen, tanto desde el Estado como de instituciones de la sociedad civil, no sean cotos masculinos, académicos y urbanos únicamente, cómo ocurre con frecuencia, sino que en ellos se garantice la presencia y la voz de las mujeres indígenas. Es por otra parte fundamental que las propuestas que se plantean en espacios como la Conferencia Global de Mujeres Indígenas que se está llevando a cabo ahora en Lima no queden en documentos que se llevan a los encuentros internacionales, sino que se expresen en las políticas públicas, en acciones concretas orientadas a reconocer y avanzar en el ejercicio de derechos de las mujeres indígenas y a propiciar su participación en todos los espacios en el país. Esto sería una buena forma de ir pagando la deuda pendiente con los pueblos y las mujeres indígenas.
 

NOTAS:

1.  Lineamientos de Políticas Públicas para la agenda nacional de mujeres indígenas, ONAMIAP, 2012. Se puede consultar en línea en www.onamiap.org.
2.  Mujeres Indígenas en América Latina. Dinámicas demográficas y sociales en el marco de los derechos humanos, Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) - División de Población y División de Asuntos de Género de la CEPAL, 2013.
3.  Planas, María Elena y Vattuone, María Elena, Estrategia de Pueblos Indígenas, Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, 2012. http://documentos.bancomundial.org/curated/es/2012/10/16901193/peru-pe-social-inclusion-tal-indigenous-peoples-plan-peru-estrategia-de-pueblos-indigenas
4.  Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Perfil demográfico del Perú, Segunda edición, Lima, 2008.
5.  Mujeres indígenas en América Latina, doc.cit.
6.  Idem.
7.  ONAMIAP, doc. cit.
8.  Comunicación personal, 29 de marzo de 2013.
9.  Joan Subirats, Eva Alfama y Anna Obradors, “Ciudadania e inclusión social frente a las inseguridades contemporáneas: la significación del empleo”, en Documentos de Trabajo, Fundación Carolina, No 32, 2009