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Una publicación de la asociación SER

Patria Roja

Algunas evaluaciones de los resultados de las recientes elecciones municipales y regionales en la izquierda han remarcado, gruesamente, la derrota de quienes optaron por respaldar la reelección de Susana Villarán, y el triunfo del MAS en Cajamarca, como si ambos casos fueran la confirmación de errores y aciertos de una estrategia reformista y otra radical, respectivamente. Pareciera, por momentos, que resucitan las alas que habían agitado y agotado a los zurdos a lo largo de los años 80, para terminar por los suelos con la división de Izquierda Unida, en el verano de 1989.

Mientras que Gregorio Santos, del MAS-Patria Roja, en Cajamarca, obtuvo 288 mil votos que significaron el 44% de los válidos, el Frente Amplio, que reunió al resto de la izquierda y presentó listas en once regiones, obtuvo apenas 82 mil votos; es decir, un promedio microscópico de 1.1%. Es más o menos evidente que en Cajamarca la gente premió la consecuencia en la lucha por la defensa de los recursos naturales, frente al entreguismo del gobierno y su alianza con la empresa Yanacocha. Lo que es menos evidente es la persistencia en errores del pasado para construir un frente.

Esto trae a la memoria que, en la década pasada, con el Movimiento Nueva Izquierda, Patria Roja ganó el gobierno regional de Madre de Dios, en el 2002, y el de Pasco, en el 2006. Ambos fueron rotundos fracasos en una gestión ineficaz -y hasta corrupta en el primer caso[1]-, de las que, ni Patria ni el resto de la izquierda, hicieron la autocrítica, ni aprendieron ninguna lección.

Entonces, no se entiende cómo el electorado de Cajamarca puede ser cualitativamente distinto del de Madre de Dios, Pasco o Lima, pues según el dirigente Diego Neyra, las rondas campesinas, sustento del MAS,  “no se ven ya como sujetos necesitados de un intermediario político frente al Estado, sino que participan de estas organizaciones (MAS y Patria Roja) en cuanto son catalizadores de un conjunto de prácticas, estilos y concepciones que expresan su voluntad de poder”. Más aún, “… la importante votación alcanzada por proyectos anti neoliberales, en Puno (con Walter Aduviri) y en Moquegua (con Zenón Cueva), -no mencionan a Mollohuanca, de Tierra y Libertad, en Espinar- podrían significar la consolidación de una serie de resistencias e insurgencias análogas a la de Cajamarca, de cuya articulación dependería la disputa por el poder en los próximos años en el Perú”[2].  Esta sobrevalorización subjetiva paga tributo a una visión maximalista; votos a los que se les cambia de naturaleza, cuando, por otro lado, en el mismo escenario, las dos vertientes del fujimorismo obtuvieron 200 mil votos (30.6% de los válidos) y el mismo número de alcaldías distritales que el MAS.

Ciertamente, la izquierda no está disputando el poder en el Perú. Ni eso creían los Ciudadanos por el Cambio, en el 2011, antes del viraje de la pareja presidencial. Lo que tenemos es una mayoría nacional relativamente pasiva frente a “las bondades del modelo” y que trata de ser persuadida por los corruptos de la política, que ganaron la guerra sucia en los años 90. Frente a ellos se yerguen grupos minúsculos y dispersos de izquierdistas y liberales demócratas. ¿Es hora de reeditar la táctica de Ravines, de “clase contra clase”, o más bien se trata de enfrentar la contradicción principal, buscando aliados hacia el centro del espectro político? ¿Se trata de perfilar la línea correcta, creando el MAS en San Martín y abandonando, en Nueva Amazonía, la lucha que fue construida con el concurso de la izquierda sanmartiniana, que perdió el pase a segunda vuelta frente al fujimorismo y al aprismo?[3]

Patria Roja crió mala fama en los 70, cuando el estilo confrontacional y sectario de los pekineses –como se autodenominaban sus militantes- rompió, con frecuencia, en universidades y el magisterio, esfuerzos unitarios en una izquierda diminuta y dispersa. Con el fenómeno Hugo Blanco, que hizo multiplicar a la izquierda en la coyuntura de la Constituyente del 79, Patria entró a regañadientes a la lucha legal, ganando con el UNIR  diputados y alcaldes que no abandonaron un discurso radical, que apenas se distinguió del discurso senderista. Sin embargo, con los años y los muertos que le infringió Sendero, la dirección de Patria evolucionó lentamente hacia un discurso democrático radical, aunque la práctica de sus bases quedó anclada en el pasado, aquel que proponía agudizar las contradicciones en todo tiempo y lugar y creía que la democracia es pura formalidad vacía.

En la coyuntura 2010-2011, Patria Roja buscó la alianza con Fuerza Social y Ollanta Humala, con resultados diferentes. Por un lado,  ofreció la cobertura del Movimiento Nueva Izquierda para inscribir la candidatura de Susana Villarán, antes de que fuera aceptada la inscripción de Fuerza Social (que a su vez había reunido a cinco o seis movimientos regionales) en el Registro de Organizaciones Políticas, ROP. Se llegaron a realizar elecciones internas, con ella a la cabeza, en las que participaron también, como parte de la alianza que respaldó su candidatura, Tierra y Libertad y Lima para Todos. (Ya forma parte de nuestra pequeña historia de la infamia, el desaire que una Villarán victoriosa y desagradecida propinó a Patria Roja, a quien desconoció como aliada, a los pocos días de su triunfo).

Sus conversaciones con Humala tampoco  llegaron a buen puerto: en el verano del 2011, aislada y chamuscada por estas experiencias, la dirección de Patria Roja bien pudo echar mano del fácil recurso de tener su propia candidatura y encerrarse, pero decidió abstenerse, viendo a numerosos izquierdistas ganar con Humala, para aguardar una nueva oportunidad.

Veinte años después de la contrarrevolución neoliberal, reducido a casi cenizas, el movimiento sindical urbano, y desactivado el movimiento comunero de la sierra, los cenáculos de la izquierda se encuentran nuevamente dispersos y enfrentados entre sí. Patria Roja se mantiene –aunque disminuido-, con un funcionamiento regular a escala nacional. Hoy por hoy, hasta Aldo M. y Jaime de Althaus reconocen a Patria Roja como el único partido de izquierda digno de ese nombre, aunque se resistan a admitir que se trata de la primera línea de contención del senderismo y sus epígonos, en las universidades y el magisterio, allí donde los otros partidos democráticos no dan la lucha.

Con un precario sobreviviente de la debacle de la Unión Soviética, como el PC-Unidad, que acompaña a un movimiento sindical profundamente debilitado; muerto Javier Diez Canseco, el  líder mariateguista, la posibilidad de una izquierda viable, democrática pero radical, rebelde pero a la vez responsable, plural, flexible y moderna,  tan necesaria para el sistema político peruano, pasa ineludiblemente por Patria Roja. Raúl Wiener ha dicho: “Patria Roja representa un activo fundamental para la izquierda” que no puede ser ignorado.

Los primeros en darse cuenta de eso debieran ser los mismos posmarxistas e izquierdistas moderados que tienen una concepción distinta de la maoísta. Un elemental realismo debiera moverlos de sus estáticas clasificaciones y prejuicios, de manera que pudieran convencer a los radicales de hacer política hacia el centro y hacia la derecha, para evitar que los corruptos ganen en el 2016; no sólo incluyendo a Patria Roja, sino siendo conscientes de que ella debe jugar un papel protagónico, para canalizar el feeling izquierdista intermitente de millones de peruanos, que ha ido buscando distintos referentes en los últimos 20 años: Pérez de Cuéllar, Toledo, Humala…


[1]Rafael Edwi Ríos López, escogido por la dirección de Patria Roja como candidato del MNI, fue elegido presidente en el 2002, y luego enjuiciado y hallado culpable por los delitos de peculado (Exp. 213-2008), malversación de fondos (Exp. 218-2005)  y falsedad (Exp. 159-2005), según informa Infogob. Ahora, reencauchado, apareció como candidato a presidente regional, con la camiseta del Partido Popular Cristiano.

[2]Diego Neyra “Las fuerzas ocultas de la revolución” en Patria Roja N° 174, nov. 2014, p. 6.

[3]Lay, Roberto “Elecciones 2014: Avanzó la derecha, retrocedieron las fuerzas del cambio” Ms. Octubre 2014, 20 pp. Texto de balance de las elecciones en el departamento de San Martín.