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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

Persecución

Persecución es la palabra del momento. La que parteaguas en Lima y en Montevideo. El último holograma salido de la mente de nuestro mago mayor. Persecución. Los detractores del emperador dicen que es el taparrabo con el que quiere ocultar su desnudez. Es una palabra mágica, que toca hondos resortes en la sufrida militancia: Chan-Chán, El Callao, Odría, El Sexto. Es la palabra que a los ex tupamaros uruguayos les pinta el cuadro de la situación política de cualquier país. La que a los viejos cristianos, a los judíos, a los inocentes hace temblar. La que puede hundir o salvar al precario andamiaje de la Plaza Bolívar y hasta al mismo presidente. La tabla salvadora a la que pueden aferrarse todos los náufragos del Odebrecht, antes de que el Mundo Submarino los reciba. La palabra, en fin, que lo conecta -quién lo diría- con el otro AG.

Pero el holograma tiene problemas, vibra, pixelea, se apaga por segundos, es inestable. Primero, porque sólo unas horas antes de sacarlo a relucir como brillante espada, el Emperador había dicho que era un placer quedarse en la madre tierra de sus amores, disfrutando de su gastronomía y amistades por doquier. Que la resolución de un pequeño juez era más bien una invitación, antes que un castigo. Que los ladrones huían, que se iban a París a disfrutar de sus millones. Que él no había nacido para ladrón y que en todo caso, ¡que presenten pruebas, pues, imbéciles!

Segundo, nuestro mago mayor olvida que sus trucos ya son conocidos. Tan, pero tan conocidos, que solo a menos del seis por ciento de la sufrida militancia pudo convencer en las pasadas elecciones. Seis puntos, Magaly, seis puntos. Más fueron los que votaron por Jorge, por Lucianita, por Moríz, por QuisKong que han mantenido encendida la llama, aunque estén medio chamuscados por las malas juntas.

En tercer lugar, porque han salido algunos respondones a desdibujar la palabreja, a quitarle el brillo del fogonazo atarantador y poner las cosas al nivel de las aguas mansas. Primero salió de las catacumbas el hermano de la Gran Amenaza del 2021, el telúrico, a decirle al presidente uruguayo –a quien también conoce personalmente- que él, que ha estado preso nueve meses con su esposa y sin sus menores hijos, puede dar fe que no existe tal persecución política. Luego, descendió a la terrenal coyuntura el nuevo Cardenal de la Santa Madre Iglesia –el que trae una nueva orden de alineamiento, distinto del que impuso el que se va- para decir que el emperador había mentido a todos. ¿Habráse visto? Por último, y esto es lo que más le duele por el efecto que puede tener no sólo en Montevideo sino en Itamaraty, en la OEA, en Washington y hasta en el mismísimo Consejo de Seguridad de la ONU, pues es uno de los diplomáticos de más alto vuelo entre sus pares; ha salido a hablar –poco, denso, fino - el que fuera su Canciller en sus dos gobiernos. Y ¿qué ha dicho? Que lamenta mucho que no sea un ciudadano y se someta a la justicia y que no existe persecución por ningún lado.

Falta nomás que el desorden mental del partido naranja tome algún sentido para salir del embrujo. Si bien, haciendo honor a su nombre, la ex presidenta del Congreso ha destacado la diferencia entre el Emperador y la Heredera en lo que a médula, valor y aprecio se refiere, una tal Beteta insiste en que la siguen persiguiendo y que la prueba está en que el jefe supremo del fiscal atormentador es mal visto por el premier. Tal parece que el nuevo réprobo selvático al que los naranjas ven como a una mandarina, tiene razón: los naranjas, sin darse cuenta, le han hecho el trabajo al Emperador y ya es hora que se despierten y piensen si van a seguir en la confrontación –de la que serían los próximos perjudicados- o van a dar una cierta estabilidad para llegar al 2021. Quién sabe lo que pasará.