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Una publicación de la asociación SER

Política cultural: tarea urgente

No es una novedad referirnos a la cultura y al sector público correspondiente como una de las últimas ruedas del coche de los gobiernos. Junto a la educación ambas constituyen temas y sectores marginales traducidos en insignificantes presupuestos e irrisoria prioridad en la agenda política y, por lo tanto en las políticas públicas. Convertido en resultados, la educación se ha vuelto más precaria y la cultura está más desvalorizada.

Vale recordar la Visión que se propuso el Ministerio de Cultura como: “una institución moderna, reconocida como eje fundamental del desarrollo cultural del país, promoviendo la ciudadanía intercultural, la integración social, la protección del patrimonio cultural de la nación, y que fomenta el desarrollo de las industrias culturales y la creación cultural facilitando un mayor acceso a la población a los productos culturales y afianzando la identidad peruana, contribuyendo al desarrollo económico y social.”. O su Misión, como el “ente rector del Sector Cultura responsable del diseño, establecimiento, ejecución y supervisión de las políticas nacionales y sectoriales del Estado en materia de cultura, a través de las áreas programáticas de Patrimonio Cultural de la Nación, la gestión cultural e industrias culturales, creación cultural contemporánea y artes vivas y la pluralidad étnica y cultural de la Nación; así como también, de los sistemas funcionales en el ámbito de la Cultura. (PESEM 2012-2016).

Y recordemos también los Objetivos Estratégicos del Sector: 1) Institucionalizar los derechos de los pueblos indígenas y población afroperuana; 2) Construir una ciudadanía intercultural y evitar la discriminación étnica racial; 3) Identificar, proteger, salvaguardar y promover el Patrimonio Cultural de la Nación; 4) Promover las Industrias Culturales y Artes Nacionales; 5) Estimular la creación y difusión del arte y la cultura a la mayor cantidad de la población (descentralizado); y 6) Fortalecimiento de la gestión institucional

No está demás reconocer que los logros alcanzados por el Sector son bastante modestos y están muy lejos de significar impactos que requerirán inversiones presupuestales y cambios en la calidad de ciudadanía. Basta mencionar con mucho pesar la incomprensión y el desinterés por estos temas de la mayoría de congresistas, no solo ajenos en sus planes de gobierno sino en su propia actuación como representantes políticos. A esto se suma que muchos de los logros, enunciados por la anterior gestión ministerial del gobierno actual, son un listado desordenado y sin ponderación de un conjunto de actividades antes que una rendición de cuentas que se adecue al menos a lo que el MEF promueve como gestión por resultados.

Y es que poco se puede hacer si, desde el lado presupuestal, lo destinado al Sector para el año 2017 asciende a S/ 500´114,169 Soles, lo que representa el 0.35% del Presupuesto General de la República (PGR), así como se lee. De ese monto el 63% corresponde a recursos ordinarios (es decir el 0.22% del PGP) y la diferencia (37%) a recursos directamente recaudados, es decir sujeto a lo impredecible. Una vez más un indicador de cómo y cuánto se valora la Cultura en el país.

Algunos datos más de preocupación, desde lo presupuestal: La Biblioteca Nacional del Perú. (BNP), entidad adscrita al Sector, debiera recibir para el 2017 unos 36 millones de soles, equivalente al 7.2% del total de su presupuesto, lo que en comparación con el PGR alcanza a la magra cifra de 0.025%, contradictorio para un  país ubicado en los últimos lugares en lectoescritura en América del Sur, según  la OCDE, a la cual el país quiere acceder.

Uno de los aspectos mencionados en varios de los objetivos estratégicos es el de la participación e involucramiento de la ciudadanía, dado que es obvio que sin ella poco se puede lograr, además que la construcción ciudadana constituye un factor clave en el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática. Vista en números la inversión pública en diversos componentes relacionados con la participación de actores sociales, apenas llega a menos del 1% del total del presupuesto del Ministerio en mención. Si ese es el caso, ¿Cuánto se puede cumplir con los objetivos del sector Cultura con tan exiguos recursos? Las propias autoridades del sector reaccionan de la misma manera al momento de hacer el análisis de su problemática: insuficiente presupuesto para la recuperación y defensa del patrimonio cultural, recursos adicionales otorgados para fines específicos (quizá para la construcción del cuestionado nuevo Museo Nacional en Pachacamac), proyectos de inversión programados sin asignación presupuestal y limitadas competencias para la gestión.

Finalmente el documento del Ministerio de Cultura al que se hace alusión señala los retos (los pendientes prioritarios para ser más claros), tales como abatir la discriminación, fomentar la creatividad social, en todas las áreas de la sociedad, asumir la cultura como un valor de integración como país, mejorar la convivencia (tan lejos de lograrlo con un Congreso cuya mayoría retardataria rechaza, por ejemplo, que se legisle por el respeto a la diversidad sexual, contra el feminicidio y los crímenes de odio), entre otros aspectos.

Sin hacer un mayor comentario de las posibles carencias de la propuesta del sector, parecen plausibles los ejes estratégicos señalados por el Ministerio de Cultura a implementarse en el 2017, referidos a: construir un nuevo nivel de conciencia del país (sobre identidad y patrimonio cultural);  generar un plan nacional de cultura entre los tres niveles de gobierno; fortalecer la conciencia cultural del país; establecer asociaciones estratégicas entre sociedad civil, sector público y sector privado; promover políticas de interculturalidad transversal y lograr un estado multicultural y multilingüe; así como transformar el Ministerio de Cultura para que esté a la altura de tales desafíos.

Sin embargo la pregunta e inquietud que subyace, quizás con respuesta obvia adelantada es si el Sector podrá asumir con eficiencia y conciencia tales estrategias, no solo porque su presupuesto es escaso sino porque no constituye una preocupación prioritaria del Gobierno Nacional, menos de la mayoría parlamentaria -muy mediocre en estos temas- ni forma parte de las prioridades de los Gobiernos Regionales y Locales como para que se traduzcan en una agenda y demanda descentralista.

Queda la esperanza de que las organizaciones sociales generen mayores mecanismos de presión y de movilización sobre estas acciones. Quizás se puede esperar que el actual Ministro de Cultura asuma un mayor liderazgo y amplíe sus espacios de negociación, así como sus relaciones y alianzas con  la sociedad para construir mejores condiciones y oportunidades que hagan de la Cultura, entendida a cabalidad, un factor clave en el desarrollo de nuestros pueblos.