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Una publicación de la asociación SER

Política sin desarrollo, desarrollo sin política

“¿Cuán beneficioso puede ser un plan con diagnósticos y recetas para un país que probablemente dejó de existir hace 30 o 40 años?”.  Luis Davelouis lanza esa pregunta para señalar que el Plan de Gobierno del FA se parece al de “la gran transformación”. Esta pregunta revela más de las creencias y miedos de Davelouis que del grado de coherencia y “realismo” del Plan de Gobierno del FA. Pone en evidencia la preferencia/falencia de varios de los columnistas de opinión, de hacer análisis político sin tocar los supuestos que sostienen determinadas doctrinas de desarrollo y bienestar: sus miedos (puestos de manifiesto en esa pregunta) son la expresión de un análisis político sin el análisis de “los discursos de desarrollo”.

La pregunta de Davelouis revela  que su diagnóstico y visión de políticas de desarrollo no parecen distanciarse mucho de la visión de quienes le pusieron la camisa de fuerza a Ollanta Humala para que se atenga a una Hoja de Ruta que introducía de contrabando algunos sacrosantos principios de política económica, que han estado vetados para la discusión pública y política porque son considerados por los -¿muy abiertos al dialogo?- tecnócratas de la derecha como muy complejos o sagrados como para ser discutidos y/o entendidos por “la plebe” (esa que confirma la hipótesis neoclásica del homo economicus que solo quiere “pan y seguridad” - A Maslow y sus seguidores les gusta esto)

La política que promueve el neoliberalismo (y las corrientes de análisis político que sustentan con “evidencia científica” decisiones de política estatal) es una política sin desarrollo, porque “política y economía deben ir por cuerdas separadas” (tú puedes desangrarte con tu rival político para llegar al poder y luego recuperar tus “modales democráticos” pero ninguno de ustedes debe tocar los principios  del modelo de desarrollo), lo que se entiende por “desarrollo y bienestar” ya ha sido “resuelto”, aun cuando los epicentros del “desarrollo”, que tratamos de emular, estén en crisis hace ya varios años y sus ciudadanos estén buscando alternativas de bienestar.

El desarrollo que promueve el neoliberalismo, es un desarrollo sin política, porque el desarrollo debe ser dejado en manos de “los expertos”, nosotros solo dediquémonos a elegir entre el variopinto “mercado electoral” que nos ha tocado sufrir. Busquemos tecnócratas con más ética o más corazón porque las fallas del modelo se atribuyen, no a los principios del modelo sino a los errores morales de algunos de sus ejecutores.

Davelouis cierra su artículo con preguntas importantes: “¿Cómo podría el “dueño de la verdad” ceder ante las demandas de la oposición o siquiera admitir su existencia cuando está en juego “el bien común”? ¿Cómo ser democrático cuando se piensa que todos están equivocados menos uno? ¿Cómo ser empático y lograr consensos si se tiene dificultad para asumir la propia falibilidad?”

Esas son preguntas trascendentales porque el Perú las ha sufrido en los últimos 25 años, con políticos y tecnócratas liderando una cruzada (a sangre y fuego) por el “desarrollo neoliberal”. Estas preguntas son además fundamentales porque deberían ser orientadas a quienes seguirán detentando un poder real al margen de quién llegue al gobierno, esos que controlan los medios de comunicación masiva, aquellos que (hasta ahora) pueden poner y sacar ministros con una llamada telefónica, esos que han sido evangelizados en los principios del libre mercado en los principales centros de (de)formación del mundo y buscan más desregulación para no tener que ocultar ¿su dinero? en “paraísos fiscales”. Estas preguntas son fundamentales porque la mayor amenaza para que fuerzas de izquierda expongan sus ideas y programas al debate público y los implementen si llegan al gobierno no está tanto en la (siempre posible) cerrazón de algunos de sus miembros, sino más bien del lado de quienes concentran el poder económico en nuestro país y que de apertura al dialogo tienen muy poco. Estos harán lo que sea para que las cosas no cambien. Repito, lo que sea.