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Una publicación de la asociación SER
Nacido en Chanchamayo. Estudió Ciencia Política en la Universidad de San Marcos y Periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Es consultor y editor.

Problemática cafetalera: planes, créditos y paros

Al iniciarse la segunda mitad del siglo XX la producción cafetalera en la selva central generaba muchas expectativas. En los años cincuenta el precio del producto subió vertiginosamente. En los setenta se constituyeron las primeras cooperativas agrarias haciendo que los productores organizados, sin intermediarios ni acopiadores, ofrezcan y vendan sus cafés en los mercados internacionales. En la selva central se producía casi el 50% de la producción nacional teniendo como espacio articulador la ciudad de La Merced, a la que se la denominó «La capital cafetalera del Perú».  

Esto ocasionó una ola migratoria masiva, la ampliación de la frontera agrícola, el fomento de otras actividades agroindustriales, un movimiento crediticio importante, el reordenamiento político-administrativo a través de la creación de provincias y distritos, etc. Nadie imaginó que aquellas décadas de prosperidad terminarían. A partir de la década de 1980 los caficultores sufrieron cuatro golpes letales: las modificaciones de la ley de cooperativas agrarias, los atentados de grupos subversivos, el inicio de la degradación de los suelos y la aparición de la plaga de la «broca del café».

A inicios del siglo XXI el estancamiento económico conllevó a que algunos agricultores apostaran por productos alternativos, otros pocos invirtieron en la formación de empresas sobretodo en el rubro del turismo, pero la mayoría continuó con sus sembríos de cafetales. Con los problemas propios que acarrean el minifundio y la fluctuación del precio internacional del café, los campesinos demandaron con paros la intervención inmediata del Estado. Este respondió con declaratorias en emergencia y la implementación de préstamos a través de Agrobanco. Se estima que desde el 2010 la deuda adquirida por los cafetaleros de la selva central es de 130 millones de soles, beneficiando a 12 mil familias.

Sin embargo en el mes de octubre último, un gran número de caficultores organizaron un paro obstruyendo el tránsito en la Carretera Central, en el tramo del puente Huacará en el distrito de San Ramón. Los hombres del campo exigen la exoneración total de la deuda que adquirieron, debido a que, según ellos, fueron condicionados por Agrobanco a cultivar una variedad de café que no resistía a la plaga de la roya amarilla, por lo que las plantaciones se estropearon y la rentabilidad fue nula. Los caficultores pidieron la presencia del presidente Vizcarra, pero quien llegó fue el ministro de Agricultura y Riego. El funcionario manifestó que las condonaciones de deudas no está entre las facultades del Ejecutivo, y que el compromiso firmado con sus dirigentes durante casi un día de trabajo fue la de suprimir los interés de crédito y reajustar los plazos de pago. Los agricultores en masa, protestaron, desacreditaron a sus dirigentes que, según manifestaron, defraudaron su confianza al aceptar la firma de esos compromisos y amenazaron a los funcionarios que cultivarían coca en lugar de café.

Con acuerdos firmados pero no legitimados el problema cafetalero una vez más no ha sido resuelto. Mientras el caficultor no tenga financiamiento ni apoyo técnico, mientras sus cafés sigan cotizándose como convencionales y no como cafés especiales u orgánicos, mientras los precios de sus productos sigan dependiendo de la Bolsa de Valores de Nueva York tampoco se resolverán. Sin un cuidado adecuado de los suelos, sin planes de contingencia con productos alternativos, sin responsabilidad de asumir créditos, sin una buena organización local, regional y nacional los mismos agricultores no contribuyen a solucionar sus problemas. Por su parte, desde los gobiernos locales y regionales anualmente se organizan ferias y ruedas de negocios; y desde el gobierno nacional se lanzan planes y programas. Pero nada de esto servirá, si es que no existe un verdadero consenso entre las instituciones del Estado y la organización cafetalera a nivel nacional: en el corto y mediano plazo se publicarán más planes gubernamentales desconocidos, y se mantendrá una organización de productores débil y fragmentada.

Paro cafetaleros