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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Promesas hacia el bidet

En el verano era el caos. En la desesperación, la carta del gobierno en la mesa fue un supuesto diálogo. Que si evaluarían el sueldo mínimo, que intervendrían la DINI y no sé cuántas cosas más. Luego, la entonces primera ministra Ana Jara fue censurada. La sacaron. Llegó Cateriano. La crisis se veía cada vez más cerca. Muchas periodistas incluso la azuzaban. Pasaron los meses, llegamos al último año del gobierno y si bien la popularidad del alicaído presidente sigue cayendo, la crisis que muchos invocaban nunca llegó. Dicho sea de paso, a las promesas del famoso diálogo también se las llevó el viento, como a tanto en este gobierno.

La sensación actual es que seguimos en un piloto automático descendente y ahora incluso con el fujimorismo en el Congreso. Este 28 de julio, cuando Humala tuvo una oportunidad de demostrar que había aprendido aunque sea un poco, que no estábamos en picada, que tanta tempestad había servido de algo, hizo lo único previsible de su gobierno: Nos siguió decepcionando.

Abrió el día, la ceremonia religiosa católica, en la que el líder de esa iglesia llamó “espiritualmente enfermos” a quienes según él atentan contra la familia, el matrimonio y la vida, mientras el presidente y su esposa lo miraban atentos y sin inmutarse.

En el caso de los avances en educación, el esperado discurso presidencial fue la lectura de un excel matizado con nombres, como para darle un tono cálido y personal. No convenció. La descripción del avance de cada uno de los programas sociales tampoco. No solo por las múltiples denuncias de cómo estos no llegan o llegan mal a las personas más pobres, sino porque pese a ser necesarios para un país que aún sigue con altas tasas de desnutrición y anemia infantil, el manejo político que se hace de ellos continúa petardeando la ciudadanía de las personas. Y esto lo ve todo el país, y sobre todo lo saben quienes reciben estos programas,  son tratados como “beneficiarios” (de una ayudita de papá gobierno) y son usados como público obligado en cada evento ministerial o presidencial. No en vano, el último año, Humala ha paseado por varias regiones del país, hablando desde tribunas a portátiles conformadas por las miles de personas “beneficiarias” de los programas sociales.

Y claro, las grandes reformas brillaron por su ausencia. No se sabe con certeza qué hará el gobierno para combatir la corrupción o la inseguridad ciudadana. Sobre este último tema, el anuncio de que la Policía no podrá usar uniforme en sus días de franco sonó a que el MEF no ha dado la autorización para eliminar el 24 por 24. Otro de sus anuncios fue que el narcotráfico ya no es un poder paralelo en el VRAEM, versión que fue desmentida con datos claros y rigurosos por el portal Ojo Público.

Los temas urgentes tampoco fueron mencionados. Sabemos que llegará el Fenómeno del Niño, pero ni escuchamos un mínimo párrafo qué nos revelara qué se está haciendo al respecto. Más de cien niñas y niños han muerto este año por las bajas temperaturas en la sierra peruana, pero el presidente no se dio por aludido. El feminicidio solo apareció cuando el mandatario señaló los agravantes del delito de sicariato (como siempre, fijándose en la sanción y no en la prevención. ¿No se dan cuenta de que no queremos morir?), y sobre las mujeres solo dijo una frase hueca para reconocerles un rol como motores del desarrollo, pero cero medidas para evitar las muertes maternas, el embarazo adolescente -que en este gobierno ha seguido incrementándose-, las violaciones sexuales, la violencia de género, o para atender tantas demandas urgentes, como incrementar nuestra salud, educación o participación política.

Los temas de derechos humanos tampoco se escucharon, ni creo que se escuchen este año de boca del aún presidente. Ollanta Humala no dijo nada sobre la necesidad de encontrar a más de 15 mil desaparecidos durante el conflicto armado, incluyendo a los de Madre Mía; tampoco acerca de la urgencia de conformar una Comisión de la Verdad para las mujeres víctimas de esterilización forzada, o sobre la despenalización del aborto por violación, la unión civil y la investigación y sanción de las muertes ocurridas durante las protestas sociales por conflictos con las industrias extractivas. Estas y otras tantas demandas de la ciudadanía fueron olvidadas en este último mensaje presidencial. Y mientras todos estos silencios eran llenados con los gritos de la portátil llevada por el nacionalismo, este gobierno le ponía al próximo la continuidad de la impunidad en bandeja de plata.

Y sí, pues, no se esperaba ningún cambio de timón en un último año en decadencia, pero lo más deprimente es que este discurso fue un intento desesperado de exponer que las cosas no se han hecho tan mal, pero solo demostró que en cuatro años nuestras autoridades no aprendieron nada. Eso sí, para cerrar con broche de oro y como celebrando tanto silencio, los ministros y las ministras se tomaron luego unos selfies bien bonitos.