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Una publicación de la asociación SER

Quellaveco: una cuestión de confianza

La última reunión del Comité de Monitoreo, Seguimiento y Verificación de los acuerdos con Anglo American Quellaveco dejó más desconfianza que dudas. La información presentada por la empresa minera fue poco creíble para los integrantes del comité. Si realmente Anglo American quiere recuperar la confianza en la población, no le queda más que transparentar la información de los más de 4,500 trabajadores moqueguanos que señalan haber contratado.

Los acuerdos relacionados con el empleo local señalan que la empresa minera deberá contratar hasta un 80% de la mano de obra no calificada, mientras que, en el caso de la mano de obra calificada, el compromiso solo alcanza a una evaluación de la oferta disponible en todo el departamento de Moquegua.

Quellaveco ha mostrado cifras importantes de empleo de mano de obra calificada (91% del total de mano de obra contratada) y no calificada local (35%), que de ser cierta, se debería sentir en la economía local.  Si ello no está sucediendo es porque, o bien habría un maquillaje en las cifras, o bien el ingreso promedio es tan bajo que no llega siquiera a dinamizar la economía moqueguana. Alguna explicación habrá que solo podrá dilucidarse si la empresa muestra las fuentes de verificación que den fe de lo expuesto en la reunión del comité.

Para entenderlo mejor podríamos decir que el empleo local dinamiza la economía interna porque los trabajadores ligados a la mina gastan en Moquegua, favoreciendo a los negocios y empresas locales, mientras que los externos gastan su dinero en el lugar de donde provienen. Ahora bien, el impacto económico será mayor si los ingresos son significativos y menor o nulo si los ingresos son bajos. Así de simple es la economía, por eso es tan importante que la empresa minera Quellaveco contrate mano de obra de Moquegua.

La misma lógica también funciona para las compras locales, solo que para este caso hay que tener cuidado con las empresas que se han instalado hace algunos años en Moquegua, cuyos propietarios no necesariamente son moqueguanos. En este caso nadie garantiza que las utilidades o la distribución de los dividendos sean invertidas en la localidad.

Aquí no se trata de chauvinismo, sino de respetar los acuerdos productos de una larga negociación. Tampoco se trata de hacer sentir incomodos a los accionistas de Quellaveco, de lo que realmente se trata es que el comité haga su trabajo, que no es otro que el de hacer seguimiento y verificar que los acuerdos con la empresa minera se cumplan.    

El asunto de fondo se reduce a una cuestión de confianza con la actividad minera, cuyo comportamiento en los últimos sesenta años no ha sido de lo mejor. Ojalá se entienda que existe un solo propósito: que ambas partes se beneficien del cobre enterrado desde hace siglos.