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Una publicación de la asociación SER

¿Quién se está beneficiando con la migración venezolana?

Foto: Andina

Carlos Flores Lizana. Antropólogo

El presente artículo busca ayudar a entender mejor lo que está sucediendo en el Perú con la llegada de la migración venezolana. Mis fuentes son las innumerables conversaciones con estos latinoamericanos a quienes les ha tocado vivir un tiempo difícil, como a muchos de nosotros que por distintos motivos nos hemos tenido que ir de nuestros respectivos países. Pensemos solamente en los chilenos después de la caída de Salvador Allende en 1973. O los peruanos a partir de 1985 con la guerra interna iniciada por Sendero Luminoso y el primer gobierno de Alan García, de indeseable memoria.

Como digo, les ha tocado ahora a los venezolanos y se calcula que ya llegan a los ochocientos mil. Lo que se nota en ellos es que han dejado -no sin dolor- su tierra, su familia, sus bienes, en pocas palabras todo, por cuidar la vida propia y la de sus familiares. Oírlos cuesta bastante ya que son historias desesperadas y dolorosas, ya que dejan hijos pequeños, padres ancianos a veces enfermos o viudos. Un sinfín de calamidades provocadas por un régimen político empeñado en llevar adelante un modelo antiimperialista, pero que está llevando a situaciones económicas en las que un buen número de ciudadanos migran forzados porque no tienen que comer, con que curarse, trabajar, etc. Se calcula que cinco millones de venezolanos han dejado su país y se refugian primero en su vecino Colombia, después Perú, Ecuador, Brasil, Chile, y otros, y los que pueden se van hasta los EE.UU.

Cuando empezaron a llegar, hace ya tres años, yo les preguntaba qué era lo más problemático para ellos, las respuestas eran sobre todo el tema del trabajo, como conseguirlo para sobrevivir. Pero además de ello estaba el tema de los documentos para poder vivir legalmente y así conseguir empleo. Después aparecía el tema de la soledad y la sensación de desamparo. Para algunos esta sensación era muy fuerte ya que se sentían perseguidos por su gobierno que los miraba como traidores y por otro lado, se sentían rechazados por algunos peruanos quienes los maltrataban de muchas formas.

El tema del idioma no les parecía un problema, al igual que la comida, en este terreno han sabido traer y hasta “contagiar” algunos gustos entre los jóvenes curiosos por probar nuevos sabores. Finalmente el otro tema es la vivienda y la educación de los niños y adolescentes en edad escolar. Respecto a esto es impresionante saber que alrededor de cien mil alumnos han entrado al servicio escolar solo en Lima. Otros temas como la salud se va desarrollando, pero de manera irresponsable de parte de nuestras autoridades, porque la presión sobre este servicio es descomunal, y siendo malo nuestro servicio público de salud, 800 mil nuevos pobladores son una enorme carga para médicos, enfermeras y administrativos. Los venezolanos vienen y se embarazan, se enferman, se mueren, en fin. Se dice que los casos de violencia entre ellos han aumentado, al igual que la TBC y la enfermedades de transmisión sexual.

Pero mi pregunta es ¿por qué el gobierno peruano, a mi parecer de manera irresponsable, ha dejado entrar tanto migrante? Para muchos venezolanos el Perú ha hecho una de las cosas más grandes de humanidad abriéndoles sus puertas. Pero más allá de esta posición de hondo valor humano y de derecho internacional, me pregunto ¿quién se está beneficiando de la llegada de nuestros hermanos venezolanos?  Y en pocas palabras, creo que los grandes empresarios y banqueros del Perú, así como las transnacionales son los grandes beneficiados. Ellos se aprovechan de quienes han venido -sobre todo jóvenes dispuestos a trabajar en lo que sea-  a vivir aunque tengan que hacerlo durmiendo en el suelo o sobre cartones, a comer para sobrevivir y mandar algo a sus familiares. Los venezolanos se emplean recibiendo menos del salario mínimo, trabajan vendiendo ropa o lo que sea que producen los empresarios en sus fábricas, trabajan de mozos o azafatas en los restaurantes y toda clase de lugares donde se vende ropa o se consume alimentos, bebidas, espectáculos, etc, y hasta han caído en las redes de trata y prostitución. Es mano de obra explotada y explotable, a la que se le explota como se hace con el migrante de la sierra o la amazonía que llegan a la gran Lima a trabajar y salir adelante. Cuanto más circulan y se consumen los bienes, más ganancias para los dueños de las empresas de todo tipo. Por eso digo que los grandes capitalistas empresarios y banqueros, son los que se benefician con la llegada de ellos, que terminan siendo sangre fresca para los vampiros de toda la vida. En un país como el Perú donde el Ministerio de Trabajo está pintado para defender los derechos de los peruanos, ¿hará algo eficiente para extranjeros que llegan en las peores condiciones? Nada, así de simple.

La Iglesia y  algunas ONG de derechos humanos parecen no tener muy claro esta realidad que está detrás de una situación que tiene evidente razones políticas y sociales. ¿Que se podrá hacer por ellos? Y ellos mismos ¿qué podrán hacer para que no terminen en un desastre mayor?. Las organizaciones gremiales nacionales y las grandes centrales sindicales tienen la palabra, más allá de organizar marchas o conseguirles algunos trabajos o regalarles ropa o comida. Los peruanos hemos sido muy generosos en recibir y ayudar a los migrantes venezolanos pero no debemos ser ciegos y saber que el modelo económico sigue siendo el mismo y que así como se nos explota a nosotros, se explota a los migrantes. “Las víboras cambian de piel pero no de naturaleza”, dice el refrán sabio de nuestros abuelos, y eso no hay que olvidarlo nunca.