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Una publicación de la asociación SER
Doctor en Ciencia Social por El Colegio de México. Profesor y Coordinador de la Maestría de Sociologìa Unidad de Posgrado de Ciencias Sociales

Recordando a Henry Pease

Hace unas semanas murió Henry Pease; el 9 de agosto, para ser más preciso. He preferido dejar pasar un tiempo para recordarlo, y no sé si pueda agregar algo a lo que ya se ha dicho sobre él. Pero escribo estas líneas para dejar testimonio de la amistad que mantuvimos y de la opinión que siempre tuve de Henry.

Lo conocí en los tiempos de la Comisión Organizadora del Primer Congreso de Izquierda Unida. Él era el presidente de la CONAC, y yo actué como una especie de secretario ejecutivo de dicha comisión. Como tal, siempre gocé de su confianza personal. Ahí pude corroborar lo que había escuchado de Henry: su laboriosidad, su orden, disciplina y capacidad organizativa.

Henry era un académico al que ya había leído, especialmente sus libros El ocaso del poder oligárquico y Los caminos del poder. Y obviamente, conocía de su impresionante trabajo como teniente alcalde de Lima, durante la gestión de Alfonso Barrantes.

Me llamó la atención que Henry pudiera conjugar estas tres áreas: la académica, la política y la de la gestión. Es poco frecuente en el Perú. Usualmente, el académico se desliga de las tareas burocráticas (él ya dirigía Desco); el político se encuentra alejado de las tareas de investigación, y el gestor exitoso se mantiene al margen de esos dos ámbitos. Esa facilidad para unir estas tres áreases lo que más me sorprendió de Henry.

Como presidente de CONAC cumplió un papel descollante. Fue capaz de superar los enfrentamientos de los partidos de IU para llevar a cabo un congreso que en el proceso carnetizó a más de 100 mil militantes. Impulsó la organización de los comités distritales y provinciales, y a pesar de la amplitud y complejidad de todo ese trabajo, conocía casi al detalle la situación política de cada lugar.

Un hecho doloroso para Henry fue que en medio de la vorágine de la organización del congreso de IU, murió intempestivamente su querida esposa, Mery. Soportó con admirable presencia de ánimo ese momento tan triste. Desde entonces, debía educar él solo a sus dos hijas. Pero reservando su dolor para el fuero interno, muy pronto prosiguió con su labor como presidente de CONAC.

No pedía más de lo que daba; el problema para quienes trabajamos con él es que daba mucho, y uno debía mantener su ritmo de trabajo, a veces 12 horas diarias. Al mismo tiempo que se encargaba de organizar el congreso de IU, con toda la carga política que ello suponía, Henry dirigía Desco y escribía artículos, ofrecía entrevistas y realizaba sus investigaciones académicas.

Ya sabemos cómo concluyó dicho congreso, con la ruptura traumática de IU. Henry continuó en su papel como político. Fue candidato a la presidencia del país, fue elegido congresista, ejerció la presidencia del Parlamento incluso y, al mismo tiempo, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad Católica, siguió publicando libros y dirigiendo otras ONG fundadas por él.

Dejé de verlo un buen tiempo, hasta que en 2009, Alberto Adrianzén me pidió que realizara un conjunto de entrevistas a líderes de IU, con el fin de publicarlos en un amplio volumen que editó con el nombre de Apogeo y crisis de la izquierda peruana. Fue muy grato reencontrarme con Henry. Conversamos largo antes de realizar la entrevista, siempre con amabilidad y mientras simultáneamente atendía otros asuntos, desde los domésticos hasta los públicos, vía llamadas telefónicas. Era un remolino apasionado con todo lo que emprendía.

La entrevista fue publicada en el libro mencionado, y el propio Henry la colocó en su página personal. Su balance era certero. Habló de su proceso personal, desde su filiación breve en la Democracia Cristiana hasta su papel en IU, de las pugnas políticas que asolaron al frente, de la falta de certeza en el análisis coyuntural de sus dirigentes, de la poca sensibilidad de estos para cumplir con su papel, de cara a los miles de militantes y simpatizantes que componían IU, del papel de las elecciones en la configuración de la fuerza política, deSendero Luminoso y la IU, etcétera.

Nos despedimos con un abrazo y no nos volvimos a encontrar, pero siempre lo seguía mediante las entrevistas que concedía por los diferentes medios de comunicación.

Se fue Henry. Y lo extrañamos. En términos personales, obviamente, pero también como figura pública. Dignificó a la política. No tenía lugar en lo que esta se ha transformado hoy en día, pero era fundamental para la formación de aquellos jóvenes que querían incursionar en dicha actividad. Ejerció la docencia académica y política, con la firmeza del líder, pero también con la sensibilidad del maestro.

Adiós, Henry. Ahora sí, descansa en paz…pero quién sabe.