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Una publicación de la asociación SER
Antropóloga, docente de la UNMSM

Si yo fuera ministra de Cultura

En esta columna he hablado del desarrollo y su relación con los derechos indígenas y la pluriculturalidad del país. Hablaré hipotéticamente de la agenda de un ministerio que requiere de atención. A propósito de la situación del cuidado del patrimonio y la invisibilidad del sector Cultura en la planificación del desarrollo del gobierno de Vizcarra, preguntémonos por qué hasta el momento no se ha reemplazado aún a la ministra saliente, y por qué se deja que funcione en piloto automático, o no reciba el presupuesto que requiere. Vimos al presidente Vizcarra reuniéndose con los empresarios en el CADE, ¿para cuándo con organizaciones, pueblos indígenas y campesinos, artistas ancestrales, productores, cineastas, difusores y gestores culturales?

Alan García creó el Ministerio de Cultura en el año 2010 sobre la base del Instituto Nacional de Cultura. El ex presidente habló del perro del hortelano para referirse a los pueblos indígenas y los llamó ciudadanos de segunda categoría, promovió una única visión de desarrollo que subordina y civiliza al otro en un país con diferentes cosmovisiones. Me pregunto si se resolvieron estos conflictos en el sector y quién es especialista en cultura, si antropólogo/a, arqueólogo/a, sociólogo/a, abogado/a, politólogo/a o una mezcla de estas profesiones o si se necesita convocar a especialistas de todo el país en estas áreas. Planteo dos temas prioritarios como ejes: garantizar los derechos étnico culturales en el marco de los derechos humanos, económicos, sociales y ambientales; e impulsar la gestión cultural y la visibilización de la memoria cultural del país.

Sobre el tema de los derechos humanos, étnicos y culturales. Si yo fuera ministra de Cultura haría un balance de la aplicación del derecho a la Consulta Previa en los casos de afectación de derechos colectivos en proyectos y medidas administrativas. Hubo 13 consultas en el caso de exploración y explotación petrolífera y carborífera, 12 en minería, una en energía[1]. Consultaron de manera general aspectos puntuales de la suscripción de contratos de la explotación y exploración, pero no procedimientos como el Estudio de Impacto Ambiental (EIA), u otros, que afectan derechos básicos. La Consulta Previa en algunos casos no se aplicó porque las comunidades afectadas no se encontraban en la Base de datos de los pueblos indígenas. Ampliar este instrumento sería un contrapeso para facilitar un mejor ejercicio de derechos y representación.

En los casos de contaminación por derrames, por plomo y otros metales en la sangre, así como conflictos por medidas no planificadas, como el cambio del EIA, del mineroducto al uso de carreteras y vías comunales, en el caso Las Bambas, se hubiera podido evitar los conflictos aplicando la Consulta Previa. Así como el Ministerio de Cultura recibe el pedido de asesoría de las comunidades para obtener beneficios directos, debería garantizar el pleno ejercicio de sus derechos. Fortalecer a las organizaciones indígenas y campesinas como compromiso en la defensa de diferentes visiones de desarrollo garantizaría la pluriculturalidad étnica y cultural, lingüística e identitaria, de la nación.

Otro tema de derechos para la mejora de la convivencia es que la cultura sea la base de la identificación de opciones de desarrollo. Declarar zonas intangibles y garantizar la protección de los Pueblos Indígenas en Aislamiento y poco Contacto Inicial PIACI en lugar de declarar sus territorios de interés público, ayudaría a visibilizar sus derechos. El debate y consulta nacional a las instituciones y organizaciones indígenas, además de establecer alianzas promoveria una  coexistencia pacífica y su rol en la protección del bosque. Ello fortalecería las redes sociales frente a las amenazas de traficantes, mineros informales, invasores, o la violencia y el arrinconamiento que sufren, porque su contacto como forma de civilización o de integración si no están claros sus objetivos y destino, produciría un etnocidio y con ello la desaparición del bosque. 

La gestión cultural del patrimonio material e inmaterial requiere de atención urgente, de gran inversión y no cuenta con presupuesto. ¿Es posible gestionar sin arriesgar el patrimonio creando circuitos locales de visibilización de la memoria cultural (centros ceremoniales, complejos arqueológicos, rutas históricas, museos de sitio, temáticos, etc)?. Es necesaria su protección desde las direcciones desconcentradas, convocando la gestión cultural pública y privada o de patronatos culturales -con objetivos específicos- como se hace en otros países, como Chile o Brasil hasta hace poco, y continuar con los concursos públicos para el fomento de iniciativas. Urge visibiliza y proteger el patrimonio material abandonando para la construcción de la memoria cultural del país. En lo que respecta al patrimonio inmaterial y la transmisión de conocimiento tradicional, contribuiría la difusión de las declaratorias de Patrimonio Cultural Inmaterial de manera coordinada con diferentes sectores, como el Ministerio de Educación y su dirección de Educación Bilingüe e Intercultural.

En cuanto al fomento de las artes hubo avances en las gestiones de las unidades como el Sistema Nacional de Museos, el Gran Teatro Nacional, La Biblioteca Nacional o el LUM. Pero es necesario solucionar el problema del tráfico, pérdida y deterioro de documentos y/o de patrimonio y tomar medidas urgentes. En lo que se refiere al LUM continuaría con su gestión defendiendo su importancia temática y respaldando la labor que realiza. Así como se están promoviendo fondos concursables a nivel de cine, artes, y literatura, se necesitaría crear circuitos públicos de exposición y proyección locales.

Sobre la gestión cultural e industrias culturales. Priorizar el encuentro entre tradiciones y expresiones culturales locales ayudaría con la difusión de otras artes como las plásticas, la música y los audiovisuales, que promuevan el diálogo y la innovación, mostrando las posibilidades, retos, transformaciones, innovaciones, reinvenciones, fusiones y reapropiaciones culturales. Es decir, no sólo proteger las expresiones tradicionales, sino también fomentar la industria y la producción necesaria para su masificación. Visibilizar los procesos de apropiación, de reconocimiento de la base de las tradiciones y orígenes culturales, propiciaría encuentros entre los diversos actores y protagonistas y su articulación con la agenda del Bicentenario para plantear un debate profundo sobre ¿quiénes somos?, ¿hacia dónde vamos?, y ¿cómo fomentar la investigación, la reflexión y la educación para escuchar a las diferentes voces en el país?

Estas son algunas de las tareas para empezar si yo fuera ministra de Cultura, ahora queda pendiente en el gobierno buscar e identificar a alguien que esté a la altura de sus desafíos, retos y compromisos. 

 

[1]                    En lo que refiere al Ministerio de Energía y Minas. Además 1 por el sector Salud, 2 por el Ministerio de Cultura, 8 por el Ministerio de Ambiente, y 1 en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones. En total 38. Véase: Leyva, Ana Consúltame de verdad. Aproximación a un balance sobre Consulta Previa en el Perú en los sectores minero e hidrocarburífero. Cooperacción; OXFAM, Junio 2018. p. 11-12.