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Una publicación de la asociación SER

Solidaridad Nacional: ensayo bolsonarista

Foto: Andina

Víctor Liza

Al amparo de la supuesta buena gestión que hizo como presidente del desaparecido Instituto Peruano de Seguridad Social, hoy EsSalud, Luis Castañeda Lossio fundó Solidaridad Nacional a fines de la década de 1990. Su primera incursión fue en las elecciones generales de 2000 como candidato presidencial. Apenas superó el 1%, acaso por la campaña de demolición que le hizo la prensa chicha. Se subió al coche del antifujimorismo con su aparición en el balconazo de Alejandro Toledo en el Hotel Sheraton luego del escandaloso fraude de dichos comicios, junto a Alberto Andrade y compañía.

Tras ese episodio, Castañeda apostó por la alcaldía de Lima. Alió a su agrupación con el Partido Popular Cristiano (PPC), y conformó Unidad Nacional, coalición de derechas que tuvo vida propia en la primera década de este siglo. Bajo ese amparo, Castañeda fue alcalde por dos períodos, en los que sumó popularidad gracias a los hospitales de la Solidaridad (propaganda subliminal para su partido) y las escaleras en los populosos cerros limeños, tan necesarias para sus habitantes. En el Congreso, Solidaridad aportó con personajes como Fabiola Morales, cercana al Opus Dei.

Castañeda intentó ser presidente nuevamente en 2011. Con su sol brillante parecía encaminarse al objetivo: a finales de 2010 peleaba con Toledo el primer lugar en las encuestas. Pero como su virtud era el silencio y la acción y no la palabrería, empezó a descender en la intención de voto. Su famosa frase “una loca afirmación” en referencia a la postura de Carlos Bruce a favor del matrimonio igualitario, ya dejaba ver un fustán conservador. Castañeda quedó en quinto lugar con nueve por ciento, un porcentaje no desdeñable, si tomamos en cuenta el apoyo del exalcalde a Keiko Fujimori, con lo que olvidó el balconazo del 2000.

Tras esa derrota, Solidaridad Nacional impulsó la revocatoria contra Susana Villarán. Eso quedó claro tras sendos audios difundidos pocos días antes de la decisiva votación. En esa campaña contó con el apoyo del pastor José Linares y otros líderes religiosos vinculados a sectores ultraconservadores que se oponen a los derechos de las mujeres y de la población LGTB. Ese mismo bolsón lo abrazó en su vuelta a la alcaldía de Lima en 2014, en la que se impuso con la mitad de los votos limeños.

Es importante hacer este recorrido histórico para que observemos cómo Solidaridad Nacional ha pasado de ser un partido de derecha clásica a uno ultraconservador. De la alianza con el PPC al neofascismo de estos tiempos. Y en esta campaña electoral parlamentaria vemos que sale del clóset político y se revela como un partido cercano a las tendencias de personajes como Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Un primer ejemplo es el de Rosa Bartra, ayer entusiasta keikista y defensora de Alan García, hoy candidata al Congreso con la camiseta amarilla. Hace pocos días insistió en que en las escuelas públicas enseñan a las niñas que “empoderarse es masturbarse”. La declaración causó revuelo en las redes sociales y en los programas políticos de TV. Otra forma de hacerse notar es la de Mario Bryce, también reclutado por las filas solidarias. Este periodista se hizo conocido por hacer comentarios sexistas de manera reiterada a una colega. Fiel a los exabruptos, le obsequió un jabón a su competidor por Juntos por el Perú, Julio Arbizu, en clara muestra de un acto de discriminación.

La cereza de la torta la puso Rafael López Aliaga, secretario de la agrupación que lidera Castañeda Lossio y también candidato al Congreso. Ha anunciado su intención de postular a la presidencia de la República en las elecciones del próximo año, y que busca ser “el Bolsonaro peruano”. Ya no hay eufemismos: son declaraciones explícitas. No sabemos si de guerra.

No sabemos si esta manera de hacer campaña, novedosa en el Perú pero ya realizada en Brasil y Estados Unidos con resultados positivos, tendrá efecto inmediato en estos pagos. Posiblemente Solidaridad Nacional no pase la valla del 5%. Quizá la buena publicidad que le hace el progresismo indignado en las redes le dé una mano sin proponérselo. Pero sí es cierto que es un ensayo con miras a las elecciones del 2021.

Hace un año nos preguntamos si era posible un Bolsonaro en el Perú. Por ahora parece no ser así: personajes como Salvador del Solar y Julio Guzmán, de tendencia liberal progresista, son los que lideran las encuestas. Pero de aquí a doce meses todo puede cambiar. Si se repite este tipo de campaña electoral, en la que se juega al ritmo de los ultraconservadores, que usan mentiras y ofensas, con las que demuestran no tener ideas para resolver los problemas urgentes del país, como la precariedad laboral, el abuso corporativo, la reconstrucción del norte, los feminicidios, entre otras calamidades, todo puede pasar. Estamos avisados.