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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Tetas como delito

El cuerpo como única arma y único escudo de batalla. La gran mayoría de mujeres tenemos tetas, son parte de nuestro cuerpo, pero cuando las asumimos como tal, como nuestras, para algunos son blasfemas. Les incomodan a los policías cuando están en marchas de protesta y pareciera también que le disgustan al señor policía que ejerce de Ministro del Interior. Pero no se contrarían en lo más mínimo cuando salen en las revistas dizque políticas como Caretas, o en todo tipo de productos para consumo de los machos. Ahí sí, no dicen nada. Solo se incomodan cuando las mujeres, ilusas, osamos apropiárnoslas como parte de nuestro cuerpo. Ah, me olvidaba también se incomodan cuando damos de amamantar en público, allí nos crean cuartitos separados del mundo.

Y estos machos no solo se quedan callados, sino que salen también a atacar a las mujeres que valientemente exponen sus cuerpos, que cometen el terrible crimen de mostrar las tetas. Como ocurrió este 24 de noviembre en la marcha por el día de la NO violencia contra la mujer.

Estuve ahí con mi hija de ocho años y algunas de sus amigas del colegio, todas embelesadas con una marcha hermosa, con la potencia de las batucadas, con las mujeres diversas, cada una reclamando por las tantas violencias que recibimos a diario. Mujeres trans exigiendo igualdad, identidad y respeto; universitarias denunciando valientemente, con nombre y apellido, a sus acosadores o violadores; madres, hermanas y amigas de mujeres asesinadas o desaparecidas por feminicidio -se me quebró la voz cuando le expliqué a mi hija por quienes reclamaban-; las 2074 y muchas más, mujeres sobrevivientes de las esterilizaciones forzadas del gobierno de Fujimori; y mujeres valientes, como Maricarmen Gutiérrez, mostrando sus senos, sus tetas, caminando erguidas y orgullosas, con el torso desnudo porque le perdieron el miedo al opresor, a este sistema patriarcal, demostrando que las tetas no son producto de consumo para los machos, son nuestro cuerpo, son nuestra arma y escudo de batalla.

Y estas niñas con un ímpetu tremendo, preguntando con los ojos inmensos, llevando felices la bandera multicolor del orgullo y gritando las arengas.  Ninguna se incomodó o se sorprendió por ver a una mujer mostrando las tetas. Pero de pronto empezó a haber más y más policías, y también la represión. Los policías generaron un tumulto peligroso, dispersaron la marcha y fueron en tropel a detener a Maricarmen. El peligro fue creado por la misma policía. El miedo en mi hija y sus amigas fue atroz. Cuando les increpamos a los policías por lo absurdo de su intención, uno me respondió: es que hay niños señora. La respuesta fascista en su máximo esplendor, como si las tetas fueran inmorales, como si atentaran contra el pudor. Pues claro, las ven como algo malo cuando no son producto para su consumo.

Así que, hermanas, toca seguir en la lucha, cada una a su manera, algunas mostrando las tetas, otras arengando, gritando, bailando, cuestionando, cada una desde su esquinita en el mundo, en la familia, en el trabajo, en el barrio, porque falta mucho aún por cambiar en nuestro país.

Porque el ataque realizado en la marcha no fue solo producto de una orden boba y falta de neuronas, sino que encierra muchas más cosas por las que tiene que responder el Ministro del Interior. Detrás de esta orden de detener a una mujer por mostrar su cuerpo, hay toda una ideología que nos quiere ver solo como producto de consumo o metidas en el ámbito privado, sin reclamar ni protestar. Ese es el modelo de pensar de los #ConMisHijosNoTeMetas. Quisieran encerrarnos y acabar con todo lo que tiene que ver con lo que exigimos como derecho: la igualdad de género. Pero ese encierro voluntario se lo dejamos a personajes como García y Fujimori, ambos responsables de muchas mujeres muertas y violentadas, ambos encerrándose en sus cárceles doradas de manera pérfida para evadir a la justicia. Nosotras no. A nosotras nos toca ser libres, porque se lo debemos a las nuevas generaciones y, lo más importante, nos lo debemos a nosotras mismas.