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Una publicación de la asociación SER

¿Tienen futuro los jóvenes del campo?

Los periodos de campañas políticas -y este el caso de Chile en estos días- son prolíficos en propuestas. Pero estas se juegan su vigencia más allá del ritual eleccionario en las fortalezas de quienes las sostienen, lo cual pasa sobre la oportunidad y relevancia de lo planteado no solo para el grupo directamente beneficiado sino para el desarrollo del país. Es el caso que me toca directamente, por cuanto en mi ejercicio profesional varios años estuve abocado a generar y evaluar propuestas orientadas a que los jóvenes del campo permanecieran en sus localidades, asumiendo posiciones de liderazgos productivos y socioculturales. En este tema, como en otros, vemos que han pasado muchas políticas e instrumentos de parte del Estado y aún no existe una política social para ellos, en gobiernos que han propiciado una cartera  de programas sociales.

Si bien nos tocó impulsar experiencias que tuvieron un impacto significativo para quienes participaron y para sus comunidades, estas no se acomodaban a las rigideces de las estructuras públicas centralizadas y sectoriales y no concitaron mayor interés de los decisores por tratarse de un grupo disperso y sin capacidad de articular sus demandas. Siendo un grupo etario que presenta mejores niveles educativos y en mucho casos formación técnica agropecuaria, se ha adolecido de una política social que incentive a que los jóvenes rurales puedan ser emprendedores productivos y socioculturales.

La explicación de la invisibilización de este grupo se vincula a que, hasta edades muy tardías, quienes toman las decisiones sobre el predio agrícola y sus recursos son los dueños y estos mayoritariamente no los comparten en vida con sus hijos e hijas. Pero tampoco ayuda ‘bajar’ a terreno, de parte de los agentes púbicos y en las mesas y reuniones participativas, no hacer un esfuerzo por recoger sus intereses y propuestas.

La modernización que están viviendo los territorios rurales requiere de una urgente renovación de la educación técnico-profesional a la que acceden los jóvenes para que tengan mayores posibilidades de realizar emprendimientos en sus localidades y acceso a programas de transferencia tecnológica y de crédito que se focalicen en este grupo etario. Un desafío más para pasar por encima de la estrechez del centralismo que impide aprovechar  las  potencialidades de su población.