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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

Transparencia: 25 años

Esta semana se cumplen 25 años de la fundación de la Asociación Civil Transparencia. Esta institución fue fundada el 18 de julio de 1994 por voluntad de un grupo de ciudadanos preocupados por la consolidación de un régimen autoritario, corruptor de instituciones y profundamente irrespetuoso de la voluntad popular.

Transparencia surgió como una voz independiente de la sociedad civil que, en sus primeros años, enfocó sus esfuerzos a procurar la limpieza de los procesos electorales. No fue tarea fácil en tiempos en los que la autocracia fujimorista había infiltrado las entidades encargadas de las elecciones, despojándolas de toda independencia (para quienes no vivieron esa época, pueden encontrar una situación similar en la actual dictadura venezolana).

Las posiciones que adoptó, desde una posición neutral e independiente, le permitió ganar una amplia legitimidad social. Se convirtió así en una voz autorizada en el escenario político, posición que ha mantenido en todos estos años de vida institucional. Esa legitimidad no se debe solo a quienes conforman la asociación, sino también a los miles de voluntarios y voluntarias que, con gran convicción democrática, se apuntaron año tras año a tareas de observación electoral, educación ciudadana y diversas formas de activismo social. Transparencia ha sido también una escuela para el ejercicio ciudadano.

Esta valoración no la hago únicamente por trabajar actualmente en Transparencia. Mi vínculo con la entidad se remonta a los noventa, pues fui observador voluntario en las elecciones de 1998, 2000 y 2006. Recuerdo el año 1998 cuando acudí al local de Transparencia a informar que un grupo de jóvenes de Breña – donde trabajaba y participaba en una comunidad cristiana – habíamos decidido apuntarnos como voluntarios. Salí de ese primer encuentro con un encargo inesperado: organizar la observación en todo el distrito.

Dos años después fui coordinador distrital en mi natal Barranco. Después de la primera vuelta electoral, los observadores de este pequeño distrito limeño enviamos una carta a los directivos de Transparencia, planteándoles que la asociación no debía continuar observando un proceso electoral claramente viciado por la manipulación del gobierno. Mucho después me enteré que no fue la única carta que recibieron, y que esos pedidos sirvieron para animar la decisión de no realizar dicha tarea en la segunda vuelta de esas elecciones viciadas.

Recuperada la democracia, y con ella la legitimidad de los organismos electorales, aparecieron nuevos desafíos en el escenario. La observación electoral continúa siendo parte de la acción institucional, pero aparecieron otras formas de contribuir con la calidad de la vida democrática. Eso explica las múltiples formas de intervenir en la formación ciudadana, la promoción del diálogo político más plural posible, la observación de otras instituciones y procesos democráticos, y la formulación de propuestas de reforma institucional. Todo ello revela la diversidad de sus actuales aportes.

Aunque en el último cuarto de siglo la presencia y las acciones de Transparencia han significado cosas muy positivas para muchas personas interesadas por el país, su voz ha sido también incómoda para el poder, pese a su permanente vocación de diálogo. Lo fue durante la autocracia fujimorista y lo sigue siendo ahora en tiempos de redes sociales plagadas de trolls descontrolados, pero también de políticos que no entienden el papel que la sociedad civil juega en una democracia.

Ninguna de estas posiciones, por cierto, mella la importancia de un aniversario que recuerda que para construir una democracia fuerte es indispensable una sociedad dinámica, autónoma, dialogante con el poder, pero también capaz de plantearle desafíos. Que Transparencia siga en esa senda por muchos años más.

 

Twitter: @RivasJairo