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Una publicación de la asociación SER

Un Congreso impresentable

La reciente decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de disponer el archivo del proceso de acusación constitucional seguido en el Congreso de la República contra cuatro magistrados del Tribunal Constitucional ha sido rechazada por la mayoría de integrantes del Poder Legislativo, habiéndose tomado la decisión de continuar el proceso mientras se tramita un pedido de aclaración ante la instancia supranacional. De esta forma, el Parlamento continúa por la misma senda autoritaria y antidemocrática que ha seguido desde que se encuentra dirigido por el sector afín a Keiko Fujimori.

Si bien durante los últimos gobiernos, el Congreso ha sido una de las instancias más cuestionadas por la ciudadanía que lo considera como el centro de la componenda política interesada, desde que el fujimorismo ha copado este poder del estado su naturaleza de cuerpo político representativo del país se ha desnaturalizado hasta convertirse en una suerte de apéndice de los caprichos e intereses de Fuerza Popular, un grupo político dirigido por una serie de personajes cuya principal característica es actuar de forma prepotente y arbitraria, y cuyo único mérito es someterse a los desatinos y afanes de una candidata que ha sido derrotada de forma consecutiva en las últimas dos elecciones presidenciales.

Esta situación ha provocado la postergación de decisiones legislativas que son necesarias para dar solución a una serie de temas trascendentales para el país como la violencia contra la mujer, las agresiones sexuales contra menores de edad, la lucha contra la corrupción, la reforma política, la continuidad de la reforma universitaria, el cambio climático o la política de promoción de la alimentación saludable. En lugar de ello, el Congreso es más bien el espacio en el que naufragan todas las propuestas y medidas que no se sujetan a las estrechas miras del fujimorismo y sus aliados conservadores y empresariales mercantilistas.

En Noticias SER consideramos que el Congreso de la República seguirá perdiendo la escasa legitimidad que tiene mientras sus miembros se dediquen -casi en exclusiva- a buscar primeras planas, con denuncias que nunca terminan de aclararse o presentando inviables proyectos de ley solo para la platea.  Y peor aún, negándose a aceptar las decisiones de instancias como el Tribunal Constitucional y la Corte de San José.  En otras palabras, un Congreso impune y al margen de la ley.