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Una publicación de la asociación SER

Un Congreso impresentable

Foto: Gestión

La reciente denuncia por tráfico de influencias contra el congresista Roberto Vieira por el cobro de 20 mil dólares a su primo hermano, a fin de gestionar la anulación de una Resolución emitida por el Ministerio de la Producción, da cuenta una vez más del nivel delictivo con el que actúan algunos parlamentarios, quienes han convertido el Congreso de la República en un espacio de impunidad y privilegio.

Ello se suma al escándalo del cobro indebido del bono de representación en el que han incurrido parlamentarios de las diferentes bancadas demostrando que cuando se trata de obtener beneficios personales, no hay diferencia política que valga. Por el contrario, todo indica que se ha convertido en una práctica generalizada que los congresistas recurran al uso de fondos públicos para agenciarse de la mayor cantidad de recursos económicos durante su estadía en el Poder Legislativo, sin importarles incumplir la ley o ajustando las normas y presupuestos a su antojo y conveniencia.

Si bien a estas alturas este tipo de hechos ya no deberían sorprendernos, sí es necesario llamar la atención sobre la urgencia de evitar que las arbitrariedades sigan formando parte del día a día parlamentario, especialmente porque corresponde a esta instancia discutir y aprobar temas fundamentales para el futuro del país, entre los que se encuentran la reforma política, los derechos laborales o el marco legal para erradicar la violencia contra la mujer.

Por ello, la única ruta posible que tenemos para reencausar la dignidad parlamentaria, pasa por retirar del Congreso de la República a todos aquellos personajes como el ya mencionado Roberto Vieira y otros como Héctor Becerril, Edwin Donayre o Yonhy Lescano, que deben ser investigados sin las prerrogativas que les otorga el cargo o cumplir las sentencias que les han sido impuestas.

En Noticias SER exigimos a los y las congresistas que aún ostentan una trayectoria democrática y honesta, agotar todos los medios disponibles para rescatar al Parlamento de aquellos que lo han convertido en un mercado de intereses personales y, al mismo tiempo, desprenderse de todos los privilegios económicos que perciben de forma injustificada. De no hacerlo cualquier otra iniciativa que planteen será letra muerta.