Skip to main content
Una publicación de la asociación SER
Abogada y especialista en gestión pública

Una cuestión de (confianza) e hipocresía

La cuestión de confianza, animó a muchos, no sólo por ser un medio de presión al Congreso para aprobar las reformas políticas propuestas y sometidas a consulta popular, sino porque existía la posibilidad de cerrarle el paso a la mafia congresal y decirles no van más.

Pero ¿realmente un cierre del Parlamento nos aseguraba que las nuevas elecciones mejoren la calidad de congresistas y que se resuelvan los problemas que afectan a la ciudadanía? Definitivamente no, al menos no con el cierre, se necesita mucho más.

Durante el debate parlamentario, varios de los congresistas señalaban que el Ejecutivo no respetaba la división de poderes.  Varios tildaron al Presidente de dictador, como irrespetuoso del Estado de Derecho, ¿Quiénes? Los fujimoristas, aquellos del autogolpe de Estado en 1992, ellos, que elaboraron la Constitución a medida de los intereses de unos pocos.

Esta tragicomedia política, por lo menos puso un tema claro para la población, la naturaleza de la cuestión de confianza, como estrategia política y control de poderes de acuerdo a la Constitución. Ya el Tribunal Constitucional, ha expresado claramente que resultaría inconstitucional no proceder la interposición de una cuestión de confianza “por contrariar el principio de balance entre poderes, pues restringe indebidamente la facultad de los ministros de poder plantear al congreso cuestiones de confianza en los asuntos que la gestión del ejecutivo demande, desnaturalizando así la finalidad constitucional de la referida institución y alterando la separación de poderes”[1],  aun así, durante el debate aparecieron interpretaciones auténticas de congresistas.

Finalmente, con hipocresía, pese a todo lo dicho, se otorgó la cuestión de confianza.

Ahora, reitero el cuestionamiento hecho por la congresista Glave ¿Merece confianza este congreso? NO, no lo merece, pero fue el congreso que elegimos, y a partir del cual tendremos que repensar, para futuras elecciones en lo que no queremos para nuestro país.

Necesitamos la reforma política de manera urgente, una reforma pensada para fortalecernos como ciudadanos, como partidos. Se acaba de desvanecer nuestra emoción de un posible cierre del Congreso, que por un momento legitimó al Presidente y al Consejo de Ministros, pero que no se apague la ilusión de lograr una reforma política, en la que se allane la cancha para los partidos, exista paridad, y un verdadero compromiso para mejorar nuestro Perú.

 

-------------

[1]                    Sentencia del expediente 0006-2018-PI/,