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Una publicación de la asociación SER

Una ilusión, acaso excesiva

“Vizcarra se dio cuenta de que en lugar de un especialista, necesitaban una persona honrada”. La cita corresponde a Dos señores educados, una crónica publicada por la revista Etiqueta Negra en 2015 sobre Jaime Saavedra y Martín Vizcarra, que, en medio de la vorágine de análisis, gritos, hashtags y memes, resulta una dosis de relevancia.

El extracto se refiere a la demora de dos años en la construcción de un puente en Collota, Arequipa, que estaba programado para ser acabado en cuatro meses y que Martín Vizcarra tuvo que supervisar cuando era recién un joven ingeniero. Pero a la inversa, quizá, también pueda ser la conclusión ante la brevedad de un año y siete meses que ha durado el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y que estaba pensado para cinco años. “En lugar de un especialista, necesitaban una persona honrada”.

El artículo que perfila a Saavedra en medio de sus funciones como ministro y a Vizcarra como gobernador de Moquegua, es, felizmente, la antítesis de los videos y audios que terminaron por forzar a PPK a su renuncia.

Mientras el gerente de políticas de la Sucamec le prometía al congresista Moisés Mamani “cinco palitos sin mover un dedo”, el artículo cuenta, por ejemplo, cómo Vizcarra tuvo que movilizar 10 mil personas en las calles de Moquegua para forzar a la minera Southern a que contribuya con la educación de la región tras cincuenta años causando daños ambientales con sus relaves. La empresa, después de negarse rotundamente, cedió y ofreció un proyecto educativo de dos millones de dólares, pero Vizcarra no paró hasta que financiaran el proyecto que su gestión estaba elaborando y que valía 36 millones de dólares.

Vizcarra, es conocido, invirtió el 30% de su presupuesto en educación y logró en tres años que siete de cada diez niños entendiera lo que leía, y que cinco de cada diez resolviera problemas básicos de matemática. En el resto del país las estadísticas eran cuatro de diez en lectura, y tres de diez en matemática. ¿Será él, entonces, quien solucione la educación en el país?

Conocer la historia de Vizcarra en paralelo a la de Saavedra es crucial para entender el potencial real de cambio que tienen distintos cargos políticos. Cargos que, aunque la mayoría crea lo contrario y lo exija, no tienen el poder simple de una decisión. Las imágenes de Saavedra dándose cuenta que es necesario incluso cambiar normas legales para que los colegios inviertan más en sus áreas verdes, o aceptando que los estudiantes del colegio que acaba de visitar en Trujillo no podrán tener mejores aulas en los próximos años simplemente porque el presupuesto no alcanza, son tan frustrantes como reales. Igual de contundente es la imagen de Vizcarra y su esposa, directora de un colegio, tratando de determinar en qué invertir los seis mil dólares que entrega anualmente el ministerio a los centros educativos para la mejora de infraestructura. Esa anécdota -leela usted- es un ejemplo de las prioridades que guarda Vizcarra.

Al final de la lectura queda la pregunta de si acaso todo lo sucedido en los últimos días haya sido un vómito necesario para que un señor educado llegue a la presidencia. Solo la pregunta, claro, abre la posibilidad de un arrepentimiento más en el futuro. Pero, como dijo Valentín Paniagua en el tan parecido escenario del año 2000: “Una ilusión, acaso excesiva, sacude a todos los peruanos”. Subraye “acaso excesiva”.