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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

Una modesta propuesta en el Primero de Mayo

Foto: Diario Gestión

Carlos Tovar, el genial caricaturista conocido como “Carlín”, que hace carcajear a los trabajadores del Perú a costa de la burguesía y sus políticos, es también el secretario general en la sombra del partido marxista-lennonista[1]. Es un socialista renovado que no ha perdido el norte, ni menos, el humor. De ahí que, hace años hizo un planteamiento serio para los trabajadores, que sigue provocando risa en sus explotadores. Muy dialéctico, como se puede apreciar.

Como buen socialista, piensa que la explotación de los trabajadores del mundo y de las clases subalternas que los acompañan, debe cesar. Para ello propone echar mano de la revolución tecnológica y de las comunicaciones que puede disminuir la plusvalía absoluta, es decir, aquellas horas de trabajo que no pagan los capitalistas. Su planteamiento es que la jornada laboral se reduzca a cuatro horas diarias por el mismo precio y eso está fundamentado en el libro que escribió hace más de cuatro años “El socialismo en cuatro horas”.[2] Casi, casi, la propuesta de los anarquistas de los tiempos de Marx: “trabajar menos y ganar más”

Como los perspicaces pueden notar, una jornada de cuatro horas, crearía más puestos de empleo para los millones de desempleados (mal llamados informales) y  para los “ninis”[3], los que tendrían el salario que hoy no tienen, eso mantendría la producción al tope porque la productividad per cápita aumenta y, además, los mercados se expandirían. Trabajadores y empresarios saldrían ganando. Simple análisis matemático en lo que es experto “Carlín”, puesto que es arquitecto de profesión, pero con una moral de productor a prueba de balas. Los economistas neoliberales lo ningunean y rehúyen con el pretexto de que no debaten con humoristas.

Pero si esa es una medida del programa máximo de los trabajadores (que, curiosamente no enarbolan nuestras izquierdas contantes y sonantes), yo propongo modestamente una medida para nuestro programa mínimo.

Antes de que los robots se expandan de Japón al mundo y quiten el trabajo a los proletarios, hoy en el Perú tenemos un problema de sobreexplotación que alarga la jornada a diez, doce y catorce horas diarias. Y eso no es solo para los trabajadores callejeros sin patrón, ni salario, ni seguro. Todos hemos retornado al Siglo XIX, el de la salvaje revolución capitalista. Pero, además, de la jornada laboral extralarga, tenemos un problema de stress matutino que causa enormes pérdidas económicas a trabajadores, empresarios, Estado y sociedad en general.

En una ciudad tan grande como Lima-Callao con diez millones de habitantes, cada mañana, desde las cinco hasta la nueve, convergen en sus estrechas calles y avenidas, un millón de autos, doscientas cincuenta mil combis y cincuenta mil buses presionados por sus ansiosos conductores y pasajeros por alcanzar la meta de llegar a tiempo a su lugar de trabajo o a la oficina para hacer un trámite, la escuela, el hospital o los primeros lugares en un fila que se prevé será larga. A esa situación la describen los periodistas como “el caos vehicular”, “la jungla urbana”, “la guerra matutina” y se quedan cortos. Porque no sólo hay heridos y contusos sino también muertos en choques y atropellos que podrían ser evitados. ¿Usted se imagina cuántos minutos y horas pierden los pasajeros de combis o colectivos o autos particulares que se detienen porque rozaron, rasparon, chocaron o le dieron un topetón al carro de adelante? ¿Usted se imagina cuántas horas/hombre de trabajo se pierden por esas tardanzas acumuladas, en el día, en la semana, en el mes? ¿Usted se imagina cuál es el gasto del Ministerio de Salud, Essalud y las clínicas privadas en curaciones de urgencias y emergencias? ¿Y los millones que se gastan en el SOAT que podrían invertirse, por ejemplo, en capacitar a los policías para que hagan respetar y no reemplacen a los semáforos?

¿Usted se imagina, en fin, las consecuencias que el mal rato, el amargón, los gritos, las peleas con desconocidos, generan en la productividad de ese trabajador o trabajadora en esa mañana aciaga? ¿Cuántas veces usted no ha querido tener su propio Día de Furia, aquella película en la que Michael Douglas descarga su ira contra toda la mugre que habita en la ciudad, en una mañana de mierda?

La modesta propuesta que hago urbi et orbi en la gloriosa fecha del Día de los Trabajadores, es clara y sencilla, racional, viable y económica. Tanto que no merece mayor fundamentación. ¿De qué se trata? De que el Ministerio de Trabajo decrete que empleadores públicos y privados empezarán a contar la jornada laboral de sus trabajadores desde el momento en que lleguen a su local. No más hora fija de ingreso, no más multas y descuentos, no más acumulación de tardanzas, resultado previsible a corto plazo: menos stress matutino y menos pérdidas psicológicas y económicas. Soy consciente, sin embargo, que no será comprendida de inmediato y recibirá los abucheos correspondientes, inclusive, de aquellos que hablan de la disciplina del proletariado y sacan pecho. Pero no dejaré de pasarle la propuesta a mi secretario general, “Carlín”, y avisarle que, esta noche, voy a dormir a pierna suelta, sin poner el despertador.

 

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[1] Fundado por Groucho Marx y John Lennon, cuyo vocero fue la revista Monos y Monadas, de grata recordación.

[2] Antes había publicado en 2002 Habla el Viejo [Marx] y en el 2006, Manifiesto del Siglo XXI.

[3] Jóvenes que ni estudian ni trabajan.